El lugar donde vivimos puede determinar la longevidad. No es nada nuevo, pero lo curioso es que dentro de un mismo país con un nivel parecido de desarrollo también hay diferencias y no sólo por cuestiones que tienen que ver con el desarrollo de determinadas patologías. Así ha quedado patente en un estudio innovador que se ha llevado a cabo en Estados Unidos, pero cuyos resultados también se pueden extrapolar en otras sociedades occidentales del planeta. Lo cierto es que algunas ubicaciones mejoran la longevidad más que otras, por múltiples razones.
“Existe un efecto causal importante del lugar donde vives sobre la mortalidad y la esperanza de vida”, asegura Amy Finkelstein, profesora del Departamento de Economía del MIT y coautora de trabajo. Los investigadores venían observando durante mucho tiempo una variación regional significativa en la esperanza de vida en los Estados Unidos, pero la relacionaban más con otros aspectos como la obesidad, el tabaquismo y factores de comportamiento. Pero al analizar cómo los diferentes lugares que afectan la esperanza de vida de las personas mayores dieron cuenta que existían otros factores.
El trabajo de título Place-Based Drivers of Mortality: Evidence from Migration (Factores impulsores de la mortalidad basados en el lugar: evidencia de la migración) se ha publicado se ha publicado en la revista American Economic Review y además de Amy Finkelstein, también han participado John MacDonald del Instituto Técnico de Massachussets, y Matthew Gentzkow de la Universidad de Stanford.
Analizaron las migraciones de 6,3 millones de personas entre las edades de 65 y 99 años, de los cuáles 2 millones de ellos se trasladaron de una zona a otra del país. Tal y como explican los expertos, el estudio se realizó de la siguiente forma: se hizo un seguimiento a, por ejemplo, dos personas mayores de un origen determinado, como, Boston. Uno se mudó a Minneapolis de baja mortalidad, el otro a Houston de alta mortalidad. Y luego se comparó cuánto tiempo vivió cada uno después de mudarse.
Por supuesto, se tuvo en cuenta que las personas tienen diferentes perfiles de salud antes de mudarse. Se tuvieron en cuenta registros de 27 enfermedades y afecciones diferentes, desde cáncer de pulmón y diabetes hasta depresión. Luego, consideraron cómo variaba la salud observada entre individuos de la misma ubicación que se trasladan a diferentes destinos.

En total, el estudio encontró que muchas áreas urbanas en las costas este y oeste, incluidas la ciudad de Nueva York, San Francisco y Miami, tienen efectos positivos en la longevidad de las personas mayores que se mudan allí. Algunas áreas metropolitanas como Chicago, también obtuvieron buenas puntuaciones. Por el contrario, una gran franja del sur profundo tiene efectos negativos en la longevidad de las personas mayores que se mudan allí, incluida gran parte de Alabama, Arkansas, Louisiana y el norte de Florida. Gran parte del suroeste, incluidas partes de Texas, Oklahoma, Nuevo México y Arizona, obtienen resultados igualmente malos.
Los expertos se han fijado en aspectos que determinan esta disminución de la longevidad y se han precisado que factores como la atención médica disponible, el clima, la contaminación, la delincuencia o la seguridad vial juegan un papel esencial en este aspecto.
“Las diferencias en la atención médica entre lugares son grandes y potencialmente importantes”, dice Finkelstein. “Pero también hay diferencias en la contaminación, el clima y otros aspectos... Lo que tenemos que hacer ahora es entrar en la caja negra del lugar y descubrir qué es lo que importa para la longevidad”.