El mallorquín Xisco Quesada ha fallecido a los 28 años tras meses luchando contra un cáncer de páncreas con metástasis en el hígado que él mismo hizo público en las redes sociales. Su historia se hizo viral a raíz de la manera directa y sin filtros con la que explicó el diagnóstico, los tratamientos y las recaídas, así como por la campaña solidaria que impulsó y que consiguió recaudar 900.000 euros para intentar financiar un tratamiento privado y, si no era posible, contribuir a la investigación de la enfermedad.
La familia, este miércoles, ha comunicado la trágica noticia a través de Instagram con un mensaje emotivo: "Con enorme tristeza queremos comunicar que Xisco ha muerto". En el mismo texto recuerdan que, desde el momento en que supo que padecía la enfermedad, "hizo compartir su día a día sin filtros, mostrando su lucha, sus miedos y también una fortaleza que nos dejó sin palabras". Quesada, padre de dos hijos, pasó sus últimos días ingresado en la Clínica Universidad de Navarra, en Pamplona, donde, según sus familiares, "se ha ido rodeado de amor".
Una lucha compartida en las redes
Diagnosticado en junio de 2025, Quesada convirtió su perfil de Instagram en un altavoz para dar visibilidad a un cáncer especialmente agresivo. El joven, que había sido futbolista amateur en el Playas de Calvià y en la Ferroliana, relató con detalle los tratamientos recibidos, las complicaciones y también los momentos de esperanza. En una de sus reflexiones más compartidas explicaba el dilema ante un nuevo tratamiento: "En un momento, me pregunté, ¿por qué estaré un par de días e irme cuando puedo jugármela a ponerme un tratamiento y no volver a ver a mis hijos. Y, si sale bien, podré disfrutar toda la vida. Podré volver con mis pequeños, estoy 100% seguro".
Desde el 1 de enero de este 2026 estaba ingresado siguiendo un nuevo tratamiento, con la esperanza de poder volver a casa. "En algún momento los medicamentos y drenajes harán efecto y podré volver a casa con mis pequeños, estoy seguro", aseguraba en uno de sus últimos vídeos, en el que insistía en que continuaría luchando mientras tuviera fuerzas.
900.000 euros para la investigación
Ante la falta de respuesta a los tratamientos convencionales, impulsó una campaña en GoFundMe para costear una opción privada. La respuesta fue masiva y en pocos días consiguió 900.000 euros gracias a las aportaciones de miles de personas que seguían su caso. Según dejó escrito antes de morir, su voluntad era que, si el tratamiento no funcionaba, el dinero se destinase principalmente a la investigación del cáncer de páncreas. La familia ha querido subrayar el impacto que tuvo su testimonio: "Convirtió el dolor en conciencia, su historia en inspiración y su voz en apoyo para muchas personas que atravesaban momentos difíciles". En el mismo comunicado también han pedido "respeto y afecto para nuestra familia en estos momentos tan difíciles" mientras afrontan el duelo por la pérdida.