Pere Lluís Font, considerado uno de los grandes humanistas de la cultura catalana contemporánea, que el año pasado recibió el Premio de Honor de las Letras Catalanas, falleció este jueves en Sabadell a los 91 años. Filósofo, teólogo y traductor, Font se convirtió en el primer pensador de filosofía que recibía este galardón instituido en 1969, un reconocimiento “a su contribución excepcional en el campo de la filosofía en lengua catalana y a la importancia de sus traducciones de los grandes clásicos de la filosofía europea”. En una publicación en las redes sociales, Òmnium Cultural lo ha definido como un “filósofo y maestro de filósofos”, “uno de los grandes sabios humanistas de nuestro país, y una de las personas a quien le debemos que la filosofía europea hable en catalán”. Además del premio de honor de las Letras Catalanas, Font recibió en vida las más grandes distinciones del país, como la Cruz de Sant Jordi (2003), el Premio Nacional de Traducción (2022) y fue investido doctor honoris causa por la Universidad de Lleida (2005).

Nacido en Pujalt (Pallars Sobirà) en 1934, Font se licenció en filosofía en la Universidad de Toulouse y estudió teología en el Instituto Católico. Después de siete años en Francia, regresó a Catalunya en 1963 “con la mochila llena de ideas” y en 1968 fue uno de los profesores fundadores de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), donde enseñó historia de la filosofía moderna y filosofía de la religión durante 36 años, hasta su jubilación en 2004. Fue el primer director del Departamento de Filosofía, entre 1970 y 1975; secretario de la Facultad de Letras (1975-1980) y vicerrector de Estudios, entre 1986 y 1990, además de ser uno de los fundadores de la reconstituida Sociedad Catalana de Filosofía, en 1980, y es miembro desde 1982 del Colegio de Filosofía de Barcelona.

Su estancia en Francia lo marcó, especialmente cuando entró en contacto con la tríada de filósofos considerados los grandes clásicos de la modernidad, que forman Montaigne, Descartes y Pascal, aunque también le fascinó Kant o Hobbes. Font trasladó al catalán los textos de estos filósofos, y entre sus mejores traducciones destacan el Discurso del método de Descartes (1996), la Crítica de la razón práctica de Kant (2003) y los Pensamientos y opúsculos de Pascal (2021), por la cual recibió el Premio Nacional de Traducción en 2022. Paralelamente, codirigió desde 1981 la ambiciosa colección Textos filosóficos (primero en la Editorial Laia y después en Edicions 62), con un total de 97 títulos publicados, que ha contribuido decisivamente a la enseñanza filosófica en catalán de las nuevas generaciones. También fue autor de más de un centenar de libros sobre historia de la filosofía moderna (de Montaigne a Kant), pensamiento catalán, pensamiento cristiano y filosofía de la religión, una docena de los cuales firmados de forma individual, así como de una veintena de traducciones, y coordinó una docena de volúmenes colectivos.

Xavier Antich, presidente de Òmnium Cultural, también doctor en filosofía y leridano como Font, ha destacado de Font que “durante más de cuarenta años se dedicó con pasión a leer, estudiar, traducir y compartir lo que habían pensado otros. Fue un mediador prodigioso, que incorporó a la cultura catalana lo más relevante del pensamiento europeo de la Ilustración y la modernidad. Algunas de las iniciativas más relevantes y de mayor impacto para hacer que, después de la dictadura, la filosofía volviera a hablar en lengua catalana llevan su firma”. Antich nos recuerda la reflexión que nos dejó Lluís Font cuando recibió el premio de honor de las Letras Catalanas en el Palau de la Música el 2 de junio del año pasado: “No sé si hay individuos perfectamente bilingües; más bien pensaría que no, pero lo que me parece seguro es que no hay pueblos bilingües. Ya hace casi medio siglo que el famoso Manifiesto de Els Marges se preguntaba si una nación sin Estado es un pueblo sin lengua. Ahora bien, cuando desde el confort de un Estado actual se nos quiere disuadir de su interés, yo no puedo evitar pensar en el rico que le dice al pobre que el dinero no da la felicidad”.