Por sorprendente que parezca, las bacterias que pueden encontrarse en la boca afectan de muy diversas maneras a la salud del ser humano. Diferentes estudios científicos han descubierto que no solo pueden causar enfermedades en las encías, sino que en ocasiones incrementan el riesgo de padecer cáncer de esófago o tumores colorrectales, pueden afectar a la salud respiratoria y hasta se ha llegado a relacionar alguna enfermedad en las encías con un mayor riesgo de sufrir demencia.

Ahora, un nuevo trabajo se ha fijado en el papel que juegan las bacterias de la boca a la hora de ayudarnos a obtener beneficios cardiovasculares en la actividad física.

El fruto de la investigación de un equipo de dietética y fisiología de la británica Universidad de Plymouth se ha publicado en la revista Free Radical Biology and Medicine. En él se muestra cómo las bacterias bucales ayudan a reducir la presión arterial producto de la actividad física y cómo el uso de enjuagues bucales antibacterianos después del ejercicio interfiere negativamente en el citado beneficio.

Boca (1)

Durante la práctica del ejercicio, los vasos sanguíneos se abren. Esto ocurre por la producción de óxido nítrico y como consecuencia de esa vasodilatación, se incrementa la circulación del flujo sanguíneo a los músculos activos. Lo curioso –y es algo para lo que la ciencia aún no tiene una explicación– es que la circulación sanguínea sigue siendo más alta después del ejercicio, lo que provoca un reducción de la presión arterial conocida como hipotensión post- ejercicio.

El óxido nítrico se descompone en nitrato, y según se conoce, el nitrato puede ser absorbido en las glándulas salivales y excretado con la saliva en la boca. Algunas especies de bacterias de la boca pueden utilizar el nitrato y convertirlo en nitrito, una molécula muy importante que puede mejorar la producción de óxido nítrico en el cuerpo.

El caso es que cuando se ingiere el nitrito en la saliva, parte de esta molécula se absorbe rápidamente en la circulación y se reduce de nuevo a óxido nítrico. Esto ayuda a mantener la vasodilatación, lo que conduce a una disminución sostenida de la presión arterial después del ejercicio.

El estudio

La intención de los investigadores de Plymouth era ver si bloquear la capacidad del nitrato para convertirse en nitrito al inhibir las bacterias orales mediante el uso del enjuague bucal, tendría algún efecto sobre la hipotensión después del ejercicio.

Para salir de dudas pidieron a 23 adultos sanos que participaran en dos pruebas de ejercicio físico. Todos los participantes corrieron en una cinta durante 30 minutos, y los investigadores monitorizaron la presión arterial de los participantes hasta dos horas después del ejercicio.

Bici estática (1)

A los 1, 30, 60 y 90 minutos después de la carrera, los participantes se enjuagaron la boca con colutorio antibacteriano o con la sustancia de control –según el grupo en el que se encontraran–, que era agua con sabor a menta. El equipo de investigación también recogió muestras de sangre y saliva justo antes del ejercicio y 2 horas después.

El ensayo reveló que el grupo con placebo obtuvo una reducción de 5,2 mmHg de media en la presión arterial sistólica una hora después del ejercicio. Sin embargo, el grupo del enjuague bucal antibacteriano redujo su presión en solo 2,0 mmHg.

Este hallazgo indica que las bacterias bucales son la principal fuente de nitrito para el sistema circulatorio, al menos durante el período de recuperación inmediatamente después del ejercicio.

Según los científicos encargados del trabajo, “el siguiente paso es investigar con más detalle el efecto del ejercicio sobre la actividad de las bacterias orales y la composición de las bacterias orales en individuos con alto riesgo cardiovascular”. Asimismo, se muestran esperanzados que esta nueva vía de investigación sirve en un futuro próximo para saber más sobre un mal como la hipertensión.

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