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La asfixia que sufre Pedro Sánchez es doble. Está la judicial, que no decrece, todo lo contrario. Y está la parlamentaria, con las relaciones con Junts per Catalunya rotas y pidiendo elecciones, con el PNV convirtiéndose en un socio que también exige comicios anticipados y con Alberto Núñez Feijóo exhortando a estas dos formaciones catalana y vasca para que apoyen una moción de censura. Esta semana, el Congreso de los Diputados ha presionado al líder socialista para que ponga ya las urnas. Pero convocarlas ahora, obligado por la agonía judicial, lo situaría en una posición de debilidad. El jefe del ejecutivo busca el momento adecuado, la mejor ventana de oportunidad. Y puede haberla encontrado: unos presupuestos generales del Estado que todo el mundo tiene asumido que están condenados al fracaso. La derrota de unas cuentas expansivas rellenas de medidas sociales permitiría justificar las urnas por el bloqueo político, sacar pecho de su programa de gobierno y proyecto de Estado, y no por la asfixia judicial. 

El PNV le ha puesto la pista de aterrizaje. La formación comandada desde Bilbao por Aitor Esteban —curtido durante años como diputado en el Congreso— hace semanas que aboga por anticipar las próximas elecciones generales, que Sánchez tiene obligación de convocar como máximo en verano de 2027. Los peneuvistas aseveraban que la legislatura había llegado ya a su final, estaba bloqueada y muerta, especialmente después de la imputación de José Luis Rodríguez Zapatero y la investigación de las cloacas del PSOE. En la sesión de control de este miércoles, los jeltzales advertían a Sánchez que está “acabando con la fe” de la formación, y plantearon un ultimátum. “Presente los presupuestos y, si no consigue un acuerdo suficiente en la cámara, la tiene que disolver y convocar elecciones”.

El PNV y los presupuestos, un calendario cómodo: Sánchez no descarta elecciones en caso de derrota

Algunos de los socios parlamentarios de Sánchez consultados por este periódico interpretan que los peneuvistas han falseado una amenaza. Creen que no es un verdadero ultimátum, que se trata de un teatrillo pactado con los socialistas, con quienes mantienen una relación de connivencia: socios en Madrid y gobierno de coalición en Euskadi. Consideran que esto les permite hacer ver que presionan a Sánchez y, a la vez, darle oxígeno a cambio de que no convoque generales en mayo, cuando se celebran las municipales y forales: el PNV teme que unas elecciones estatales eclipsen las locales y parte de su electorado haga un all-in en las urnas con los socialistas.

Si Sánchez siguiera la pauta que le han puesto ahora los jeltzales, el límite para presentar unos presupuestos en tiempo y forma es octubre, con voluntad de someterlos a votación en enero, a pesar de que antes habría los debates de totalidad. Ante una previsible derrota, se podrían celebrar elecciones hacia marzo; a poquísimos meses de que en julio de 2027 se cumplan los cuatro años de legislatura. 

Al día siguiente del movimiento del PNV, a su llegada a Bruselas para la reunión del Consejo Europeo, Sánchez fue preguntado por esta cuestión. Los periodistas que lo esperaban, concretamente, quisieron saber si una derrota en los presupuestos sí que podría hacerle cambiar de opinión respecto a querer agotar el mandato. El presidente del Gobierno no descartó anticipar elecciones en este escenario. Aseguró que su ejecutivo "negociará con los grupos parlamentarios" y se "tomarán decisiones cuando se produzcan estas hipótesis". Y el viernes, en rueda de prensa, no decía nada y a la vez confirmaba la tesis: "Presentaremos los presupuestos en 2026 y habrá elecciones en 2027 sin coincidir con las municipales y autonómicas". 

Cambio de criterio de Sánchez

El posicionamiento de Sánchez de esta semana es importante porque el presidente español cambia de criterio. No hace ni un año, justo cuando arrancaba el curso, el socialista afirmaba que no dimitiría y continuaría enrocado en la Moncloa aunque la cámara baja le tumbara unas cuentas que una vez más se comprometía a presentar. 

Es la gran promesa incumplida de Sánchez esta legislatura: se aboca a un mandato sin presupuestos. No los ha querido presentar en ningún momento de la legislatura por su debilidad parlamentaria. Pero ahora este motivo podría ser el que, precisamente, justificara presentarlos. En la sala de máquinas de la Moncloa estudian un movimiento a la desesperada para intentar, como sea, provocar el mejor momento posible para convocar elecciones.

Ya trabajan en el borrador de unas cuentas expansivas cargadas de medidas sociales, para provocar un escenario que permita controlar el relato de unas elecciones anticipadas y poner el foco en las medidas que se iban a aprobar. Fue el pasado 3 de junio, desde Barcelona, cuando Sánchez anunció la activación inmediata del procedimiento para elaborar los presupuestos del Estado de 2027. El 29 de junio el Consejo de Ministros aprobará el cuadro macroeconómico para las cuentas.

Una tormenta judicial que no va a menos

Sánchez destacaba hace meses en una comparecencia en el Congreso sobre tramas irregulares con sello del PSOE que de todos los presidentes del Gobierno, solo Zapatero tenía el expediente limpio; que ni el partido ni ningún ministro había sido salpicado por ninguna irregularidad durante su presidencia. El ejemplo no ha envejecido bien. Zapatero ya ha declarado en la Audiencia Nacional y el juez no se lo ha creído. 

El caso de Zapatero irá para largo, pero en los próximos días, semanas o meses la Moncloa tendrá que gestionar la llegada de las sentencias a José Luis Ábalos y a David Sánchez, hermano del presidente español. También el inicio del juicio a su esposa, Begoña Gómez; la posibilidad de que aparezcan más informes demoledores de la UCO sobre el caso de Koldo García y Santos Cerdán, o que directamente abra juicio oral; así como nuevas investigaciones sobre las cloacas del PSOE por las que Leire Díez se movía libremente. No hay ningún indicio de que la tormenta judicial vaya a menos de aquí a final de legislatura. Y Sánchez necesita encontrar el mejor peor momento para convocar elecciones.