El horario de verano entrará en efecto esta madrugada de domingo, cuando a las 02:00 horas los relojes de Catalunya y la Unión Europea se avancen a las 03:00 horas, un cambio largamente cuestionado tanto desde la política como por la sociedad y los expertos médicos, pero que la Comisión Europea acaba de renovar automáticamente hasta 2031. Ya el pasado mes de octubre, cuando se abandonó el horario de verano de 2025, el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, hizo un llamamiento para volver a plantear la reforma horaria a nivel europeo, ya que el cambio de hora “ya no supone un ahorro energético y trastoca los ritmos biológicos”. En el año 2018, el expresidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, propuso abolir el cambio de hora de la UE y mantener el horario de verano, pero solo el Parlamento Europeo se posicionó en el año 2019 ante el silencio de los Estados miembros. A pesar de la presión de Sánchez, que reclamó el debate el pasado otoño, los gobiernos europeos no lo volverán a poner sobre la mesa hasta que la Comisión no presente su “informe final” sobre la cuestión, lo cual se espera para finales de año. De esta manera, todo parece indicar que el cambio de hora durará, como es habitual, hasta el último domingo de octubre.
Renovación automática a pesar del debate abierto
El Diario Oficial de la Unión Europea publicó el pasado 18 de marzo una comunicación en la que se fijan las fechas del horario de verano para los próximos cinco años, siempre con el último domingo de marzo como referencia para el cambio horario. “El año 2026 era una buena fecha [para revisarlo], ya que terminaba el actual período de 5 años. Aun así, esta renovación automática no implica que, si hay una decisión europea para acabar con el cambio de hora, después se pueda revocar”, explica la subdirectora de la organización Time Use Initiative (TUI), Ariadna Güell, en declaraciones a EFE. Con el impulso inicial de la Comisión Juncker, el Parlamento Europeo votó en el año 2019 a favor de la abolición del cambio de hora estacional, pero “no hay consenso en el Consejo de la UE para eliminar el cambio horario a pesar de que la ciudadanía lo reclama y el consenso científico es claro: el coste es elevado para la salud, el descanso y el bienestar general”, afirma Güell.
El Consejo de Transportes y Energía de la UE ha abordado en diversas ocasiones la propuesta, pero no ha conseguido consensuar la posición de los estados para iniciar las negociaciones con el Parlamento Europeo. En Bruselas admiten que es una carpeta difícil de abordar por la complejidad del cambio. A finales de octubre, el comisario de Energía y Vivienda, Dan Jørgensen, aseguró que harían un nuevo informe sobre la reforma horaria. El comisario Jørgensen admitía que la propuesta “no está a la cabeza” de la agenda política de la UE, pero recordaba que “resuena con millones de ciudadanos europeos”. “Nuestro objetivo continúa siendo buscar el consenso entre los Estados miembros en este contexto”, dijo Jørgensen, subrayando que, mientras no se tome una decisión sobre el tema, el cambio de hora se mantendrá. Según fuentes diplomáticas, la Comisión Europea presentó el pasado lunes un documento con un “mapa” de opciones para implementar la reforma. Ahora bien, dicen que este documento “no es concluyente”, así que los estados no tienen previsto volver a tratar la reforma horaria “antes de que la Comisión Europea presente el estudio final”.
Sánchez insiste: “Ya no tiene sentido”
La última vez que se volvió a cambiar la hora, el pasado mes de octubre, Pedro Sánchez reclamó que se acabara con este sistema: “Ya no tiene sentido. Casi no ayuda a ahorrar energía y tiene un impacto negativo en la salud y la vida de la gente”, argumentó. Expertos médicos señalan las repercusiones físicas y mentales que puede tener esta pérdida de una hora para algunas personas. “Muchas personas piensan que una hora no supone un cambio relevante, pero el cerebro necesita reorganizar sus ritmos internos”, explica la psicóloga Lucía Miranda Cortés, de Blua. En este sentido, dice que “es habitual” que algunas personas noten “más somnolencia durante el día, dificultad para concentrarse o cierta irritabilidad”. Sin embargo, el impacto no es el mismo para toda la población, ya que se puede ver agravado en quien ya duerma pocas horas y los adolescentes.
“Cuando el descanso se altera durante varios días seguidos, es normal que aparezca la irritabilidad, menor tolerancia al estrés o dificultades para mantener la atención”, insiste Cortés, quien añade que, “en la mayoría de los casos, se trata de una situación temporal que mejora a medida que el organismo se adapta al nuevo horario”. No solo están a debate las consecuencias en la salud, también el supuesto ahorro energético de la medida. El cambio de horario se adoptó por primera vez durante la Primera Guerra Mundial, pero se generalizó durante la crisis energética derivada de la crisis del petróleo de principios de los años 70. España lo adoptó el año 1974 y en 2001 la UE armonizó el cambio estacional a escala europea. Sánchez citaba la falta de ahorro energético que describe un estudio de tres investigadores de la Universidad Carolina de Praga, que sostiene que los países más cercanos al ecuador son los que menos energía ahorran. De todas maneras, dicen que “los efectos del horario de verano sobre el consumo de energía son demasiado pequeños para justificar el cambio de hora bianual”, citando estudios recientes sobre la materia.
¿Qué notaremos nosotros?
Los ciudadanos percibirán desde este domingo que se hará de día y de noche una hora más tarde al haber adelantado los relojes una hora. Manteniendo los horarios habituales, esta noche se dormirá una hora menos. Aparte de esta consecuencia lógica, como se ha mencionado, la alteración del reloj biológico puede producir en algunas personas síntomas de fatiga, irritabilidad, cansancio o hambre o falta de hambre en horas fuera de lo habitual. Ante esto, la gran mayoría de los españoles, un 65,8 %, estaban a favor de la abolición del cambio horario la última vez que el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) preguntó al respecto. La gran mayoría, sin embargo, concretamente un 68 % de los encuestados, prefiere mantener el horario de invierno, cuando el día se alarga hasta más tarde en el horario. Importantes sectores económicos como la hostelería, el ocio o el turismo también favorecen este horario de verano que, a pesar de desfasar aún más la salida del sol en España respecto al resto de Europa, permite aprovechar los momentos de descanso al salir del trabajo al sol hasta más tarde. Mientras no se llegue al consenso, sobre todo a nivel político europeo, continuaremos adelantando y haciendo retroceder nuestros relojes una vez cada año.
