Las portadas de hoy ya te las sabes porque llevan una semana que hacen ver qué y, de golpe, ha llegado el día de la verdad. El tiempo se ha acabado. El veredicto unánime de los diarios culpa a Pedro Sánchez, que sale muy mal parado. Era el responsable de hacer funcionar los engranajes de la política para construir un acuerdo de gobierno. Es el fracasado principal.

"Ser socialista es hacer", decía un eslogan sanchista de 2015. Sánchez no ha hecho y recibe desde todas partes, no sólo de la derecha mediática madrileña —El Mundo le dispara a bocajarro— sino de toda la prensa: es quien sale en las fotos, que hoy dan la impresión de cartel del Lejano Oeste con el Wanted! estampado en grandes letras. Toda la prensa lo presenta con el Rey —que luce una extraña sonrisa profidén, quizás inapropiada— salvo Ara, que publica una foto con el fracaso pintado en su cara, muy adecuada al título —y a la situación, claro.

Dos notas destacables. Una: por aquí y por allà, los titulares desprestigian la actitud del "sostenella y no emmendalla" tan típica de la cultura política española, que hace virtud de la fuerza y la astucia para imponerse y desprecia la negociación y el acuerdo como un defecto, una debilidad. Los costes de la tozudez del desacuerdo empiezan a ser percibidos en los diarios como una carga pesada, que aplaza la toma de las decisiones convenientes, deja escapar oportunidades para resolver los problemas (desde el conflicto con Catalunya al cambio climático o la inmigración y los presupuestos) y los petrifica, favoreciendo los que están mejor instalados. Sirva de buena muestra el subtítulo de La Razón: "La incapacidad de llegar a acuerdos aboca a los españoles a votar cada once meses".

Quizás esos titulares hagan pensar a más de uno que la política es algo más que el caudillaje de la propia hueste y el bloqueo de los rivales. En Italia han aprendido a moverse en la inestabilidad: van a gobierno por año de media desde 1946. A pesar de su actual mal momento, no se puede decir que sea un estado fallido. Es de mal comparar… pero vamos allá: en Catalunya, en este siglo, la mayoría de los gobiernos han sido de coalición entre el perro y el gato. ¿Cuál es el problema?

La segunda nota es que muchos titulares son negativos, agrios, amargos. La medalla de oro se la lleva La Vanguardia, que acusa a "la ineficiencia de los partidos" del callejón sin salida, quizás para no quemar a Pedro Sánchez. Se hace extraño este titular enrabiado —un cañonazo al sistema, poco menos que antipolítico— en un diario que hace bandera de la moderación y la templanza. Todo es opinable, claro. Ciertamente, los partidos —sus aparatos medio oxidados y sus protocolos casi tribales—, no disfrutan de mucho prestigio. Pero, de momento, no hay mejores herramientas a mano para articular la representación de los ciudadanos, promover el debate público y hacer funcionar los resortes de la política. Con ellos vamos todos a nuevas elecciones y más allá. Paciencia.

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