Con tres frases zanjó Mariano Rajoy el profundo debate sucesorio que hacía días amenazaba con abrirse en el seno del Partido Popular, debido a unas encuestas a la baja por la pujanza de Ciudadanos y con la mirada puesta en los comicios autonómicos y locales de 2019. El presidente del Gobierno insinuó este miércoles que sería candidato a las elecciones generales de 2020; lo decía justo después de reforzar a su frente fiel encabezado por la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, en un momento en que los nervios abundan en el PP por la inacción del líder.

"En la medida en que se vaya viendo cómo se producen los acontecimientos, intentaré repetir como candidato. A día de hoy, mi idea es repetir, pero tiene que querer mi partido. Veremos cómo evolucionan las cosas, pero yo lo intentaré porque creo que caminamos en una buena dirección", respondía un Rajoy prudente a Carlos Alsina preguntado por la cuestión. Todo ocurría días después de la Junta Directiva Nacional del PP, donde nadie osó hacer público ante el jefe el anhelo de nuevos perfiles y un "proyecto para España" con que hacer caer a Cs y dejar atrás el fracaso del 21-D.

La cuestión es que con su afirmación, Rajoy daba un portazo al presidente de la Xunta de Galicia Alberto Núñez Feijóo –el eterno aspirante territorial a suceder al líder. Feijóo aseguró en una entrevista en La Razón este domingo que el presidente tenía "todo el derecho a presentarse" a elecciones. Ahora bien, parecía postular su candidatura exigiendo que el PP hiciera "autocrítica" para "ganar musculatura" en los comicios generales y autonómicos. El objetivo era evitar la "preocupación" de que la formación de Albert Rivera se hiciera con el voto de los populares –de quién obtiene ya un 60-70%.

Pero mientras el presidente gallego retrocede posiciones, las gana Soraya Sáenz de Santamaría. El nuevo jefe de gabinete de Rajoy, José Luis Ayllón, era el hasta ahora secretario de Estado de Relaciones con las Cortes y mano derecha de Santamaría. Y eso pasa aunque la vicepresidenta fue criticada por personalidades del partido y la opinión pública por la gestión en la crisis soberanista –al ser encargada de la carpeta catalana. Ahora bien: Ayllón siempre la ha acompañado en todo momento; un gesto que da cuenta de la confianza imperturbable que Rajoy mantiene en ella. 

Asimismo, el jefe del ejecutivo ya se ha puesto a trabajar para enderezar la legislatura. Ha logrado que el PSOE se abra a una serie de pactos, que pasarían por la financiación autonómica y la política de agua. Así se habrían emplazado el secretario general Pedro Sánchez y el presidente en una conversación la semana anterior. La circunstancia favorece al PP para acreditar su experiencia de gestión –frente a los "aficionados" de Cs– y Sánchez quiere sacar pecho como partido de Estado –reversionando la estrategia del viejo PSOE, ahora que a Podemos no le ha funcionado el cariz rupturista.

Entretanto, la aprobación de los presupuestos de 2018 seguirá siendo uno de los principales quebraderos de cabeza en la Moncloa: el PNV mantiene que se levante el 155 como condición para pactar –aunque la investidura de Carles Puigdemont sigue siendo el escollo para pasar página del 'procés'. Al mismo tiempo, la formación naranja pide echar a la senadora del PP Pilar Barreiro –investigada– a cambio de su apoyo. Ahora bien, el jefe del ejecutivo dice que el partido de Albert Rivera no se lo ha pedido en persona. "Ya veremos cuándo me lo digan, si es que realmente me lo dicen", se jactaba.

El hecho es que la corrupción sigue siendo la piedra en el zapato de Rajoy, quien reconoció a Alsina que no le molestaba que le llamasen "M. Rajoy" –siglas que aparecen en los papeles de Bárcenas. Este ámbito amenaza con seguir lastrando la legislatura, si es que el presidente vuelve a ser llamado como testigo por la rama valenciana del caso Gürtel. Eso, junto a los escándalos que aparecen diariamente en la prensa, como que el PP se habría presuntamente "financiado con dinero nego", como declaró el exdirigente popular Ricardo Costa ante la Audiencia Nacional.