El Parlament de Catalunya dio luz verde hace un año, dos días antes de Navidad, al proyecto de presupuestos del Govern para 2022. Hacía once años que no se aprobaban las cuentas dentro del plazo que marca la ley para que entren en vigor el 1 de enero. En aquel momento, iniciar el 2022 con los nuevos presupuestos en vigor desde el primer día debía convertirse no solo en una situación prácticamente excepcional sino en la imagen gráfica de la supuesta resiliencia del Govern de ERC y Junts. Esa Navidad, el Ejecutivo surgido de la victoria independentista en el Parlament del 14 de febrero debía demostrar que había acabado con el fantasma de la división y la debilidad que asedió el Palau de la Generalitat durante la presidencia de Quim Torra. Pero en realidad aquella inestabilidad seguía incrustada en las paredes del Govern. Justo un año más tarde, la fotografía de la aprobación de las cuentas ha resultado ser un espejismo tan escurridizo como los espectros del Cuento de Navidad de Dickens.

Los presupuestos de 2022 consiguieron salir aprobados en el Parlament el 23 de diciembre, con los votos de los diputados de ERC y Junts y la abstención de los comuns. Era la gran apuesta de los primeros meses de la presidencia de Pere Aragonès; y la clave para el entonces conseller de Economia, Jaume Giró, era conseguirlo dentro de los plazos para garantizar la entrada en vigor desde el 1 de enero. "Presupuestos o presupuestos", se convirtió en el mantra del conseller de Economia. Fue, sin embargo, una carrera repleta de obstáculos. El 22 de noviembre el acuerdo que el president, Pere Aragonès, cerró con los comuns en vísperas del debate de totalidad provocó una crisis con Junts, irritados por el acercamiento a los morados, pero, a la vez, abrió una profunda grieta en el 52% independentista surgido de las elecciones. La CUP se posicionó en contra del proyecto, rompiendo el acuerdo de investidura y, de rebote, Aragonès se desprendió del compromiso de someterse a una cuestión de confianza a medio mandato

Presupuestos a tiempo

Era la primera vez desde el 2009 que se aprobaban los presupuestos antes de empezar el año. En cinco de los diez ejercicios anteriores, el Govern ni siquiera consiguió aprobar un proyecto y tuvo que cerrar el ejercicio con los presupuestos prorrogados. Las cuentas del 2022 preveían un gasto que alcanzaba los 38.139 millones de euros, con un incremento de 5.618 millones en relación con las cuentas del 2020, de los cuales 2.142 millones correspondían a los Fondos Next Generation.

En el debate previo a la aprobación, Giró garantizó que aquellos presupuestos eran el instrumento que tenía que permitir superar los efectos de la pandemia, los que tenían que reactivar social y económicamente a Catalunya, y denunció que la falta de libertades y la injerencia de los jueces impedían que fueran mejores presupuestos. Pero el tiempo dejó claro que había más obstáculos.

 

Hasta el mes de octubre de este año, la intención del conseller de Economia era también aprobar los presupuestos para el 2023 dentro de plazo. A finales de septiembre el proyecto estaba ya cerrado y el proceso de negociación con los grupos, en marcha.

Ruptura

No obstante, las diferencias internas entre los socios de Govern y las acusaciones de Junts sobre incumplimientos de los republicanos convirtieron el Ejecutivo en una olla a presión. Todo ello desembocó en la exigencia de Junts a Aragonès durante el debate de política General para que se sometiera a una cuestión de confianza y la fulminante respuesta del president, que destituyó al vicepresident, Jordi Puigneró, lo que se convirtió en el detonante final de una consulta interna a la militancia y el portazo del partido de Jordi Turull y Laura Borràs al Govern.

 

Con la marcha de Junts, a principios de octubre, ERC consiguió asumir las riendas del Govern en solitario. Pero a un precio muy alto. Desde aquel momento tiene el apoyo de solo 33 de los 135 escaños del Parlament. Los republicanos disponen del mismo número de diputados que el principal grupo de la oposición, el PSC, y sustenta su continuidad en una supuesta incapacidad del resto de grupos de ponerse de acuerdo para apartarlo. La consecuencia primera de esta situación es la imposibilidad del Govern de sacar adelante cualquier iniciativa sin el apoyo de alguno de los grandes grupos de la oposición, o tener que encajar decisiones de la Cambra como la reprobación del conseller de Interior, Joan Ignasi Elena.

Atascado en el Parlament

Después de dos meses de dificultades y tropiezos, la semana pasada el Ejecutivo consiguió ver prosperar la primera ley en esta nueva etapa. Se trata de la Ley de Ciencia, que, de hecho, había impulsado con un elevado grado de consenso la anterior consellera, Gemma Geis, como se encargó de recordar el actual titular de la cartera, Quim Nadal, y que consiguió un apoyo muy importante de la Cámara.

Los presupuestos, sin embargo, no han corrido la misma suerte. Aunque el anteproyecto estaba casi terminado antes de la crisis de Govern, los cambios introducidos por ERC en la estructura de las conselleries y la desaparición de algunos departamentos se convirtió en el argumento al que se ha acogido Junts para retirar el apoyo a unas cuentas que asegura que ya no son las que preparó Giró.

Pendientes de negociación

A estas alturas, aunque se mantienen abiertas las negociaciones, los incentivos de Junts para apoyar los presupuestos de un Govern del cual consideran que fueron expulsados son tan escasos como el supuesto recorrido que los republicanos conceden a este acuerdo. ERC, sin embargo, no descarta que la necesidad de los exsocios de acentuar su perfil de partido de gobierno, profundamente desgastado después de la salida del Ejecutivo, permita un acuerdo que incluya a Junts.

Por lo que respecta al PSC, en un primer momento tras la ruptura del Govern, el líder de la formación, Salvador Illa, instó, sin éxito, a ERC a abrir la negociación de los presupuestos. De hecho, recibió un ostentoso rechazo del líder de los republicanos, Oriol Junqueras. Ante esta negativa inicial, el PSC ha respondido con indisimulada indiferencia a los llamamientos del Govern a acelerar las negociaciones. Los socialistas, que aseguran que no se sienten condicionados por los acuerdos que ERC cierra en Madrid con el PSOE, han fijado las líneas rojas de las conversaciones en macroproyectos como el Hard Rock, la ampliación del aeropuerto o el Quart Cinturó. Conscientes de que tienen la llave no solo de los presupuestos, sino de la continuidad del Govern, se hacen rogar y marcan el calendario al Ejecutivo.

A pesar de que el Govern asegura que la negociación de los presupuestos está ya cerrada, este viernes la portavoz del PSC, Alícia Romero, aseguraba a Europa Press que todavía "queda un buen trecho" para cerrar un acuerdo. "Estoy convencida de que no lo anunciaremos los próximos días porque todavía queda trabajo por hacer", aseguró.

En este contexto, ahora mismo ERC tiene solo atado el apoyo de los comuns, que la semana pasada garantizaron el voto a los presupuestos, pocos días antes que, este martes, ERC ha facilitado con su abstención la aprobación de los presupuestos de Ada Colau en Barcelona.

El Govern aprobó el martes el decreto con los criterios de aplicación de la prórroga de los presupuestos del año pasado y todavía no ha podido llevar a la mesa del Consell Executiu el proyecto del próximo año, que una vez se apruebe en el Govern, todavía tendrá que recurrir la tramitación al Parlament que se alargará un mínimo de 45 días. Como Ebenzer Scrooge del cuento de Dickens, los fantasmas de la Navidad vuelven a pasearse por el Palau de la Generalitat.