En pocos días, hemos sufrido unos cambios de temperaturas un tanto bruscos, con lluvias, frío, calor, bochorno… Acaba de terminar la primavera y comenzar el verano y a veces en esta época del año las temperaturas son algo inestables. Pero, ¿tiene algunas consecuencias en nuestro cuerpo estos cambios?
Los cambios pueden aumentar el riesgo de sufrir algún tipo de infección vírica o bacteriana, no tanto por la temperatura en sí, sino porque debilitan nuestro sistema inmunitario haciéndolo más proclive a enfermar. Por eso es típico en estos tiempos constiparse más o coger alguna que otra patología menor como una gastroenteritis. Sobre todo cuando el descenso de temperatura es muy brusca, como ha ocurrido en estos últimos días.
A esto se le suma que la sensación de humedad derivada de más lluvias o menores temperaturas, puede afectar a aquellas personas que tienen problemas en sus articulaciones. Por eso también es más común sufrir dolores de huesos, lumbagos, ciáticas o molestias en la espalda.
El exceso de humedad provoca dolores en las articulaciones
Los estudios lo han demostrado. Por ejemplo esta investigación de título How the weather affects the pain of citizen scientists using a smartphone app (Cómo el clima afecta el dolor de los científicos que usan una aplicación para teléfonos inteligentes) llevada a cabo por la Universidad de Manchester que realizó un seguimiento de 2.500 personas que sufrían de problemas de salud crónicos como la artritis, fibromialgia, migraña y dolor neuropático de todas partes de Reino Unido.
La investigación demostró que tenían más probabilidades de sufrir dolor durante los días húmedos y los cálidos también con mayor grado de humedad en el ambiente. En concreto, los días húmedos, ventosos y de baja presión atmosférica aumentaron en el estudio las probabilidades de experimentar más dolor de lo normal en un 20%.
Pero no solo afecta a las articulaciones y huesos. El frío y el viento repentinos también pueden afectar a la piel tras un cambio de temperatura y sufrir algún episodio de irritación, falta de hidratación, eccemas o incluso para aquellos que lo padecen algún brote de rosácea y otros trastornos.
En cuanto al estado de ánimo, los cambios de temperaturas provocan cambios en las hormonas que regulan este aspecto de nuestro organismo, como la dopamina o la serotonina, por lo que no es raro encontrarse más triste, confuso, padecer una especie de astenia primaveral o dolores de cabeza y otro tipo de malestares.
En estos casos, lo aconsejable es tener más precaución con las poblaciones más vulnerables como son los niños y los ancianos y estar pendiente de los cambios, tomando precauciones con los golpes de calor hidratándose lo suficiente y evitando las horas de mayor sol en la calle y protegiéndose frente al frío cuando bajen las temperaturas de golpe.