La exposición a antibióticos en una etapa temprana de la vida podría alterar el desarrollo del cerebro humano en zonas responsables de las funciones cognitivas y emocionales. Así queda de manifiesto en un estudio llevado a cabo en el Centro de Biotecnología y Medicina Avanzadas en Rutgers publicado en la revista iScience.
El estudio sugiere que la penicilina cambia el microbioma, los billones de microorganismos beneficiosos que viven en y sobre nuestros cuerpos, así como la expresión genética, que permite que las células respondan a su entorno cambiante, en áreas clave del cerebro en desarrollo. Los expertos piden reducir el uso generalizado de antibióticos o utilizar alternativas cuando sea posible para prevenir problemas de desarrollo neurológico.
La penicilina y los medicamentos relacionados (como ampicilina y amoxicilina) son los antibióticos más utilizados en niños en todo el mundo. En la sociedad occidental, de media, el niño recibe casi tres ciclos de antibióticos antes de los 2 años de edad. En muchos otros países ocurren tasas de exposición similares o mayores.
“Nuestro trabajo anterior ha demostrado que exponer animales jóvenes a antibióticos cambia su metabolismo e inmunidad. El tercer desarrollo importante en la vida temprana involucra al cerebro. Este estudio es preliminar pero muestra una correlación entre la alteración del microbioma y los cambios en el cerebro que deberían ser más profundos”, asegura el autor principal Martin Blaser.
La investigación
El estudio comparó ratones que estuvieron expuestos a dosis bajas de penicilina en el útero o inmediatamente después del nacimiento con aquellos que no estuvieron expuestos. Descubrieron que los ratones que recibieron penicilina experimentaron cambios sustanciales en su microbiota intestinal y habían alterado la expresión génica en la corteza frontal y la amígdala, dos áreas clave del cerebro responsables del desarrollo de la memoria, así como del miedo y las respuestas al estrés.
Un creciente cuerpo de evidencia vincula los fenómenos en el tracto intestinal con la señalización al cerebro, un campo de estudio conocido como el eje intestino-cerebro. Si esta vía se altera, puede provocar una alteración permanente de la estructura y función del cerebro y posiblemente conducir a trastornos neuropsiquiátricos o neurodegenerativos en la infancia o la edad adulta.
“La vida temprana es un período crítico para el desarrollo neurológico”, asegura Blaser. “En las últimas décadas, ha habido un aumento en la incidencia de trastornos del neurodesarrollo infantil, incluido el trastorno del espectro autista, el trastorno por déficit de atención/hiperactividad y las discapacidades del aprendizaje. Aunque es probable que el aumento de la conciencia y el diagnóstico sean factores contribuyentes, las alteraciones en la expresión de genes cerebrales en las primeras etapas del desarrollo también podría ser responsable”.
