El triaje de El Trampolín: centenares de migrantes prefieren volver a Marruecos antes que ser identificados

El desalojo de la playa de El Trampolín, el gran asentamiento improvisado donde todavía malviven unos 3.000 migrantes que entraron en Ceuta a finales de julio, ha abierto este domingo una nueva fase de la crisis migratoria. La llamada operación Trampolín no consiste solo en vaciar progresivamente el arenal: el punto determinante llega después, en la frontera de El Tarajal. Los migrantes son trasladados en autobuses hasta el Centro de Atención Temporal de Extranjeros (CATE), donde se les identifica, se les informa de su situación y de las posibilidades que tienen de acceder a la protección internacional. Es aquí donde muchos se encuentran ante una elección decisiva: someterse al procedimiento y entrar en el sistema de acogida o regresar voluntariamente a Marruecos. Y muchos están escogiendo regresar. Las primeras informaciones de este domingo apuntan a que unas 700 personas han sido desalojadas en esta primera fase y que al menos 400 han cruzado voluntariamente la frontera hacia Marruecos. La policía todavía no ha facilitado un balance oficial definitivo, pero fuentes del dispositivo describen como considerable el número de personas que prefieren regresar antes que continuar con el proceso de identificación.

El punto de bifurcación en El Tarajal

El mecanismo convierte el CATE de El Tarajal en una especie de punto de bifurcación. Los migrantes que aceptan ser filiados pueden continuar dentro del circuito habilitado por el Estado y ser derivados posteriormente a los recursos de acogida disponibles. También pueden manifestar la voluntad de pedir protección internacional, aunque esto no significa que el asilo les sea concedido: cada solicitud deberá ser examinada y muchos de los casos pueden no cumplir los requisitos legales para obtenerlo.

Precisamente esta perspectiva estaría detrás de muchos de los retornos. Según las informaciones conocidas durante el operativo, a los migrantes se les explica que la identificación no comporta automáticamente obtener asilo ni quedarse en España. Ante la posibilidad de entrar en un procedimiento que puede acabar en una orden de devolución, una parte prefiere marcharse por su propio pie y evitar quedar registrada en este proceso. Ante la posibilidad de entrar en un procedimiento que puede acabar en una orden de devolución, una parte prefiere marcharse por su propio pie y evitar quedar registrada en este proceso. Muchos optan por el retorno para evitar quedar filiados y la apertura de un eventual expediente de deportación.

El precedente más inmediato ya había anticipado esta respuesta. En el desalojo de la playa de Benítez, efectuado hace solo unos días, más de 200 de los aproximadamente 450 migrantes trasladados decidieron volver voluntariamente a Marruecos. Fuentes oficiosas aseguraron posteriormente que la proporción había sido incluso superior y que la mayoría acabó decantándose por el retorno. De hecho, el fenómeno ya hace semanas que se produce en Ceuta. El ministro de Política Territorial y coordinador del mando único de la crisis, Ángel Víctor Torres, aseguraba el 21 de septiembre que entre 150 y 200 migrantes volvían voluntariamente a Marruecos cada día.

Más de 350 policías para desalojar El Trampolín

La operación de este domingo ha comenzado hacia las ocho de la mañana con un dispositivo de dimensiones excepcionales. Más de 350 agentes de la Policía Nacional, entre ocho grupos de la UIP y efectivos de la UPR, Extranjería, los grupos de atención ciudadana y la Unidad Aérea, han blindado el acceso a la playa. La policía también ha desplegado vehículos blindados y tácticos, mientras que la Guardia Civil ha situado tres lanchas y equipos de buceadores frente a la costa ante la posibilidad de que algunos migrantes intentaran huir nadando. La Policía Local ha cortado los accesos y la Comandancia General de Ceuta ha establecido una segunda línea de seguridad detrás del dispositivo policial. RTVE sitúa en más de 3.500 las personas que estaban viviendo en el asentamiento.

No se preveía, sin embargo, que la playa quedara completamente vacía este domingo. La operación se hace por fases y está condicionada, sobre todo, por la disponibilidad de plazas en los recursos de acogida. El Gobierno español todavía no ha concretado públicamente cuántas plazas libres tiene ni a qué campamentos serán enviadas todas las personas que acepten ser identificadas. En Loma Colmenar se han ampliado las carpas y quedarían algunos centenares de plazas disponibles. Paralelamente, el Ejecutivo trabaja en el dispositivo de Caballería, que en principio estaría destinado a mujeres, y ha anunciado otro futuro recurso en una explanada situada al lado del centro penitenciario de Fuerte Mendizábal.

Una playa que el gobierno español quiere vaciar definitivamente

La diferencia con operaciones anteriores es que ahora el objetivo es impedir que los migrantes vuelvan a instalarse en El Trampolín. En agosto, un primer desalojo acabó con centenares de personas regresando a la playa pocas horas después. Aquella operación había trasladado a más de un millar de migrantes, pero cerca de 500 volvieron posteriormente al asentamiento.

Ahora la situación es más urgente. Las autoridades ceutíes han advertido del deterioro de las condiciones sanitarias de la zona y de la contaminación del agua, mientras la llegada del otoño y de los temporales convierte las barracas levantadas a pie de mar en un riesgo añadido. En episodios fuertes de levante, el mar puede ocupar prácticamente toda la playa y llegar hasta la carretera.

Pero detrás del espectacular despliegue policial hay una realidad probablemente más determinante: El Trampolín se está vaciando también porque, cuando los autobuses llegan a El Tarajal, una parte de los migrantes concluye que el camino que esperaba continuar hacia la Península difícilmente será posible. Y ante la alternativa de identificarse, iniciar un procedimiento administrativo con un futuro incierto o volver, centenares están escogiendo cruzar de nuevo la frontera en dirección a Marruecos. La filiación es un paso clave porque supone que la Policía identifica formalmente al migrante y deja constancia de su situación administrativa. Esto no implica, sin embargo, obtener asilo ni poder quedarse en España. Si la persona no cumple los requisitos para acceder a la protección internacional o a otra vía de regularización, quedar registrada puede facilitar posteriormente la apertura de un expediente de devolución. Por eso, ante la perspectiva de ser identificados, pero acabar igualmente devueltos, muchos prefieren volver voluntariamente a Marruecos antes de entrar en este circuito administrativo.