La receta es muy sencilla: agua y azúcar. Todo bien mezclado y ya tienes la poción mágica que hará que de tus árboles (o plantas, en el caso de que vivas en un piso pequeño y no dispongas de un patio o un jardín) florezcan caramelos. Esta dulce tradición llamada Caramel·ler (si las manzanas salen de los manzanos y las naranjas de los naranjos, los caramelos, palabra menorquina, de los caramel·lers) se mantiene muy vigente en Menorca durante la Semana Santa. Cuando a S'Àvia Corema todavía le quedan un par de pies, los niños empiezan a regar los árboles de las escuelas y también de las plantas que tienen en su casa o en la de los abuelos. Su objetivo es que entre el Domingo de Ramos y el Lunes de Pascua, el día en concreto depende del pueblo o de la familia, puedan recoger sus dulces. Los caramelos más habituales en esta tradición son conocidos como los caramel·los llargs. Como su nombre indica, son unas golosinas que miden más de un palmo, rojas y que las criaturas (y no tan criaturas) solo consumen estos días de fiesta. Son pocos los que consiguen terminárselos y normalmente acaban envueltos con su tradicional papel dorado y brillante dentro de la nevera, hasta que algún padre se cansa y lo tira a escondidas.
Ahora bien, como todas las tradiciones, esta también se ha sabido adaptar a la modernidad y, desde hace unos años, las familias más chocolateras añaden una o dos cucharadas de cacao en polvo. Lo hacen para intentar engañar al Caramel·ler y que este, además de los caramelos habituales (también son muy populares los conocidos como Besos, de un color naranja vivo y envueltos en celofán), saque también algún huevo de chocolate. Suele funcionar. Para rebajar tanto azúcar, hay algunas familias que hacen florecer fresas y otros frutos rojos de su Caramel·ler.
Una tradición del siglo XIX
Esta era una tradición común en todos los pueblos de Menorca, pero se mantiene más viva en aquellas poblaciones más pequeñas del centro de la isla. Su origen, que se sitúa a mediados del siglo XIX, aunque podría ser anterior, es confuso. En un anuncio publicado en El Bien Público en abril de 1873, una confitería mahonesa ya hablaba de caramelos "caprichosamente envueltos con papeles aromatizados con las finas y ricas esencias más acreditadas por sus gustos". Los historiadores menorquines sitúan el nacimiento de esta costumbre como un presente de padres a hijos después del tiempo de abstinencia y Cuaresma. Los caramelos están ligados a las fiestas de Pascua en esta isla balear, ya que era común que en las fábricas, los maestros y empresarios regalaran una bolsa a sus trabajadores. La otra delicia menorquina relacionada con los días santos son las formatjades, unas pastas de carne que ya se consumen durante todo el año y que se pueden comprar en panaderías y supermercados, pero que muchas familias aprovechan los días de vacaciones para intentar hacer manualmente en casa. Aunque su nombre indique lo contrario, no llevan queso.
Emblema de la Pascua menorquina
Los caramelos largos son, más de 150 años después, emblema de la Pascua menorquina y solo se producen para esta celebración. Todavía ahora se hacen siguiendo el método tradicional: los azucareros hacen hervir azúcar con agua y glucosa y le añaden unas gotas de carmín para que obtenga su color rojo característico. El recipiente entonces se tapa con una madera perforada para que el vapor no deje que se formen migas en las paredes del recipiente. Cuando la pasta llega al "punto de caramelo" se extiende sobre un mármol que se ha preparado con un poco de aceite para que no se pegue. Entonces, se añade la esencia de fresa o de otros sabores y se va doblando para que quede bien mezclado hasta que se enfría. En este punto, se cortan las diferentes partes y se las hace rodar hasta conseguir la forma cilíndrica. Algunos expertos pasteleros han reflexionado que en Blackpool, en Inglaterra, se consumen unos dulces muy parecidos, dejando la puerta abierta a una posible relación. No sería el primer vestigio de la dominación inglesa en la isla.
En caso de que queráis aprovechar los días que quedan de esta Semana Santa para replicar la tradición menorquina en casa, lo tenéis bastante fácil: agua, azúcar y un poco de cacao extra si deseáis algún dulce de chocolate. Será difícil que de las ramas nazcan caramel·los llargs, que solo se producen allí, pero seguro que algo florecerá.
