Las autoridades españolas todavía no entienden por qué el president, Carles Puigdemont, ha cogido este lunes un avión de buena mañana y ha abandonado el territorio belga para participar en un acto en Copenhague arriesgándose así a una nueva orden de detención. Es más, el juez Pablo Llarena no descarta en el escrito en que ha rechazado reactivar la euroorden que en realidad "el comportamiento de Puigdemont pueda buscar la detención". Y mientras en diferentes despachos de Madrid se especula sobre las razones del president, este martes el político catalán remachará la tarea con una nueva aparición pública. Esta vez, no en un ámbito académico, sino en el Parlamento de Dinamarca donde celebrará una reunión con un grupo de diputados.

El episodio habría podido formar parte de un capítulo de la serie Borgen. Tanto la aparición de Puigdemont a las ocho y cuarto de la mañana en el aeropuerto de Copenhague rodeado de una nube de fotógrafos como su entrada este martes en el palacio de Christiansborg; pero también, la incertidumbre hasta el último momento sobre si el viaje quedaría finalmente anulado, la petición del fiscal para reclamar la detención del president y el rechazo final del juez, mientras en Catalunya, el presidente del Parlament, Roger Torrent, señalaba al político gerundense como candidato a la investidura. Un guion completo.

Lo cierto es que Puigdemont ha comparecido este lunes en la Universidad de Copenhague en un auditorio lleno hasta los topes. Con decenas de periodistas, gente sentada en el suelo, y estudiantes que seguían el acto como podían mientras que muchos se tenían que conformar con ver la entrada desde el exterior del auditorio universitario de cristal a través de los ventanales congelados.

En Copenhague el día era gris, frío y nublado, pero Puigdemont parece que ya se ha habituado a la contundente frialdad a que el Estado español lo quiere condenar. No sólo no ha mostrado signos de que el castigo esté haciendo mella, sino que delante de un auditorio más bien proclive, teniendo en cuenta el cálido recibimiento con que fue acogido, y a pesar de la áspera contundencia de los ponentes que le acompañaban —"usted es populista", le interrogaron—, el president se despachó a gusto con el gobierno y el Estado españoles.

"La sombra de Franco todavía es alargada en España", advirtió. La potencia de esta imagen es tan evidente en esta Europa que no atraviesa sus mejores momentos como el aviso de Puigdemont que lo que está pasando en Catalunya pone en juego la democracia en toda la UE. "No nos rendiremos ante el autoritarismo", fue su aviso.

Reunión a puerta cerrada

El mensaje llegará hoy al Parlamento de Dinamarca. El president se reunirá con un grupo de diputados. Será a puerta cerrada. El encuentro fue anunciado el mismo viernes que se hizo saber que se había convocado el acto en la Universidad. Lo avanzó uno de los impulsores de la cita, el diputado Magni Arge, del Tjóðveldi (Partido Republicano), formación independentista de las Islas Feroe, territorio autónomo danés. Acudirán, entre otros, miembros de las comisiones parlamentarias de Asuntos Europeos, Exteriores, las Islas Feroe y Groenlandia, también territorio autónomo de Dinamarca.

El hecho de que los diputados estén tras la invitación a Puigdemont es una de las razones que desde el entorno del president se apunta entre los motivos que han llevado al juez a desestimar la activación de la euroorden.

Puigdemont abandonó ayer por la tarde la Universidad de Copenhague visiblemente satisfecho por la forma como había sido acogida su intervención. Mientras algunos de los presentes intentaban hacerse selfies con él, el president confirmó que este martes hablará sobre su situación ante su proclamación como candidato a la presidencia. Será en una comparecencia a media mañana, tras la reunión en el Parlamento.

Mientras el Estado da vueltas a las razones que han llevado a Puigdemont a abandonar su refugio belga y arriesgarse a la persecución de una euroorden, el president ha conseguido llevar su denuncia a Dinamarca el mismo día en que se abre formalmente el camino para su investidura. Este martes, el president acabará de remachar en el Parlamento el trabajo en su incursión danesa. Y volverá a Bruselas mientras la investidura ha comenzado su recorrido.

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