No es un déjà-vu. Está pasando de verdad: en las televisiones aparecen los mismos epidemiólogos que hace seis años, los médicos vuelven a hacer un llamado a la calma, los medios de comunicación van repletos de informaciones sobre cómo se contagia la enfermedad y se emiten reportajes sobre cómo se han producido los primeros contagios. Esta vez las primeras imágenes que aparecen no son las de la ciudad china de Wuhan, sino del HV Hondius, un crucero con 144 viajeros que se dirige a las Islas Canarias, donde ya han muerto tres personas infectadas. Ya no es la covid del año 2020, sino el hantavirus. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que esto no será como el SARS-CoV-2, que no hay riesgo de una nueva pandemia. Muchas cosas son diferentes. Pero hay algunas que continúan igual, y una es la guerra entre formaciones de la política española.
Como ya pasó con la covid, ahora se han generado algunas confusiones sobre este nuevo virus y la manera de controlarlo; y el Gobierno ha caído en algunas vacilaciones. El PP lo está aprovechando y está alimentando el relato del descontrol y del caos. Reviven los mismos fantasmas de principios de década, cuando aún no se sabía que el coronavirus sería una pesadilla representada en meses y meses de confinamientos, crisis económica, bulos y desinformación en las redes sociales, desesperación por las vacunas y lo más grave de todo: alrededor de siete millones de muertos en todo el planeta; 122.000 aproximadamente en el Estado español.
En 2020, cuando aún no se había decretado el estado de alarma y el confinamiento obligatorio en todo el Estado (y el PP estaba liderado por Pablo Casado y no por Alberto Núñez Feijóo) la crispación política ya empezaba a supurar. Casado instaba al presidente del Gobierno, ya entonces Pedro Sánchez, a “coger el toro por los cuernos” y establecer un “mando único”. Garantizaba el apoyo de su formación a los decretos de alarma, así como a su prórroga, señalando que su partido sería “leal y responsable”. Pero cargaba con dureza contra las medidas que se aprobaban en el Consejo de Ministros. Criticaba que el Gobierno iba “a remolque de los acontecimientos”, y denunciaba las “graves negligencias”, las “vacilaciones” y la “descoordinación” del ejecutivo de PSOE y Podemos.
Feijóo lamenta la “confusión” y los “continuados cambios de criterio” del Gobierno
Feijóo, quien ahora ocupa el despacho de la séptima planta de Génova 13, ha sacado el polvo al diccionario que utilizó hace seis años su antecesor. Esta semana, el actual líder del PP ha lamentado la “confusión” generada por un Gobierno que “cambia continuamente de criterio” ante la crisis del hantavirus. “Esto no es serio”, espetó el jueves Feijóo desde Cádiz; en un acto de campaña de las elecciones andaluzas, eclipsadas precisamente por esta nueva crisis sanitaria. El líder de los populares apeló a la “tranquilidad”, la “claridad” y decisiones basadas en “criterios científicos”. El jefe de la oposición también acusó al ejecutivo español de falta de “lealtad institucional” con las comunidades autónomas y censuró que se adopten decisiones “a espaldas” de los gobiernos territoriales.
El presidente del PP también aprovechó la crisis —la enésima provocada por causas extraordinarias que gestiona Sánchez después de la pandemia del coronavirus, el volcán de La Palma, la DANA valenciana, y el apagón eléctrico de 2025, además de las guerras de Ucrania, Irán o Gaza— para denunciar que hay “ministros candidatos” más pendientes de las negociaciones internas del partido que de su responsabilidad institucional. Así, insistió en que “los ministros deben serlo a tiempo completo”. Aprovechaba de esta manera el líder del PP para disparar contra el principal adversario en estas elecciones del presidente de la Junta de Andalucía, el popular Juanma Moreno. María Jesús Montero ha abandonado la vicepresidencia primera del Gobierno y el Ministerio de Hacienda para ser la cabeza de lista del PSOE en su autonomía.
La cuarentena de los viajeros del crucero
Los “continuados cambios de criterio” a los que se refiere Feijóo son, resumidamente, el relato que ha hecho el Ministerio de Sanidad sobre la cuarentena de los pasajeros. El Ministerio de Sanidad —más inestable que hace unas semanas, porque su máxima responsable, Mónica García, anunció que volvería a la Comunidad de Madrid a hacerle oposición a Isabel Díaz Ayuso— informó que los 14 ciudadanos con DNI español que viajan en el crucero serán trasladados al hospital militar Gómez Ulla de Madrid para hacer una cuarentena. Y la ministra de Defensa, Margarita Robles, resbaló diciendo que este confinamiento sería voluntario.
La ministra García tuvo que rectificarla y advertir que la cuarentena sería obligatoria, y que el Gobierno tiene “herramientas legales” para que así sea. Sin embargo, el Ministerio ha informado que se ha puesto en contacto con estos catorce pasajeros y que todos ellos ven con buenos ojos pasar por este aislamiento. Se prevé que sea largo, y el secretario de Estado de Sanidad, Javier Padilla, ha dicho ahora que será “revisable”, en función de la evolución de los pacientes.
El avión ambulancia de Gran Canaria
La otra historia marcada por el desbarajuste ha sido la del avión que tenía que pasar por Marruecos y al final ha pasado por las Islas Canarias. En un primer momento, el Ministerio de Sanidad informó que un avión ambulancia que evacuaba desde Cabo Verde a Países Bajos a dos pacientes con indicios de haberse contagiado de hantavirus aterrizaba en la isla de Gran Canaria a repostar, después de que Marruecos se negara a recibir la aeronave en Marrakech. Más tarde, el Gobierno rectificó e informó que la parada se debía a una ruptura en la burbuja de aislamiento de uno de estos pacientes.
Conflicto con el gobierno canario y también con Ayuso
El hantavirus no tardó en brotar en un nuevo choque político entre administraciones españolas. El primer caso apareció en una guerra abierta entre los gobiernos español y canario. El ejecutivo insular se mostró en contra de tener que recibir en Tenerife al crucero infectado, pero el Ministerio de Sanidad se enrocó: la decisión se había tomado en una reunión con la OMS. El presidente canario, Fernando Clavijo, denunció la falta de información y coordinación en la gestión de la crisis. Y no acabó aquí: Clavijo aseguró que “no puede permitir” que el crucero infectado entre en Canarias, y abogó por que amarre a una distancia prudencial de la costa; y así será.
Al día siguiente, la ministra García aseveraba que ella misma comunicó por teléfono a Clavijo la decisión de que el barco fuera a Tenerife. El presidente canario así lo acabó admitiendo, y para rebajar aún más la tensión, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, llamó a este jefe de ejecutivo autonómico.
Faltaba la protesta de Isabel Díaz Ayuso, que adoptó un curioso argumentario siendo ella tan conocida por su madridcentrismo, siempre defensora de que todo pase por Madrid. En una entrevista en Telecinco, se le preguntó si está de acuerdo con el hecho de que sea Madrid quien reciba a los 14 españoles que viajan en el crucero. “Yo tengo confianza en la sanidad de Madrid y en un hospital como este; pero no estoy de acuerdo en no saber por qué tiene que ser Madrid. ¿Con qué criterio? ¿Qué opinan los Ministerios? No me parece bien todo este descontrol”, contestó la lideresa madrileña. También denunció que “siempre que pasan cosas de este tipo, Madrid y Canarias estamos entre las prioridades para tener problemas”.