¿Quién está detrás de Save Europe Act, la campaña de la 'remigración' que desembarca en Barcelona?

Este sábado, Save Europe Act quiere hacerse visible en las calles de Barcelona, aunque no son bienvenidos. La capital catalana se convertirá en la primera parada española de la gira europea de Save Europe Act, una campaña transnacional de la derecha identitaria que ha hecho de la "remigración" el centro de su programa político. La convocatoria es a las 19:00 horas en la plaza de Sant Jaume, donde los organizadores prevén desplegar una gran pancarta con su llamado escudo de la remigración. En Catalunya, la acción cuenta con la colaboración de Reconquista España y del activista Toni Estévez. Pero Save Europe Act no es propiamente un partido político ni una organización tradicional con una estructura nacional. Es sobre todo una campaña política europea, creada alrededor de una propuesta que sus impulsores intentaron registrar como Iniciativa Ciudadana Europea y que pretende unir diferentes corrientes de la extrema derecha continental alrededor de una misma idea: revertir los flujos migratorios y garantizar lo que llaman la "continuidad etnocultural" de los pueblos europeos.

La campaña, nacida hace solo unos meses e impulsada por figuras del supremacismo blanco europeo, ha convocado una concentración en la capital catalana antes de hacer lo mismo en Madrid. El objetivo declarado es presionar a las instituciones europeas para que endurezcan radicalmente la política migratoria y adopten el concepto que sus promotores llaman "remigración". Es una campaña transnacional, construida alrededor de una propuesta que pretendía convertirse en una Iniciativa Ciudadana Europea y que aspira a unir diferentes familias de la derecha radical continental alrededor del convencimiento de que Europa está sufriendo un proceso de sustitución demográfica y habría que actuar para garantizar la "continuidad étnica y cultural" de sus "pueblos nativos". El movimiento asegura haber recogido ya cerca de 700.000 firmas, unas 45.000 en España, aunque estas adhesiones se recogen a través de su propia plataforma y no tienen la condición de firmas de una iniciativa ciudadana oficial de la UE.

Ceuta, escaparate del relato identitario

La crisis migratoria de Ceuta ha aparecido en el momento perfecto para los promotores de Save Europe Act. La iniciativa ha ido ganando eco gracias a lo que está pasando en la ciudad autónoma, que sus promotores han utilizado como una prueba de lo que describen como una amenaza contra la identidad europea. La campaña está utilizando las imágenes de las llegadas masivas para argumentar que Europa sufre una "invasión migratoria" y que la crisis confirmaría la necesidad de aplicar políticas de remigración. El mismo movimiento ha incorporado Ceuta al relato del supuesto "reemplazo étnico". Esto explica en parte por qué España se ha convertido ahora en una de las paradas de la campaña internacional.

¿Quién está detrás?

Los dos nombres que aparecen oficialmente ante las instituciones europeas son Martin Sellner y Eva Vlaardingerbroek, designados por la misma Comisión Europea como las personas de contacto del grupo promotor. Sellner, austriaco nacido en 1989, es una de las figuras más influyentes del movimiento identitario europeo y ha sido durante años uno de los principales dirigentes del Movimiento Identitario de Austria. Ha convertido la "remigración" en uno de los conceptos centrales de la nueva derecha radical europea: un estudio publicado este mismo año en el European Journal of Political Research lo sitúa como una figura clave en la difusión del etnonacionalismo y de una concepción según la cual las identidades étnicas y culturales deberían mantenerse separadas para preservarse. Sellner es, pues, uno de los principales teóricos de la "remigración". Ha estado vinculado durante años a Generación Identitaria y ha impulsado el llamado Instituto para la Remigración, desde donde defiende que las deportaciones no deberían limitarse necesariamente a los inmigrantes en situación irregular.

Su propuesta incluye diferentes categorías: expulsar a personas sin permiso de residencia, facilitar el retorno de inmigrantes legales que considere "no integrados" y, en las formulaciones más radicales del concepto, actuar también sobre ciudadanos de origen extranjero que no encajen en la idea de asimilación defendida por los identitarios. Sellner ha sostenido que la diversidad étnica no constituye un beneficio para las sociedades europeas y ha defendido la necesidad de superar lo que llama la "culpa blanca" para proteger las "naciones blancas". Su nombre también apareció en la investigación posterior a la matanza de Christchurch, en Nueva Zelanda, donde el supremacista blanco Brenton Tarrant asesinó a 51 personas en dos mezquitas en marzo de 2019. Tarrant había hecho una donación a Sellner antes de los atentados. El activista austriaco fue investigado por esta relación, pero negó haber conocido personalmente al autor de la masacre. El Reino Unido ya le había prohibido la entrada al país.

La segunda cara principal de la campaña es la neerlandesa Eva Vlaardingerbroek, formada en derecho y filosofía jurídica, exmilitante del partido ultraderechista Foro por la Democracia y convertida en una influyente activista en las redes y en congresos de la derecha radical internacional. Es comentarista política y Save Europe Act la presenta como cofundadora y embajadora del movimiento. Entre sus argumentos más repetidos está la advertencia de que los europeos "étnicamente blancos" podrían acabar convertidos en minoría en sus propios países. Vlaardingerbroek ha defendido abiertamente una concepción racial de la identidad europea. Este mismo año, durante la CPAC celebrada en Hungría, afirmó que Europa es "históricamente un continente blanco" y reivindicó el derecho de los europeos blancos a seguir siendo "la mayoría étnica" en sus países. También ha descrito la inmigración masiva en términos casi existenciales. En una manifestación organizada en Londres por el agitador ultraderechista Tommy Robinson, acusó a las élites europeas de exigir el "sacrificio" de sus hijos en nombre de la inmigración. Las autoridades británicas le retiraron posteriormente la autorización para entrar en el país.

La imagen tampoco es inocente. Algunos de los rostros más visibles del movimiento proyectan una estética de juventud blanca y nor-europea que remite inevitablemente al ideal físico que durante el siglo XX alimentó el imaginario racial de la extrema derecha y una puesta en escena muy calculada alrededor de la juventud, la fuerza y la "pureza" europea. Pero el paralelismo más importante no es ningún color de pelo: es el discurso. Cuando hablan de Europa como un "continente blanco", de "continuidad étnica", de "pueblos nativos" o del riesgo de convertirse en minoría en la "propia tierra", recuperan una concepción de la nación basada no solo en la ciudadanía o la cultura, sino también en el origen étnico.  

¿Qué quiere decir exactamente "remigración"?

Es probablemente la palabra más importante de todo el movimiento. En el lenguaje político convencional, retornar personas que no tienen derecho legal a quedarse en un país forma parte de las políticas migratorias habituales. Pero la "remigración" defendida por Sellner, Vlaardingerbroek y otros dirigentes identitarios va mucho más allá. Save Europe Act propone, entre otras medidas, suspender temporalmente determinados canales de inmigración "no occidental", restringir la inmigración legal, limitar visados de estudios y reagrupamientos familiares, acelerar las expulsiones de inmigrantes irregulares y de personas condenadas por delitos e incentivar el retorno de residentes legales que consideren insuficientemente integrados o una "carga cultural o financiera". Por lo tanto, el criterio ya no es exclusivamente la situación administrativa del inmigrante. La integración, el origen y la compatibilidad cultural pasan a convertirse también en criterios de selección.

¿Por qué Bruselas les ha dicho que no?

Este es precisamente uno de los puntos que explican el rechazo frontal de Bruselas. Los promotores intentaron convertir Save Europe Act en una Iniciativa Ciudadana Europea, el mecanismo que permite a los ciudadanos pedir a la Comisión Europea que estudie la elaboración de una norma si consiguen al menos un millón de firmas y cumplen una serie de requisitos. La petición fue presentada formalmente el 8 de junio de 2026. La Comisión Europea, sin embargo, rechazó su registro el 22 de julio. Y no lo hizo por una simple cuestión procedimental. La decisión oficial concluye que la iniciativa es "manifiestamente contraria a los valores de la Unión" y a los derechos reconocidos en la Carta de los Derechos Fundamentales. Bruselas considera que una política que discrimine el acceso a Europa en función de la raza o el origen étnico vulnera los principios fundamentales de la UE. Por ello, Save Europe Act no es una Iniciativa Ciudadana Europea reconocida oficialmente, aunque sus promotores sigan recogiendo firmas por su cuenta.

Una red europea con apoyo de Vox

La iniciativa no se limita a Sellner y Vlaardingerbroek. Fue presentada políticamente durante la Cumbre de la Remigración celebrada el pasado mayo en Figueira da Foz, Portugal, un encuentro que reunió a activistas identitarios de diferentes países. Entre sus promotores se encontraban, además de Sellner, el italiano Andrea Ballarati, el belga Dries Van Langenhove y el portugués Afonso Gonçalves. Todos comparten, con matices diferentes, la idea de que Europa afronta una amenaza demográfica contra su población blanca.

La campaña ha conseguido también el apoyo de dirigentes políticos de primer nivel de la derecha radical europea, entre ellos Viktor Orbán, Éric Zemmour y Santiago Abascal. El presidente de Vox ha firmado públicamente la iniciativa y el partido ya había enviado a la diputada Rocío de Meer a la cumbre portuguesa sobre remigración. Save Europe Act identifica también a De Meer y al diputado Carlos Hernández Quero como apoyos públicos de la campaña.

El acercamiento es significativo porque Vox había tendido tradicionalmente a construir su discurso antiinmigración en torno a la seguridad, la religión, la cultura o los servicios públicos. La incorporación del término "remigración" y el contacto con estos movimientos sitúan al partido más cerca de una corriente europea que introduce explícitamente la cuestión étnica y racial.