En todo el mundo se están realizado 1.982 estudios sobre la Covid-19, según un informe elaborado por el Grupo de Análisis Científico de Coronavirus del Instituto de Salud Carlos III (GACC-ISCIII) sobre la tipología de estudios clínicos.
Los ensayos clínicos cuentan con varias fases. Así, en las fases 1, 2 y 3 se prueba de forma progresiva la seguridad y eficacia en las personas, antes de que la técnica, producto o medicamento llegue al mercado y a los pacientes. En la fase 4 ya estudian los efectos a largo plazo una vez se ha aprobado y se está utilizando. En este sentido, según informan los investigadores del ISCIII, de los 1.131 ensayos clínicos identificados, 131 se encuentran en la actualidad en la fase 1, 441 en la fase 2, 279 en fase 3 y, finalmente, 65 en la fase 4.
En la actualidad, y debido a la emergencia sanitaria causada por el coronavirus, la mayoría de las agencias nacionales e internacionales han establecido protocolos que permitan acelerar la autorización de nuevos ensayos sobre Covid-19, con el objetivo de facilitar la obtención de tratamientos o vacunas.
Fomentar los ensayos clínicos
En España, la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), dependiente del Ministerio de Sanidad, también ha adoptado una serie de medidas para agilizar y fomentar los ensayos clínicos y observacionales sobre el coronavirus. También ha establecido medidas "excepcionales" destinadas a preservar las actividades de los ensayos clínicos garantizando la seguridad y bienestar del paciente y la trazabilidad de las acciones implementadas.
Por ello, avisan de que no realizar adecuadamente los estudios clínicos para acelerar la obtención de resultados, acelerar algunas de las fases o no realizar un seguimiento durante un tiempo adecuado puede conllevar una serie de riesgos y la obtención de conclusiones incorrectas. Por ejemplo, puede que al tratar de acelerar los procesos dada la urgencia de la situación, no se dé suficiente tiempo de seguimiento para detectar efectos adversos de los tratamientos o vacunas, lo que podría llevar a conclusiones erróneas sobre la seguridad de la intervención.