Cada día leemos noticias catastróficas, casi apocalípticas, sobre el estado de la lengua catalana. Son necesarias, y tanto, para tomar conciencia de su estado y pasar a la acción, pero también pueden ser un arma de doble filo. Al fin y al cabo, corremos el riesgo de caer en la apatía, de creer que no hay nada que hacer. Y no es verdad. Lejos de todo el fatalismo —justificado, claro está—, hay experiencias que nos muestran que no todo está perdido y que, a la espera de la acción de la clase política, podemos ayudar a revertir la situación con una actitud tan simple como mantener la lengua allá donde vamos. "Se puede hacer", asegura a ElNacional.cat Jordi de Bofarull, que con su pareja, Àgata Prats, acaban de completar un reto de lo más inspirador: han recorrido los Països Catalans a pie y han mantenido siempre el catalán. Ah, y lo han hecho sin problemas: "No nos hemos encontrado nunca ninguna mala reacción ni ningún ataque verbal".
Ambos son miembros de la plataforma Valls per la Llengua, de la capital del Alt Camp, y han tardado once años en completar la hazaña. Comenzaron el año 2015, sin ningún objetivo concreto, recorriendo la costa del Principat por laGR92 y los caminos de ronda —del Cap de Creus hasta las Terres de l'Ebre—. Después, pensaron que estaría bien hacerlo también de este a oeste: primero, un trozo del GR11, por los Pirineos, del Cap de Creus hasta La Jonquera, y la zona de Núria y Planoles; más tarde, por el GR1 (Prepirineo), de Banyoles a Ripoll, y por Berga y Sant Llorenç de Morunys; finalmente, de Roda de Berà a Mequinensa. Y ya no pudieron parar. "Fue aquí donde vimos que podíamos continuar el reto por el resto de los Països Catalans", apunta Jordi. De Salses a Guardamar, y de Fraga a Maó.
Once años, 1.500 kilómetros
Calculan que han caminado unos 1.500 kilómetros, el equivalente a unos 75 días que se han convertido en once años porque trabajan. Han aprovechado vacaciones de verano, los festivos de Pascua y otros puentes para hacer trayectos de unos 4 o 5 días. El hombre dice que no han planificado mucho: se han limitado a usar el transporte público hasta la población de salida, caminar unos 20 o 25 km hasta que se han cansado y después buscar un hostal donde recuperar fuerzas. Al día siguiente, al salir el sol, retomaban el camino, a veces con familiares y amigos.
Una vez completado el Principado, continuaron hacia el sur, por toda la costa valenciana. Los últimos años han combinado el País Valencià con las islas Balears, y también han visitado L'Alguer y la Catalunya Nord. El año pasado, por un lado, llegaron a Guardamar (Baix Segura); por otro, hicieron el tramo Mequinensa-Fraga. Ya solo les faltaba Menorca, que finalmente han visitado esta Semana Santa con los hijos y las parejas. El colofón a un viaje de once años hablando únicamente catalán. "Nos hemos perdido unas cuantas veces, pero no hemos perdido nunca el norte de mantenernos en catalán", dice Jordi.
Reto conseguido: de Fraga a Mahón y de Salses a Guardamar caminando! (e iniciando y manteniendo todas las conversaciones en catalán con normalidad). pic.twitter.com/UNCl14o5oG
— Jordi de Bofarull (@jdbofarull) April 5, 2026
En otras palabras, para ellos "el auténtico reto y esfuerzo" ha sido más bien la ruta, y no iniciar y mantener todas las conversaciones en su lengua. "Muchos catalanes del Principado tienen miedo de hablar en catalán cuando van al País Valencià, a la Franja de Ponent o a la Catalunya Nord. Pero los problemas los tenemos nosotros —los principatinos—. Es un prejuicio. Es igual de fácil (o difícil) mantener el catalán en Catalunya que en otros lugares del dominio lingüístico", comenta. Con todo, cree que quizás han tenido "suerte" de no toparse nunca con ninguna reacción ni ataque verbal, a pesar de que asegura que han hablado con "muchísima gente".
Jordi reconoce que en todos los Països Catalans hay gente con dificultades para entenderte en catalán, pero eso no tiene que ser ningún obstáculo: "Con asertividad, simpatía y algunos recursos comunicativos sales de todas las situaciones". "Por ejemplo, en algunas conversaciones hemos tenido que traducir palabras clave, o hablar más despacio, reforzarlo con gestos. Pero han sido excepcionales. También hay que tener en cuenta que nos hemos movido mucho en bares, restaurantes, hostales y hoteles donde muchos trabajadores son extranjeros. Es lo que ya hacemos en nuestro día a día aquí en Catalunya", relata.
La lengua, hecho de uso cotidiano
En resumen, consideran que este reto ha sido "una manera de demostrar que se puede hacer, y no solo en el entorno más cercano o en zonas de confort, sino en cualquier territorio de los Països Catalans". "Incluso, en zonas donde sociolingüísticamente el catalán puede estar muy en minoría, como una parte de la costa catalana o valenciana, o la Catalunya Nord", añade el hombre, antes de concluir: "Hemos querido demostrar que se puede hablar siempre en catalán, y en todo el dominio lingüístico. [...] Reivindicamos la lengua como hecho de uso cotidiano, y el país como experiencia vivida. Porque la lengua se defiende hablándola, no solo proclamándola".
Jordi y Àgata se lo han pasado muy bien en este viaje. Han disfrutado de hablar con la gente, de conocer el país desde otra perspectiva que la habitual y de encontrarse por fiestas mayores de pueblos pequeños. Y esperan seguir haciéndolo. Ahora, la aventura continúa con el programa Convit, un programa de Valls per la Llengua que consiste en organizar formaciones de asertividad lingüística seguidas de retos de 21 días manteniendo el catalán. Y eso no es todo: durante los próximos años quieren continuar el viaje a las comarcas interiores del Principat, el País Valencià y Mallorca, los últimos rincones de los Països Catalans que les quedan por visitar. Unos rincones que ya consideran su casa: "En estos años hemos experimentado en propia piel, por todos los caminos del dominio lingüístico, la frase que se atribuye a Josep Pla: 'Mi país es allí donde, cuando digo bon dia, me responden bon dia'".