El 21 de julio del 2015, Quim Torra se convirtió en el nuevo presidente de Òmnium Cultural, curiosamente, a título provisional. Hasta entonces, había ocupado una vicepresidencia de la entidad, referente del catalanismo. Relevó a la emblemática Muriel Casals, que aceptó la designación como número 3 de la lista por Barcelona de Junts pel Sí, la coalición formada por CDC, ERC e independientes para las elecciones "plebiscitarias" del 27-S. Justo en aquel momento, Torra se situó en el punto de mira del españolismo, que empezaba a activarse ante la perspectiva de una victoria por goleada del independentismo.

El editor y activista independentista, a quien Junts per Catalunya, ha propuesto como candidato a la presidencia de la Generalitat, fue objeto de duros ataques por tierra, mar y aire. ¿El motivo? Una serie de tuits, con varias alusiones despectivas a los "españoles", en ocasiones concretadas en políticos como el presidente de Cs, Albert Rivera, que Torra, muy activo en las redes sociales, había hecho desde su cuenta de Twitter tiempo antes. El españolismo, el político y el mediático, ya tenía puesto el ojo en Torra desde que accedió a la presidencia del Born Centre Cultural, la icónica instalación museográfica de la zona cero del 11-S de 1714. Y encontró una auténtica mina de oro para denigrarlo en sus tuits.

El tono de Torra en la red social era, ciertamente, de grueso calibre y, en algunos casos, servía la reacción en bandeja:

"Vergüenza es una palabra que los españoles han eliminado de su vocabulario"

"Escuchar hablar a Albert Rivera de moralidad es como escuchar a los españoles hablar de democracia"

"Los españoles sólo saben expoliar"

"Evidentemente, vivimos ocupados por los españoles desde 1714"

Los tuits fueron suprimidos de la cuenta, pero hubo quien hizo el seguimiento en su día, los conservó, y, en el momento más políticamente oportuno, los difundió. Según parece, de hacer el trabajo se habría encargado la entidad españolista Societat Civil Catalana (SCC), quien, enseguida, pidió la dimisión de Torra por sus mensajes, que tildó de "veneno del nacionalismo".

La caverna mediática digital, como era de esperar, mojó pan en la figura del nuevo presidente de Òmnium. Pero también hubo prensa más "nostrada" que se apuntó al bombardeo. El Periódico de Catalunya dedicó a Torra artículos extremadamente afilados, cortantes como un bisturí. Uno de ellos era "La caverna 'nostrada'" de Xavier Barrena, del 23 de agosto del 2015, que arrancaba con la frase "Ojalá el proceso sirva para que podamos reconocer, que también nosotros, como todo país normal, tenemos nuestra caverna", "etnicista" y "xenófoba". Al día siguiente, en el mismo diario, Emma Riverola, remachaba el clavo con una pieza de título bien explícito: "Vómitos", en alusión a los tuits de Torra, ante los cuales denunciaba "una cómplice condescendencia" de la sociedad catalana.

Vísperas electorales

El procés soberanista se aceleraba. Y el unionismo político se sumó también a la cacería desatada en vísperas electorales contra el nuevo president de Òmnium, una de las dos grandes entidades de la sociedad civil, junto con la ANC, que habían liderado las históricas movilizaciones por la independencia de las últimas "diades". El PP y Ciutadans, por boca de sus diputados en el Parlament Santi Rodríguez y Carlos Carrizosa, llamaron a Torra "sectario" y "xenófobo" y cargaron contra "la raíz profundamente excluyente de una parte del independentismo".

Dos años y medio después, Torra se halla en la tesitura de ser investido nuevo president de la Generalitat a raíz del bloqueo político y judicial al que han sido sometidos los tres anteriores candidatos del bloque independentista pese a su renovada mayoría en el Parlament después de las elecciones del 21-D: el presidente Carles Puigdemont, exiliado en Bruselas, el expresidente de la ANC, Jordi Sànchez, encarcelado en Soto del Real, y el conseller Jordi Turull, preso en Estremera. El sucesor de Torra en Òmnium, Jordi Cuixart, elegido el 20 de diciembre del 2015, también está en prisión por orden del juez del Tribunal Supremo Pablo Llarena, instructor de la causa del 1-O.

El 24 de marzo, Torra intervino en el Parlament en su nueva condición de diputado de Junts per Catalunya, la lista liderada por Puigdemont, para denunciar la represión judicial. Era el día que Turull tenía que ser investido en segunda votación, camino que el juez Llarena había cerrado a cal y canto con el encarcelamiento. En la sesión parlamentaria, Torra, que es persona afable, culta, y tan razonadora como vehemente, desgranó un discurso contundente, a la altura del clima de un país conmocionado de nuevo por los encarcelamientos de políticos independentistas. Un discurso sin  medias tintas: "Ningún ciudadano europeo está soportando lo que los catalanes estamos soportando ahora mismo". Jordi Cañas, antiguo diputado de Cs, hábil tertuliano y azote implacable de "separatistas", aprovechó, dos años y medio después, para exhumar los famosos tuits de Torra. Por lo que pudiera ser.

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