Las dos profesoras de Sociología a las que la Universitat de Barcelona (UB) apartó por su supuesta vinculación con el catedrático emérito acusado de abusos Ramón Flecha han demandado al centro universitario. Se trata de las catedráticas Marta Soler y Lidia Puigvert, que alegan que se ha vulnerado su derecho fundamental a la legítima defensa, según avanza este miércoles La Vanguardia. Ambas son académicas relevantes en el campo de la sociología y el género y eran miembros del CREA, el grupo de investigación fundado por Flecha que fue disuelto por la universidad tras el escándalo.
Marta Soler y Lidia Puigvert reclaman en su recurso al contencioso-administrativo saber las acusaciones que las han llevado a estar expedientadas y apartadas de la docencia temporalmente. Solicitan así acceso al expediente administrativo de la investigación interna que la UB abrió para dirimir el caso Ramón Flecha, el cual no se ha hecho público.
Las abogadas de las denunciantes rechazan que tengan acceso, al considerar que las catedráticas podrían tener conocimiento de la investigación interna y utilizar esta información para preparar su defensa legal, según explican al citado medio. También sostienen que Flecha habría usado en el pasado, en 2004 y 2016, el acceso a expedientes administrativos para intimidar a quien denunciara contra él. Así, sostienen que en este caso se debe preservar la integridad de las pruebas.
A raíz de la denuncia por acoso contra Flecha por parte de catorce alumnas, la universidad creó una comisión de expertos en violencia de género y acoso institucional en septiembre de 2025. El resultado fue un informe de 200 páginas en el que se describen conductas que podrían tener relevancia penal, como coerción sexual y psicológica, maltrato, explotación personal y profesional, así como conductas vejatorias e intimidatorias. El rector de la UB, Joan Guàrdia, llevó toda esta información a la Fiscalía.
El caso está en manos de la Fiscalía
La investigación penal está ahora en manos de una nueva sección de la Fiscalía de Barcelona dedicada a la protección de personas en situación de vulnerabilidad, que trabaja codo con codo con agentes de los Mossos d'Esquadra especializados en agresiones sexuales y sectas. El informe interno de la universidad concluyó que el CREA funcionaba como un "grupo coercitivo de alto control" liderado por Flecha y con una participación relevante de las dos catedráticas expedientadas, Soler y Puigvert.
A raíz del estallido del caso, Soler y Puigvert fueron apartadas del trabajo de manera cautelar —si bien mantienen el sueldo— durante seis meses, que son prorrogables. A una tercera investigadora y docente vinculada al CREA, Rosa Valls, se le retiró la distinción de catedrática honoraria de la que gozaba. En cuanto a Ramón Flecha, fundador y director del CREA, se le retiró también la condición de catedrático emérito cuando salieron las denuncias el pasado julio.
El CREA es un grupo de investigación universitaria creado en los años noventa que empezó estudiando sobre el aprendizaje y acabó especializado en la violencia de género. En 2004 hubo la primera denuncia contra el funcionamiento interno del grupo, así como de cómo se gestionaban las becas y los fondos, si bien fue finalmente archivada. En 2016 se presentó otra denuncia por un presunto caso de abusos psicológicos y comportamiento sectario, que la UB llevó a la Fiscalía. En aquel caso, el ministerio público concluyó que no había hechos constitutivos de delitos ni pruebas objetivas de infracción penal.
Flecha rechaza las acusaciones: "Totalmente falsas y fruto de una perversa fabulación"
En julio, catorce mujeres denunciaron a Flecha. Estudiantes, becarias, investigadoras y doctorandas aseguraron haber mantenido relaciones sexuales con el catedrático en un "contexto de clara desigualdad jerárquica". Las becarias y colaboradoras del catedrático emérito de la UB aseguran que tuvieron que estar a su disposición durante meses o años: prepararle la maleta, plancharle camisas, limpiar el baño de su casa, fregar los platos, hacer la compra durante un viaje de trabajo, lavar su coche o dormir donde él estuviera porque no se quería quedar solo. Al menos seis de ellas explican que Flecha desplegó un comportamiento manipulador para mantener sexo con ellas. Los hechos habrían tenido lugar hace unos veinte años. En algunos casos, él era el director de tesis de alguna de ellas, y en otros, formaba parte del tribunal que juzgaba su trabajo de investigación para convertirse en doctoras.
Ramón Flecha, a su vez, ha negado categóricamente los hechos. "Las citadas acusaciones son totalmente falsas y fruto de una perversa fabulación basada en el anonimato", aseguró en julio. "Ante acusaciones falsas y calumnias inventadas, me encuentro totalmente indefenso y con la reputación muy afectada sin motivo real", añadió.
