Francesc Augé, de 56 años, ingresó el domingo en un hospital de la provincia de Barcelona. Según publica este martes SER Catalunya, el hombre ha intentado suicidarse después de 768 días con la eutanasia paralizada por la justicia, tal como él mismo ya había avanzado durante el último año en conversaciones y entrevistas. Hacía días que avisaba a su entorno que le costaba "demasiado contener la desesperación", y la madrugada del domingo envió un mensaje de despedida a un contacto. Esta persona lo intentó localizar al día siguiente por la mañana, sin éxito, pero sí que lo pudieron encontrar los Mossos d'Esquadra y los Bombers.
Lo encontraron con vida, pero desorientado. Había dejado visible una nota de suicidio en la que cargaba contra la justicia: "Su decisión me ha obligado". Es uno de los muchos escritos que guarda en casa, en el coche o que lleva consigo por si un día, como este domingo, lo abandona definitivamente la paciencia. En el hospital lo ingresaron por intoxicación y, en las últimas horas, lo han trasladado a otro centro de atención psiquiátrica.
La eutanasia, dos años paralizada
Los médicos y los expertos de la Comisión de Garantía y Evaluación de la Generalitat le autorizaron la eutanasia en agosto de 2024, pero la justicia la ha mantenido paralizada durante más de dos años a raíz del recurso presentado por su padre. La familia desistió en verano de su oposición, pero los tribunales continúan sin reactivar el proceso. A raíz de su caso, el Tribunal Supremo aprobó en mayo que personas con vinculación estrecha puedan recurrir contra la muerte digna de un solicitante, aunque propuso un cambio legal para agilizar este tipo de recursos para evitar que se eternicen —tal como ha pasado con Francesc Augé y como pasó con Noelia Castillo, que pudo morir después de 601 días de calvario judicial—.
El hombre arrastra secuelas graves a causa de los cuatro ictus y dos infartos que ha sufrido desde 2020, que le han deteriorado la capacidad de hablar, de mantener conversación o de moverse con normalidad. "No soy yo, solo una parte mínima de mí, y eso no es calidad de vida", expresó en mayo a SER Catalunya, justo cuando se conoció la decisión del Supremo. "Lo que quiero no es morir, sino dejar de sufrir", repetía habitualmente a las personas que se interesaban por su estado, añadiendo que ha aguantado hasta ahora solo por su deseo de "blindar la eutanasia" y que "nadie tenga que pasar por lo mismo". Estaba tranquilo porque tenía un "plan B" en una cómoda del comedor, donde guardaba un sobre con un cóctel de medicamentos y pastillas.
Un caso parado en los tribunales
La frustración de Francesc Augé se intensificó a finales de verano, cuando vio que no había movimientos judiciales a pesar de que tanto su padre como su tía habían renunciado a seguir oponiéndose a la eutanasia. En primavera, su padre, Jordi Augé, lo comunicó a su abogado, y lo explicó a la SER hace unas semanas: "Vi que era lo que Francesc quería, y le dije al abogado que lo parara todo". El anciano, de 96 años, teme quedarse solo. Es religioso, viudo y ya perdió a su primogénito en un accidente de coche. Le cuida su hermana Clotilde, de 83 años, que dijo a la radio que "para él, emocionalmente, es muy difícil asumir que sobrevivirá a sus dos hijos". La reconciliación entre padre e hijo en los últimos meses es, en gran parte, obra suya.
Clotilde se desplazó al juzgado en 2024 para firmar, en nombre de su hermano, la demanda en la que pedían parar la eutanasia de Francesc. "Después, hablando con él, sentí que había cometido una traición", confesó a SER Catalunya hace unas semanas, y añadía: "Veo sus dificultades cuando intenta hablar o caminar. Si él no quiere vivir de esta manera, tiene todo el derecho a pedir la eutanasia y, cuando amas a alguien, lo que quieres es lo mejor para él. Si él quiere la eutanasia, no somos nadie para decirle que no". A pesar de dar marcha atrás, la abogada de oficio de Francesc sigue "esperando" y "sin novedades" del proceso judicial. La causa debería volver al juzgado contencioso de Barcelona y empezar de cero, convocar a las partes y estudiar si Francesc puede recibir la eutanasia, tal como autorizó la Generalitat. Todo, después de más de dos años de recursos y un debate jurídico que no ha atendido la urgencia de quien desea dejar de sufrir.
