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Olvidar dónde hemos dejado las llaves. No recordar el nombre de una persona que conocemos. Entrar en una habitación y no saber qué íbamos a hacer. A todos nos pasa alguna vez, pero el Alzheimer es mucho más que todo esto. La enfermedad de Alzheimer es la causa más frecuente de demencia y afecta progresivamente la memoria, el pensamiento, el lenguaje y la capacidad de realizar actividades cotidianas. Durante décadas, el Alzheimer se ha diagnosticado sobre todo cuando los problemas de memoria ya empezaban a interferir en la vida cotidiana. Hoy, sin embargo, la investigación ha demostrado que los procesos biológicos asociados al Alzheimer pueden empezar años, incluso décadas, antes de que aparezcan los primeros síntomas.

El Alzheimer, por lo tanto, ya no es solo una enfermedad que hay que detectar cuando aparecen los olvidos. Cada vez más, es una enfermedad que se puede empezar a abordar mucho antes. Esta transformación es uno de los motivos por los que el HUB Alzheimer Barcelona y la Societat Catalana de Medicina Familiar i Comunitària (CAMFiC) han impulsado una formación específica para los profesionales de atención primaria que puede cambiar el paradigma de la detección precoz de la enfermedad.

Un análisis de sangre que puede cambiar el diagnóstico

Uno de los cambios más destacados de los últimos años es la incorporación de los biomarcadores, es decir, indicadores biológicos que permiten identificar procesos asociados a la enfermedad. Buena parte de la investigación se ha centrado en encontrar estos indicadores en la sangre para poder detectar, con una muestra relativamente sencilla, si hay signos compatibles con la patología de Alzheimer y complementar así la valoración clínica.

Hasta ahora, para obtener información sobre determinados biomarcadores había que recurrir a pruebas más complejas, como la punción lumbar, para analizar el líquido cefalorraquídeo, o las exploraciones de tomografía por emisión de positrones (PET). Ahora, con los biomarcadores sanguíneos se puede ofrecer una alternativa menos invasiva y potencialmente más accesible, y contribuir a hacer más preciso el proceso diagnóstico.

Pero hay un matiz importante: los biomarcadores no son hoy una herramienta de cribado para la población general. "Hoy estamos a disposición de hacer un diagnóstico temprano y avanzar el diagnóstico, ciertamente, pero cuando la persona ya tiene síntomas. Los biomarcadores no son útiles para hacer cribado", explica Josep Maria Argimon, director de Relaciones con el Sistema de Salud de la Fundació Pasqual Maragall y coordinador del HUB Alzheimer Barcelona.

Esto significa que el biomarcador forma parte de un proceso diagnóstico más amplio, que empieza con una historia clínica y una valoración de los síntomas, y que puede incluir tests neuropsicológicos y pruebas de imagen. En personas que presentan algún cambio cognitivo, los biomarcadores pueden ayudar a avanzar y precisar el diagnóstico. "Con los biomarcadores evitamos, por ejemplo, una punción lumbar, que es una prueba más molesta y a veces puede llegar a ser también dolorosa", señala Argimon.

La prevención empieza mucho antes de la pérdida de memoria

Una buena parte del riesgo de sufrir demencia está relacionada con factores sobre los que se puede actuar a lo largo de la vida. La Comisión Lancet sobre prevención, intervención y cuidado de la demencia identificó en 2024 14 factores de riesgo potencialmente modificables y estimó que actuar sobre estos factores podría prevenir o retrasar hasta el 45% de los casos de demencia. La cifra, sin embargo, se debe interpretar correctamente. "Esto es una estimación poblacional, no es una estimación individual", subraya Argimon. El 45% no significa, por tanto, que una persona concreta pueda reducir su riesgo de Alzheimer en este porcentaje.

También es una estimación teórica, porque no es posible controlar al cien por cien todos los factores de riesgo. Pero, según Argimon, el valor del dato es que contribuye a consolidar una idea que hasta hace relativamente pocos años no estaba tan instaurada: el Alzheimer y la demencia se pueden prevenir o, al menos, retrasar.

Algunos de los factores identificados tienen relación con la salud cardiovascular y metabólica, como la hipertensión, un nivel elevado de colesterol LDL, la diabetes o la obesidad. Otros están relacionados con los hábitos y el entorno, como el tabaquismo, el consumo excesivo de alcohol, la inactividad física o la contaminación atmosférica. También incluyen factores relacionados con la salud sensorial y social, como la pérdida de audición o de visión no tratada, la depresión, el aislamiento social, los traumatismos craneoencefálicos y el nivel educativo. ¿Qué se puede hacer, pues, a lo largo de la vida? Argimon lo resume en tres grandes ámbitos "mantenerse cognitivamente, físicamente y socialmente activos".

Los nuevos tratamientos

El Alzheimer es una enfermedad multifactorial en la que intervienen diferentes procesos biológicos. Por ello, la investigación no busca una única diana terapéutica, sino que explora mecanismos muy diversos. Durante décadas, los tratamientos disponibles para el Alzheimer han estado dirigidos principalmente a aliviar algunos de sus síntomas, pero no conseguían modificar el curso de la enfermedad. Esto ha empezado a cambiar con una nueva generación de fármacos que, por primera vez, actúan sobre uno de los procesos biológicos relacionados con el Alzheimer.

Se trata del lecanemab y el donanemab, dos anticuerpos monoclonales dirigidos contra la beta-amiloide, una proteína que se produce de forma natural en el cerebro pero que, en el Alzheimer, puede acumularse de forma anómala y formar placas entre las neuronas. Los anticuerpos monoclonales son proteínas diseñadas en el laboratorio para reconocer de forma muy específica una determinada molécula. En este caso, se unen a formas de beta-amiloide y favorecen que sean eliminadas del cerebro. El objetivo es reducir estas acumulaciones y, con ello, intentar ralentizar el deterioro cognitivo asociado a la enfermedad. Los resultados de los ensayos clínicos de ambos fármacos han mostrado que pueden ralentizar modestamente la progresión del Alzheimer en personas que se encuentran en fases iniciales y es aquí donde ha empezado la controversia dentro del propio campo.

El debate no es solo sobre la eficacia de los fármacos, sino también sobre quién puede tener acceso al tratamiento, ya que este pasado julio de 2026, la Comisión Interministerial de Precios de los Medicamentos decidió no incluir ni lecanemab ni donanemab en la financiación pública del Sistema Nacional de Salud. La decisión provocó la reacción en julio de la Sociedad Española de Neurología y el HUB Alzheimer Barcelona, que lamentaron la decisión y defendieron el acceso a ambos tratamientos, autorizados en Europa después de la evaluación de su balance entre beneficios y riesgos. De momento, la Clínica Universidad de Navarra ha empezado a administrar donanemab a pacientes con Alzheimer en fase inicial y prevé empezar también con lecanemab, a aquellos que se lo pueden pagar.

Sin embargo, la investigación no se detiene. Según los datos recogidos por el HUB Alzheimer Barcelona, actualmente se están estudiando cerca de 160 tratamientos en casi 200 ensayos clínicos. Estos estudios investigan diferentes dianas y estrategias con el objetivo de encontrar opciones terapéuticas más eficaces y seguras. «La velocidad de los avances en Alzheimer exige que la transferencia del conocimiento sea también más rápida», señala Argimon.

Fotografía de banco de imágenes

El papel esencial de la atención primaria

La atención primaria es a menudo la puerta de entrada al sistema sanitario y el lugar donde mejor se conoce la trayectoria de salud de una persona. Es también un espacio privilegiado para actuar sobre factores de riesgo cardiovascular y metabólico, detectar cambios cognitivos y decidir cuándo es necesario iniciar una valoración más específica. Tal como recuerda el doctor Antoni Sisó, presidente de la CAMFiC, «los avances en prevención, detección precoz y diagnóstico están transformando el abordaje del Alzheimer. El reto ahora es conseguir que este conocimiento llegue también a la práctica asistencial».

Es en este punto donde la formación de los profesionales se convierte en una pieza importante. El curso “Nuevos retos en el abordaje del Alzheimer desde la atención primaria”, impulsado por el HUB Alzheimer Barcelona y la CAMFiC, aborda desde los factores de riesgo y las bases biológicas de la enfermedad hasta los biomarcadores, el diagnóstico precoz, los tratamientos disponibles y la investigación de nuevas terapias. Más de 1.000 profesionales de Catalunya se han inscrito ya.

El Alzheimer entra en una nueva era. Y aunque todavía no lo podemos prevenir, ni curar completamente, sí que podremos cada vez actuar antes y transformar el futuro de las personas con Alzheimer.