En caso de que nunca hayas practicado yoga o pilates, es muy normal que te parezcan actividades parecidas, pero lo cierto es que, aunque se trate de dos modalidades deportivas, tienen unos objetivos y características propias que las hacen únicas. Ambas centran la atención en la respiración y previenen la ansiedad y el estrés. A nivel físico, las dos aseguran una mejora en la musculatura y la flexibilidad. Yoga o pilates, pilates o yoga: ¿por cuál decantarnos? La respuesta es sencilla: depende de cuál sea nuestro objetivo.

Vayamos paso por paso, empezando por el yoga. Es difícil determinar cuándo se empezó a practicar esta disciplina: aunque algunos expertos difieren en las fechas, se calcula que apareció hace entre 3000 y 5500 años.

Los beneficios del yoga

Mediante la práctica de diferentes posturas y ejercicios de meditación y respiración, el yoga permite conectar la mente con el cuerpo, proporcionando un estado de paz mental y física y por lo tanto un bienestar general. El objetivo es claro: lograr que las personas que lo practican sean mejores seres humanos, más justos, maduros y sanos con sí mismos y con el entorno.

Mujer haciendo yoga

Al practicarlo se reducen el estrés y la ansiedad, por lo que aumenta la paz interior. De la misma manera, nos ayuda a concentrarnos y a relajarnos, facilitando el descanso nocturno. A nivel de salud física, el yoga nos facilita reforzar nuestro sistema inmune y aliviar los dolores menstruales. Finalmente, y en términos emocionales, nos permite hacer las paces con nuestro cuerpo y gozar de mayor autoestima y confianza.

¿Qué nos aporta hacer pilates?

El método pilates, en cambio, es mucho más reciente. Su creación data de 1923, por Joseph Hubertus Pilates, que trabajó como camillero en un hospital de un campo de concentración de la Isla de Man y que ideó una serie de ejercicios y movimientos para que los heridos pudieran ejercitarse y mejorar su estado de salud.

Tras casi un siglo de práctica, podríamos hablar de una mezcla entre el yoga y la gimnasia, donde la respiración toma especial importancia y se llevan a cabo una serie de ejercicios que permiten tonificar los músculos, especialmente los del abdomen.

Mujeres haciendo pilates

Se trata de una gran práctica para fortalecer las articulaciones y los músculos, sobre todo la columna vertebral, por lo que permite corregir malas posturas corporales y lo convierte en uno de los mejores métodos para hacer rehabilitación. Además, mejora el sistema sanguíneo y aumenta nuestra energía y vitalidad.

A diferencia del yoga, al practicar pilates se necesitan una serie de objetos que complementan los diferentes movimientos y ejercicios, como bandas, aros, colchonetas,  pelotas e incluso máquinas. Mientras que en yoga las posiciones son estáticas, lo que supone aumentar notoriamente la flexibilidad, en pilates el ejercicio es más dinámico y a veces incluye ejercicios cardiovasculares que se ayudan de máquinas, lo que resulta más idóneo si buscamos perder peso o recuperarnos de alguna lesión.

¿Por cuál decantarnos?

Ambas prácticas trabajan la respiración, pero de forma distinta. Al hacer yoga respiramos a través del diafragma, de manera pausada, para conseguir fijar bien cada postura y para alcanzar la anhelada relajación del cuerpo previa a la meditación. En cambio, en pilates la respiración es torácica, más vigorosa, empleando los músculos dorsales que causan fluctuaciones en el tórax, debido al ejercicio físico intenso que estamos llevando a cabo. 

Mujer haciendo una postura de yoga

Si nuestro objetivo es aumentar nuestra flexibilidad a la vez que alcanzar una relajación total tanto física como emocional, la disciplina que buscamos es el yoga.

Si, por el contrario, queremos tonificar los músculos de nuestro cuerpo a la vez que liberar todas las tensiones de nuestro día a día, el pilates nos permitirá lograrlo.

Lo más importante: la paciencia

Eso sí: antes de empezar a practicar alguno de los dos, tenemos que tener en cuenta que ni son precisamente sencillos ni nos convertiremos en expertos en apenas un par de semanas. Como cualquier ejercicio necesitan su práctica, aunque empezaremos a observar sus beneficios rápidamente.

Y lo mejor: poco tiene que ver si hacemos deporte diariamente o si llevábamos una vida sedentaria hasta ahora. Todo el mundo puede practicarlos, tenga la edad que tenga, porque sus ejercicios se adaptan a las habilidades de cada uno. El único reto es: mens sana in corpore sano.