El secretario de Estado de Transportes, José Antonio Santano, ha reconocido la gravedad y la urgencia de los problemas que afectan a las infraestructuras en Catalunya, con dos focos críticos: el cierre del túnel de Rubí y las secuelas del accidente de Gelida. Su intervención, en un marco de múltiples emergencias, ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad de unas redes que adolecen de antigüedad y de una inversión insuficiente durante décadas. La preocupación más inmediata es el cierre del túnel de Rubí, clausurado tras la detección de una grieta en su techo. Este paso, vital para el tráfico de mercancías que conecta con el Port de Barcelona, tiene bloqueada una arteria económica esencial. “El Port es muy importante para Catalunya y para España”, admite Santano, en una declaración a Televisión Española que subraya el impacto económico de la paralización.
El secretario de Estado ha revelado que tiene un equipo dedicado en exclusiva a buscar una solución de emergencia. A pesar de existir ya un proyecto adjudicado para una obra relevante en el túnel, la gravedad de la fisura no permite esperar a los plazos ordinarios. “No podemos esperar a tenerla acabada”, asegura, avanzando que se llevará a cabo una primera actuación urgente, diseñada para ser compatible con el paso limitado de mercancías. Respecto a la fecha de reapertura total, Santano no ha precisado plazos, pero ha exigido una respuesta en cuestión de días.
La frágil recuperación de Rodalies
Sobre el servicio de Rodalies, gravemente afectado por los cortes de las últimas semanas, Santano ha sido cautelosamente optimista. Asegura que el próximo lunes, día 27, se podrían tener “prácticamente todas las líneas plenamente operativas, con alguna excepción”. Esta mejora, sin embargo, se enmarca en un escenario de fragilidad sistémica. En este sentido, el representante del Ministerio ha hecho una revelación significativa: han propuesto a la Generalitat la creación de un grupo de trabajo permanente para abordar el impacto del cambio climático en la infraestructura ferroviaria catalana. Este equipo, que incluiría la Agencia Española de Seguridad Ferroviaria y otros organismos, reconoce que los acontecimientos meteorológicos extremos no son una amenaza futura, sino un factor que “ya tiene” efectos devastadores en una red antigua.
Santano admite sin rodeos que la infraestructura ferroviaria catalana “es muy antigua y ha tenido muy poca inversión”. Ante la pregunta directa sobre si la inversión en alta velocidad se ha hecho a costa de las redes de Rodalies, el secretario de Estado ha evitado una respuesta categórica, pero ha trazado una evolución: “Desde hace ya un tiempo es la hora de Rodalies”. Esta frase parecería reconocer un cambio de prioridades después de años en los que el esfuerzo económico y político se ha centrado mayoritariamente en las líneas de alta velocidad.
Las consecuencias del accidente en Gelida
El otro gran capítulo abierto es el del accidente mortal en Gelida, provocado por un desprendimiento desde la AP-7 sobre las vías. Santano ha actualizado el estado de las obras en el muro de contención de la autopista, señalando que la previsión inicial de dos semanas se podría ver afectada por el reciente temporal de lluvia, con posibles variaciones de “un día arriba o un día abajo”. Finalmente, el secretario de Estado se ha referido al cese del director de Explotación y Mantenimiento de Adif, Raúl Míguez, tras la tragedia. Su valoración ha sido clara: hay aspectos que “se podrían haber hecho mejor, sin ninguna duda”. Ha mencionado específicamente las tareas de mantenimiento preventivo del entorno ferroviario, como los cauces, las bandas de dominio o los sistemas de drenaje. Esta declaración apunta a fallos en la gestión del riesgo externo a las propias vías, un problema que ahora se ha revelado con consecuencias trágicas.
