El vendaval que ha barrido Catalunya este jueves ha dejado un rastro de heridos, cientos de incidencias y una nueva tormenta política en torno a la gestión de las emergencias. El precedente de la DANA en el País Valencià y el caos crónico en Rodalies hacían prever una especial sensibilidad institucional ante cualquier alerta meteorológica, pero el día ha acabado con la sensación, para una parte de la opinión pública, de que la respuesta del ejecutivo ha sido más reactiva que quirúrgica; que el ejecutivo catalán aún no ha pulsado la tecla adecuada para anticiparse a las críticas. Mientras el viento azotaba especialmente Barcelona y su área metropolitana, la decisión de paralizar escuelas, actividades sanitarias no urgentes y servicios sociales en todo el país —incluidas zonas donde el viento apenas se ha notado— ha encendido el malestar en sectores sociales y empresariales que consideran que se ha optado por una respuesta homogénea ante una afectación desigual.

El temporal se ha hecho notar de valent por la mañana, que ha concentrado las horas más críticas del temporal con la caída de árboles, farolas y elementos de mobiliario urbano. En cuanto a las víctimas, el Departament de Salud ha confirmado varios traslados hospitalarios a lo largo del día, con un balance que incluye un hombre de 46 años en estado crítico después de que parte del techo de una nave industrial le cayera encima, y un joven de 22 años también en estado crítico al recibir el impacto de un árbol. También se han registrado otros heridos graves y leves, incluidos dos voluntarios de Protecció Civil. En Girona y en la Garrotxa, los servicios sanitarios han atendido a personas afectadas por desprendimientos mientras intentaban retirar árboles caídos. Sin llegar a colapsar el sistema, el episodio ha puesto a prueba los dispositivos de emergencia en una franja horaria especialmente delicada.

A medida que el viento ha ido perdiendo intensidad, el Govern ha intentado modular el mensaje. Antes de las cuatro de la tarde, la consellera de Interior y Seguridad Pública, Núria Parlon, ha ordenado enviar un nuevo aviso de ES-Alert a toda Catalunya de que se podían reanudar los desplazamientos y que el temporal iba a la baja, con una llamada a actuar con “precaución”. Protecció Civil, por lo tanto, ha rebajado las restricciones de movilidad que se habían decretado por la mañana, en un intento de transitar de la emergencia general a una fase de vigilancia. 

ES-Alert
ES-Alert

Pero la alerta no ha estado exenta de polémica. La versión en catalán explicaba que ya se podía volver a circular y detallaba el mantenimiento de las suspensiones hasta la tarde. En castellano, en cambio, el texto no recogía de manera equivalente el levantamiento de la restricción de movilidad e insistía en evitar desplazamientos innecesarios, además de indicar que "se suspenden" las actividades. El resultado ha sido una doble lectura del mismo aviso en un momento en que la ciudadanía pedía precisión: si el mensaje dice que se puede circular, pero, al mismo tiempo, recomienda no moverse y mantiene buena parte del país parado, el impacto es una sensación de contradicción que se multiplica cuando el texto no es simétrico entre idiomas. La gestión comunicativa, que debería haber servido para ordenar el regreso a la normalidad, ha acabado añadiendo ruido al debate sobre si el ejecutivo había calibrado bien la magnitud real del fenómeno.

Más de 3.400 avisos en los Bomberos y más de 5.800 llamadas al 112

Los Bombers atendieron 3.427 avisos relacionados con el fuerte viento desde la medianoche hasta las 8 de la tarde, mientras que el teléfono de emergencias 112 recibió 5.837 llamadas que generaron 4.979 expedientes. Son cifras destacadas de un episodio que Protecció Civil define como "histórico". Por su parte, hasta las 8 de la tarde, el Sistema de Emergencias Médicas (SEM) ha recibido 473 alertas que han generado 458 incidentes, 369 de los cuales han sido consultas informativas.

"Síndrome del Ventorro"

El malestar también ha llegado al mundo económico, que ha apuntado a un problema de fondo. El presidente de Pimec, Antoni Cañete, ha reclamado “conciencia” para que las empresas no se vean obligadas a asumir en solitario las consecuencias derivadas de decisiones de emergencia. En declaraciones a RAC1, ha advertido que, a raíz de la DANA, se ha generado un clima de excesiva prudencia que ha llamado el “síndrome del Ventorro”. Sin cuestionar que “lo más importante” es la seguridad, Cañete ha cuestionado el permiso retribuido de cuatro días al año por causas de fuerza mayor y ha insistido en que hay que “aclarar de una forma clara y transparente” cuándo se puede activar, porque el tejido productivo necesita reglas previsibles. “Las empresas no podemos asumir decisiones unilaterales que después tienen consecuencias”, ha advertido, antes de sentenciar que “la fiesta no la pueden pagar los de siempre”.