El cáncer de ovario es uno de los grandes retos de la oncología ginecológica. No tanto por su frecuencia, sino por su forma de manifestarse: discreta, silenciosa y, en muchas ocasiones, tardía. A diferencia de otros tumores, no suele dar señales claras en sus fases iniciales, lo que explica que sea la principal causa de mortalidad por cáncer ginecológico en España. “Es lo que llamamos un asesino silencioso”, afirma el Dr. Juan José Torrent, responsable del Servicio de Ginecología y Obstetricia del Hospital El Pilar de Barcelona y especialista en cirugía oncológica.
Síntomas sutiles que se confunden con lo cotidiano
Uno de los principales problemas del cáncer de ovario es que sus síntomas iniciales suelen ser vagos y fácilmente atribuibles a trastornos benignos o habituales. Distensión abdominal persistente, dolor pélvico o abdominal, sensación de saciedad precoz al comer, necesidad frecuente de orinar, fatiga, dolor lumbar o cambios en el ritmo intestinal son algunas de las señales más frecuentes. “Son síntomas muy comunes en muchas mujeres y, por eso, no siempre se les da la importancia que merecen”, explica el Dr. Torrent.
Esta falta de especificidad hace que entre el 70 y el 80 % de los casos se diagnostiquen en estadios avanzados, cuando la enfermedad ya se ha diseminado y el tratamiento resulta más complejo.
Diagnóstico: la importancia de mirar de cerca
El diagnóstico del cáncer de ovario no se basa en una única prueba, sino en la combinación de diferentes herramientas. La exploración ginecológica, las pruebas de imagen —como la tomografía computarizada o la resonancia magnética— y los análisis de sangre forman parte del proceso. En este contexto, la ecografía tansvaginal desempeña un papel fundamental. “Es una prueba accesible, no invasiva y muy útil para detectar alteraciones ováricas de forma precoz”, señala el especialista, que recomienda su realización anual como parte del control ginecológico rutinario.
En algunos casos se solicita también el marcador tumoral CA-125, una proteína que puede elevarse en mujeres con cáncer de ovario. Sin embargo, el Dr. Torrent subraya sus limitaciones: “No es una prueba específica, ya que también puede aumentar en patologías benignas, por lo que no debe utilizarse como único método de cribado”.
Factores de riesgo y genética
La edad es uno de los principales factores de riesgo: el cáncer de ovario es más frecuente a partir de los 50 años. A ello se suman los antecedentes familiares de cáncer de ovario, mama o colon, así como determinadas mutaciones genéticas, especialmente en los genes BRCA1 y BRCA2. “Aproximadamente el 15 % de los tumores de ovario están asociados a estas mutaciones”, explica el doctor.
Otros factores incluyen no haber tenido hijos, haber tenido el primer embarazo a partir de los 35 años o el uso prolongado de terapia hormonal con estrógenos tras la menopausia.
Prevención y detección precoz: lo que sí sabemos
En la actualidad, no existe un método de cribado ideal para la población general. Sin embargo, en mujeres con alto riesgo hereditario, especialmente portadoras de mutaciones BRCA1 o BRCA2, la evidencia científica es clara: la salpingooforectomía bilateral profiláctica es la única estrategia que ha demostrado aumentar la supervivencia global. “Ni la ecografía semestral ni el seguimiento del CA-125 han demostrado el mismo beneficio”, puntualiza el Dr. Torrent.
Tratamiento multidisciplinar y avances terapéuticos
El abordaje del cáncer de ovario debe realizarse siempre por equipos multidisciplinares expertos. Cirujanos o ginecólogos oncólogos, oncólogos médicos, radiólogos y anatomopatólogos trabajan conjuntamente para decidir la mejor estrategia terapéutica en función del estadio y las características del tumor.
En los últimos años, los avances han sido significativos. Entre ellos destaca la aplicación de la HIPEC (quimioterapia intraperitoneal hipertérmica) durante la cirugía de citorreducción, que puede aportar hasta un año más de supervivencia media. A esto se suman las terapias dirigidas, como los inhibidores del PARP o los tratamientos contra nuevas dianas moleculares, que han mejorado el pronóstico de muchas pacientes.
La experiencia como factor pronóstico
Para el Dr. Torrent, hay un mensaje clave que debe llegar a la población, especialmente en fechas como el Día Mundial contra el Cáncer: “La mujer diagnosticada de cáncer de ovario debe ser tratada por un equipo experto en esta enfermedad”. Y añade un aspecto fundamental: “El factor pronóstico más importante sobre el que los profesionales podemos influir es la calidad de la cirugía”.
En un tumor donde el diagnóstico precoz sigue siendo un desafío, la excelencia quirúrgica y la experiencia del equipo médico marcan la diferencia entre vivir y sobrevivir. Porque, en el cáncer de ovario, el conocimiento, la especialización y la tecnología no son solo avances médicos: son oportunidades reales de vida.
