En un mundo donde más de mil millones de personas continúan fumando cigarrillos convencionales, la industria del tabaco impulsa alternativas que puedan reducir los riesgos asociados al consumo. Entre estas opciones se encuentran productos sin combustión, como el vapeo, las bolsas de nicotina o el tabaco calentado, que buscan ofrecer a los fumadores adultos vías potencialmente menos nocivas. Pero, ¿cómo se garantiza la seguridad de estos productos antes de que lleguen al mercado? Para entenderlo, visitamos los laboratorios de investigación de British American Tobacco (BAT) en Southampton, donde Chris Junker, director global de Ciencia Viva en la compañía, nos explicó la aproximación científica que guía el desarrollo y la evaluación de estas alternativas.

Junker describe la estrategia de investigación como “amplia y expansiva”. No se trata solo de analizar de qué están compuestos los productos, sino también de entender qué se libera al usarlos y cómo responde el organismo humano ante esa exposición. Todo ello permite determinar los riesgos potenciales para los consumidores y guiar decisiones de diseño e innovación basadas en evidencia científica.

En los laboratorios de Southampton, Junker trabaja junto a un equipo diverso que incluye químicos, biólogos, expertos en investigación clínica, ingenieros, tecnólogos y estadísticos. “Esta diversidad de perfiles nos permite abordar la investigación desde múltiples perspectivas”, comenta. Según él, es precisamente esta combinación de habilidades la que permite evaluar cada producto de manera rigurosa, desde los compuestos del producto hasta los efectos que puedan tener sobre los consumidores.

Ciencia con propósito regulatorio

Uno de los desafíos principales es asegurar que la evidencia científica sea relevante tanto para reguladores como para expertos en salud pública. “La relevancia depende del público al que nos dirigimos”, explica Junker. Para los responsables de políticas públicas, la evidencia debe demostrar que los productos presentan un perfil de riesgo reducido en comparación con los cigarrillos convencionales. Esta información no solo respalda la regulación, sino que también contribuye a políticas más pragmáticas que faciliten a los fumadores adultos cambiar completamente a alternativas menos nocivas.

La gestión de riesgos es otro eje central en Southampton. Cada producto es evaluado mediante análisis toxicológicos y estudios de materiales para garantizar que cumple con las prácticas de responsabilidad y seguridad hacia los consumidores. Además, existe un equipo dedicado a asegurar que los productos cumplan con la normativa de cada mercado antes de ser comercializados. “Contamos con un equipo excepcional de toxicólogos y otros científicos que evalúan cada producto dentro de nuestra línea de innovación. Esto nos permite cumplir con nuestro deber de cuidado y garantizar la seguridad del consumidor”, añade Junker.

Pero la seguridad no se limita a la revisión final. La colaboración entre los equipos de investigación y desarrollo es constante. Cada innovación que surge en la empresa pasa por un proceso de evaluación científica exhaustiva antes de llegar al mercado. Esto permite identificar posibles riesgos desde el inicio, ajustar el diseño del producto y proporcionar información clave para que las decisiones se basen en evidencia rigurosa. “Nuestro objetivo es que cada producto que desarrollamos cumpla con los más altos estándares de seguridad y regulación”, concluye.

La visita a los laboratorios de Southampton deja claro que, detrás de cada alternativa menos nociva al tabaco de combustión, hay un trabajo científico complejo y multidisciplinario. Desde la química de los materiales hasta los estudios sobre la exposición del consumidor, cada paso está diseñado para asegurar que las innovaciones sean lo más seguras posibles. En un contexto donde la salud pública sigue siendo la prioridad, la investigación y la gestión de riesgos se convierten en pilares fundamentales para ofrecer a los fumadores adultos opciones que, aunque no sean inocuas, puedan representar un riesgo significativamente menor que los cigarrillos tradicionales.