Crujidos en las rodillas al agacharse, chasquidos en los dedos, un “clic” en el hombro al mover el brazo o esa sensación de fricción en el cuello. Los ruidos articulares son muy frecuentes y, en la mayoría de los casos, benignos. Pero ¿qué está ocurriendo exactamente dentro del cuerpo cuando oímos un crujido? ¿Es cierto que crujirse los dedos provoca artrosis? ¿Cuándo debemos preocuparnos?
El Dr. Xavier Cuscó, especialista en Traumatología y Cirugía Ortopédica de L’Institut Cugat en el Hospital Quirónsalud Barcelona, aclara las dudas más habituales sobre este fenómeno tan común.
¿Por qué suenan las articulaciones?
“Los crujidos pueden ser tanto intraarticulares como extraarticulares y aparecen porque hay movimiento de los elementos que configuran la articulación o que se encuentran a su alrededor”, explica el doctor.
Dentro de la articulación, el ruido puede deberse, por ejemplo, a un resalte de un menisco en la rodilla, a alteraciones en la articulación temporomandibular, a los rodetes acetabulares de la cadera (labrum) o a los rodetes glenoideos del hombro. También puede estar relacionado con los tendones del manguito rotador o con segmentos móviles de la columna vertebral, tanto cervical como lumbar.
En otras ocasiones, el origen está en el cartílago. “Puede haber un roce o resalte cartilaginoso, como sucede en la rodilla entre la rótula y la tróclea femoral”, detalla. Esto puede aparecer por desgaste, laxitud constitucional, displasia femororrotuliana o por un desequilibrio o atrofia de la musculatura del cuádriceps.
También existen crujidos extraarticulares, como los resaltes tendinosos en tobillos o muñecas, o el roce muscular entre la escápula y la parrilla costal.
¿Influye el líquido sinovial?
El líquido sinovial juega un papel clave. Los cartílagos tienen muy poca vascularización y se comportan “como una esponja”. Cuando se ejerce presión, expulsan líquido; cuando cesa, lo reabsorben.
“Estos cambios de presión son los responsables de que se puedan liberar pequeñas burbujas de gas en el interior de la articulación y generar un crujido”, explica el especialista. En casos de inflamación, cuando hay exceso de líquido, el sonido puede parecer un “chapoteo”.
En procesos degenerativos como la artrosis, también pueden producirse fenómenos de vacío que favorecen la aparición de gas dentro de la articulación, especialmente en discos vertebrales degenerados.
¿Crujirse los dedos provoca artrosis?
Es uno de los mitos más extendidos. Sin embargo, el Dr. Cuscó es claro: “No he encontrado a ninguna persona a la que vincular el hacerse crujir los dedos con el desarrollo de una artrosis en las manos”.
Esta práctica suele realizarse en las articulaciones metacarpofalángicas (los nudillos), que no suelen presentar deterioro artrósico significativo si no ha habido un traumatismo previo. Aunque en articulaciones como la trapeciometacarpiana del pulgar podría haber más riesgo en casos de laxitud o sobreuso, no existe evidencia sólida que relacione directamente el gesto de crujirse los dedos con la artrosis.
¿Todos los ruidos son iguales?
No necesariamente. “Considero que son apreciaciones subjetivas similares que un paciente entenderá de una manera y otro de una manera distinta”, señala. Quizá el chasquido o el crujido se perciban como algo ocasional, mientras que la sensación de fricción sea más constante y reproducible.
Además, no todas las articulaciones tienen el mismo significado clínico. Puede tratarse de articulaciones de carga, como rodillas, caderas o columna lumbar, o de hombros, codos o muñecas. También es importante valorar si el ruido apareció tras un traumatismo.
¿Por qué algunas personas son más ‘ruidosas’?
Hay personas cuyas articulaciones suenan más que otras. “Aquí podrían entrar en juego aspectos hereditarios, la calidad del colágeno o el mayor o menor desarrollo muscular”, apunta el especialista.
La hiperlaxitud, ciertas características constitucionales o un bajo tono muscular pueden favorecer estos sonidos. Por el contrario, “habitualmente el paciente entrenado muscularmente sin excederse acostumbra a sujetar mejor sus músculos y tendones y ‘cruje’ menos”.
¿El ejercicio ayuda o empeora?
El doctor diferencia claramente entre ejercicio físico controlado y actividad intensa sin preparación. “Normalmente el ejercicio físico controlado, regular y sin excesos acostumbra a prevenir problemas articulares”, afirma.
En cambio, el trabajo excesivo orientado solo a aumentar potencia y aspecto físico puede resultar perjudicial a largo plazo. La clave está en equilibrar potencia y elasticidad, tanto de músculos agonistas como antagonistas.
¿Cuándo debemos consultar?
La sola presencia de ruido no suele ser motivo de alarma. “La sola existencia de crujidos no debería ser signo de alarma”, insiste el Dr. Cuscó.
Lo importante es si el ruido se acompaña de dolor persistente, inflamación, bloqueo o pseudobloqueo, sensación de inestabilidad, pérdida de movilidad o necesidad frecuente de medicación. “El principal motivo que trae un paciente es el dolor, dolor que le impide realizar una vida normal. Si solo hay ruido y no hay dolor, a menudo no tiene por qué preocuparse”.
En definitiva, los crujidos articulares forman parte, en muchos casos, del funcionamiento normal del cuerpo. Mantener un peso saludable, realizar ejercicio regular con especial atención a los estiramientos y la coordinación —como yoga, pilates o tai chi— y evitar el sobreuso excesivo son estrategias que no solo pueden reducir los ruidos, sino, sobre todo, ayudar a mantener unas articulaciones sanas a lo largo de los años.