Cuando las frutas y verduras no tienen colores vivos o no son perfectas, tenemos tendencia a ponerles la etiqueta de "feas". Precisamente contra eso lucha Espigadors, una iniciativa que recoge todos estos alimentos "imperfectos" y hace cremas, mermeladas, compotas y patés. De hecho, tal como explican, luchan por el aprovechamiento de los alimentos a la vez que empoderan a personas en riesgo de exclusión social de una manera transformadora, participativa, inclusiva y sostenible.
"Recuperamos la actividad del espigamiento, que consiste en la recogida, en convenio con campesinos locales y personas voluntarias, de frutas y verduras que son descartadas del circuito comercial por excedentes de producción, por un descenso de las ventas o por cuestiones estéticas", explica la responsable de Espigoladors, Mireia Barba. "La mayor parte de esta recogida, un 95%, se canaliza directamente a entidades sociales y puntos de distribución de alimentos que fomentan una alimentación saludable para personas en situación vulnerable. La parte restante, un 5%, la transformamos en conservas 100% naturales y artesanales que elaboramos en nuestro obrador y comercializamos bajo la marca Es im-perfect. Al mismo tiempo, este obrador, situado en el barrio de Sant Cosme de El Prat de Llobregat, genera oportunidades laborales que permiten la contratación de personas en situación de vulnerabilidad, principalmente de este barrio y municipio".
Espigoladors es un espacio de inserción y formación laboral donde trabajan personas de colectivos vulnerables. "Durante el periodo en que estas personas están contratadas adquieren competencias y herramientas necesarias para que esta experiencia laboral les sirva de trampolín para poder encontrar otras oportunidades laborales dentro del sector de la industria alimentaria", detalla Barba. "Nuestro objetivo principal, más allá de la propia inserción laboral, es el empoderamiento de las personas tanto a nivel profesional como personal. Trabajamos tanto competencias profesionales como competencias transversales en un entorno de trabajo donde la cohesión del equipo y las personas están el centro de nuestra organización".

"Lo primero que hago cuando llego es ir al punto para coger botellas, separadores, cartones, etc. De hecho, el día anterior ya miro qué faltará", declara Mari Cantarote Rodríguez, que trabaja en Espigoladors. "Hay días que etiqueto los productos o bien estoy en la cocina. Hasta hace poco también repartía, pero ahora lo hace otra empresa. Aunque hay gente que casi siempre hace lo mismo, otros rotamos más", destaca. Mari siempre se había dedicado a la logística, y por lo tanto, ya tenía experiencia en el sector. A pesar de todo, en Espigoladors también forman a través de diferentes cursos para que más tarde puedan trabajar en otros sitios. "Me gusta mucho trabajar aquí porque siempre hago cosas diferentes, se me pasa muy rápido". Además, también destaca la relación positiva con los compañeros. "Somos todos muy diferentes, pero también nos enriquece. Intentamos romper prejuicios, porque hay gente de religiones diversas", comenta.
Mari estaba en el paro y se enteró de este trabajo a través de una fundación gitana a la que iba. "Enviamos un correo para ver si necesitaban gente y me llamaron". De eso ya hace un año y cuatro meses y le encantaría poder seguir haciendo el trabajo que desarrolla.
"El enfoque transformador, participativo e inclusivo del proyecto de Espigoladors es especialmente interesante, tanto por su carácter social, como por su trabajo medioambiental y de concienciación social", explica Eduard Pallejà, director de la Fundación Agbar, que colabora con el proyecto. "Conectar tres de las necesidades sociales fundamentales, el aprovechamiento alimentario, el derecho a una alimentación saludable y la creación de oportunidades de trabajo, es una gran idea y un proyecto de colaboración del cual nos sentimos especialmente orgullosos".