Dormir bien es cada vez más una prioridad para muchos consumidores. De hecho, más de la mitad de los españoles optan por camas de gran formato para mejorar la calidad del descanso. Así lo indican los datos de mercado analizados por Conforama, que ha estudiado los hábitos de compra de los consumidores en España durante el último año. El estudio concluye que el 58 % de los compradores prefieren colchones de dimensiones más grandes, una tendencia que refleja un cambio en la manera como se concibe el descanso en los hogares.

Según los datos recopilados por la firma especializada en equipamiento del hogar, el formato más popular es el conocido como queen size, con un tamaño de 150 x 190 centímetros, que elige aproximadamente el 29,8 % de los consumidores. Este tamaño supera ya la tradicional cama de matrimonio de 135 x 190 centímetros, que representa el 19,2 % de las preferencias. Por su parte, las camas kingsize, de 180 x 200 centímetros, son elegidas por el 9 % de los compradores, una opción que apunta a una demanda creciente de espacios de descanso más amplios.

La preferencia por camas más grandes responde principalmente a una búsqueda de más confort y libertad de movimiento durante la noche. Dormir en una superficie más amplia facilita los cambios de postura y puede reducir las interrupciones del sueño, especialmente cuando se comparte la cama con otra persona.

En el caso de los dormitorios individuales, sin embargo, el patrón es diferente. La cama de 90 x 190 centímetros sigue siendo el formato estándar para habitaciones juveniles, habitaciones individuales o segundas residencias, donde el espacio disponible y la funcionalidad suelen tener más peso que el confort extra.

La evolución de los materiales del colchón

Más allá del tamaño de la cama, también cambian las preferencias en relación con los materiales y tecnologías de los colchones. El análisis de Conforama indica que el 53,3 % de los consumidores opta por colchones de espuma de alta resiliencia (HR) combinada con viscoelástica. Este tipo de composición destaca por su capacidad de adaptarse al cuerpo y reducir los puntos de presión.

En paralelo, los colchones de muelles continúan teniendo una presencia destacada en el mercado. Un 45,8 % de los compradores los prefiere, aunque dentro de esta categoría hay diferencias importantes. Los muelles ensacados, elegidos por el 27,8 % de los consumidores, son especialmente valorados porque reducen la transmisión de movimientos entre las personas que comparten la cama. En cambio, los muelles de hilo continuo, con un 18 % de preferencia, destacan por su firmeza y resistencia.

Estas características técnicas responden a necesidades muy concretas de los usuarios. Entre las más habituales se encuentra la búsqueda de una mejor ventilación del colchón —especialmente relevante durante las noches calurosas—, una adaptabilidad más elevada ante posibles molestias de espalda o la reducción de las vibraciones cuando se duerme en pareja.

Una sociedad más exigente con el descanso

El estudio también se ha analizado en colaboración con la socióloga y experta en higiene del sueño Carmen Domínguez, que apunta que el cambio en las preferencias de los consumidores refleja una conciencia más elevada sobre la importancia de dormir bien.

Según la experta, cada vez hay más personas que se preguntan si realmente duermen peor o si simplemente son más conscientes de la importancia del descanso. A su entender, ambas cosas pueden estar ocurriendo a la vez.

Los datos sobre calidad del sueño lo confirman. En España, aproximadamente el 21 % de los adultos afirma sufrir al menos un síntoma de insomnio tres o más noches por semana, mientras que la prevalencia de insomnio crónico se sitúa alrededor del 14 %. Además, diferentes estudios indican que casi la mitad de los adultos duerme menos de siete horas diarias, un umbral que a menudo se considera el mínimo recomendado para un descanso saludable.

Factores como el estrés, la hiperconectividad o el uso de pantallas antes de ir a dormir tienen un papel clave en esta situación. Según Domínguez, la sociedad actual ha ido reduciendo horas de sueño en favor de la productividad y del ocio digital, hecho que provoca que muchas personas duerman menos y con un nivel de activación más alto.

Colchón Foto Conforama

Más espacio para dormir mejor

La tendencia hacia camas más grandes también tiene una explicación fisiológica. Durante la noche, el cuerpo lleva a cabo diversos cambios posturales para redistribuir la presión corporal. Cuando se comparte la cama, estos movimientos pueden transmitirse a la otra persona y generar pequeños despertares que interrumpen el ciclo del sueño.

Por este motivo, superficies de descanso más amplias o sistemas que permitan independencia de movimientos pueden ayudar a mantener un sueño más estable. Las tecnologías como los muelles ensacados o las superficies más grandes contribuyen a reducir las vibraciones y mejorar la calidad del descanso compartido.

La temperatura del entorno también es un factor determinante. Para dormir, el organismo necesita reducir ligeramente la temperatura corporal, de modo que los materiales transpirables y las tecnologías termorreguladoras pueden ayudar a mantener un entorno más estable durante la noche.

¿Cuándo se debe renovar el colchón?

Otro elemento clave para un buen descanso es la renovación periódica del colchón. Según los expertos consultados por Conforama, lo más recomendable es sustituirlo cada ocho o diez años, ya que con el tiempo puede perder firmeza y capacidad de soporte.

Algunos de los signos más habituales que indican que ha llegado el momento de cambiarlo son despertarse con dolor lumbar, notar hundimientos o experimentar más cambios de postura durante la noche. Con el paso de los años, además, el colchón puede acumular ácaros y otros alérgenos que afectan la higiene del descanso.

La almohada, un elemento clave a menudo olvidado

Aunque el colchón es el elemento principal de la cama, la almohada también tiene un papel esencial en la calidad del descanso. Los expertos recomiendan renovarla aproximadamente cada dos años, ya que con el uso puede perder firmeza y capacidad de soporte cervical.

Una altura inadecuada de la almohada puede generar tensión en el cuello y en los hombros y provocar pequeños despertares durante la noche. Por eso, su elección debe adaptarse a la postura habitual de cada persona: quienes duermen de lado suelen necesitar almohadas más altas, mientras que quienes duermen boca arriba suelen requerir una altura media que mantenga la alineación de la columna.

En definitiva, los datos de Conforama muestran que el descanso se ha convertido en una cuestión cada vez más relevante para los consumidores. Desde el tamaño de la cama hasta los materiales del colchón o el tipo de almohada, cada vez hay más factores que entran en juego en la búsqueda de un sueño de calidad. Y todo apunta a que esta preocupación continuará marcando las tendencias del sector en los próximos años.