El presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, ha llegado a Pekín en su cuarto viaje a China en cuatro años, con una agenda de alto nivel centrada en reforzar las relaciones económicas y políticas en un contexto internacional marcado por los conflictos y las tensiones con Estados Unidos. La visita, que adquiere por primera vez carácter oficial, incluye una reunión con el presidente chino, Xi Jinping, así como encuentros con otros altos cargos institucionales. El ejecutivo español defiende que esta interlocución fluida puede facilitar inversiones del país asiático en el Estado español y mejorar el acceso de las exportaciones españolas al mercado chino. El viaje se produce en un momento geopolítico delicado, con el foco puesto en la guerra en Oriente Medio y las relaciones internacionales en tensión. En este escenario, el gobierno español considera que China puede jugar un papel relevante como actor estabilizador.

Desde Pekín, también se ha subrayado la creciente importancia de las relaciones bilaterales. En un análisis publicado en China Daily, se señala que "Madrid necesita ampliar su red de alianzas para contrarrestar la presión de Washington, y Pekín, que defiende firmemente el multilateralismo, se presenta como una opción obvia". Además de la dimensión política, la visita tiene un fuerte componente económico. Sánchez se reunirá con inversores y empresas innovadoras, con el objetivo de atraer capital e impulsar sectores estratégicos como la tecnología o las energías renovables. También se quiere avanzar en la resolución de obstáculos comerciales que afectan a productos españoles, especialmente agrícolas y manufacturados.

El viaje también se enmarca en una estrategia europea más amplia. El ejecutivo sostiene que mantiene una coordinación estrecha con la Unión Europea en materia comercial, a pesar de intentar jugar un papel propio en las relaciones con Pekín. Paralelamente, el contexto internacional ha cambiado respecto a visitas anteriores. Varios líderes occidentales han intensificado recientemente sus contactos con China, en un escenario en el que las relaciones con Washington han mostrado signos de tensión.

Mientras Sánchez centra su agenda en la política exterior, en el Estado español el debate político continúa marcado por la confrontación interna. Desde el Partido Popular, el dirigente Elías Bendodo ha criticado el viaje asegurando que el presidente “intenta escapar” de los escándalos y que "La corrupción del sanchismo ya la conocen incluso en China".