Tocado y (no) hundido. A pesar de que la prensa española tiene claro que el independentismo es el único culpable de la imagen que se está teniendo en estos últimos meses de la monarquía, y no el caso Nóos, ni Corinna, ni Letícia, ni los líos del rey emérito Juan Carlos I, la Casa Real sigue para adelante y con la cabeza bien alta, en parte, gracias a los apoyos públicos del constitucionalismo más arraigado, que no cuestiona —ni con pruebas en mano— nada de lo que hagan la familia real.

El hecho de que ayer el president Quim Torra dejara bien claro que el Rey no está invitado a los actos del 17-A, no ha gustado ni un pelo a los diarios de Madrid que, disimulando un poco su obsesión ya diaria por Catalunya, no se están de comentar la noticia en un tono totalmente negativo y repleto de críticas.

Críticas, otra vez, no solo dedicadas al soberanismo, si no también al gobierno del PSOE e incluso a PP y Cs, a quienes emplazan a volver a crear el bloque del 155 y sumar fuerzas para salvar a la monarquía y erradicar el independentismo.

Medios violentos

"Minar la monarquía. Objetivo de los separatistas y la izquierda radical". Con una foto a toda página de Felipe VIABC abre su portada de hoy sosteniendo que "derrotar al Rey es la vía para acabar con el régimen del 78".

Aunque, una vez más, desde su versión digital no se puede consultar su editorial de hoy, en un artículo titulado "Los secesionistas y la izquierda radical fijan su objetivo en Felipe VI" sueltan que "la crisis abierta por el desafío independentista catalán en octubre del pasado año, que obligó al Rey a intervenir en términos contundentes para detener el golpe de Estado que se pretendía dar desde la Generalitat, ha sido aprovechada por los secesionistas para desgastar la figura de Don Felipe".

En este punto, comienzan a cargar fuerte contra la mayoría de los partidos políticos poniendo encima de la mesa que "es llamativo que mundos aparentemente tan distantes como el del independentismo catalán más conservador, representado por el PDeCAT, ERC y los grupos de la izquierda más radical, como es la CUP, y los sectores más duros de Podemos, se hayan puesto de acuerdo en el objetivo de acabar con el «régimen del 78» y muy especialmente con la Monarquía".

Dicho esto, entran otra vez en su discurso incansable de críticas al gobierno de Pedro Sánchez lamentándose de que "​no ha tenido un discurso nítido en defensa de la institución" y eso ha comportado que en Catalunya "están capitalizando el enfrentamiento con el Estado, incluso con la utilización de medios violentos".

Y no solo eso. En vez de denunciar las constantes (presuntas) irregularidades que se mueven por el entorno de la Casa Real, el diario citado no entiende por qué la izquierda ha pedido una comisión de investigación en el Congreso sobre Juan Carlos I y advierten de que, aunque tienen claro que no se celebrará, "el ruido mediático y la polémica en la opinión pública sin duda favorece el desgaste" porque "muchos ven ahora la Monarquía como el eslabón más débil del sistema".

A parte de esto, arremeten contra el presidente español porque consideran que "bastante tiene con gestionar su propia debilidad, ya que sabe que su permanencia al frente del Gobierno solo es posible con el apoyo de los secesionistas, nacionalistas y la extrema izquierda, que le extorsionan sin disimulo".

Ahora bien. La solución la tienen clara y, teniendo en cuenta que, según su punto de vista, Pablo Casado y Albert Rivera solos por su cuenta no podrán hacer nada, les instan a sumar fuerzas porque, aseguran, "solo la acción decidida y conjunta de este bloque constitucional podría neutralizar la amenaza. Otra cosa es que haya visión de Estado, responsabilidad y generosidad suficiente para eso", concluyen.

Apariencia de desafío

El País, de su lado, no menciona Catalunya ni el independentismo en su portada de hoy, pero sí que dedica su editorial a la reunión bilateral celebrada el miércoles pasado en el Palau de la Generalitat. A pesar de que al día siguiente también la dedicaron a esa cuestión, emplazando al Govern a volver a estar presente en las reuniones del Consejo de Política Fiscal, pero siendo muy suaves en sus críticas, hoy van más fuertes y, bajo el título "Apariencia y realidad", salen a la carga contra el ejecutivo de Quim Torra por "mantener el unilateralismo en su encuentro con el Estado". 

Subrayando que los resultados del encuentro "no convencieron ni defraudaron a nadie porque nadie albergaba expectativas", pero sí que pone especial émfasis al hecho de que el Govern volviera a proponer hablar del referéndum porque eso significa, según su parecer, que "el Govern ha renunciado a reconocer cualquier legitimidad democrática y cualquier viabilidad política a la ilegalidad perpetrada el 1 de octubre, cuando se colocaron urnas a escondidas".

Todo eso demuestra cómo "una vez más, el Govern trataba de disfrazar con la apariencia del desafío lo que en realidad era una forma sublimada de reconocer sus límites" y, por si acaso, dejan claro que "el marco de la reunión que tuvo lugar esta semana fue autonómico y no de Estado a Estado, al igual que lo serán todas y cada una de las reuniones que se celebren, si es que se celebran, durante los próximos meses".

Para rematar, terminan poniendo de relieve que "el Govern dijo lamentar el miércoles que el Gobierno central carezca de programa para Catalunya" y eso, para ellos, significa que "también eso era apariencia, porque la realidad de lo que quería decir es que el independentismo carece por ahora de alternativa política al unilateralismo y a las vías de hecho".

Nacionalismo corrosivo

La Razón, a su vez, recupera la cuestión del president Torra y la monarquía y, aunque tampoco publica nada sobre Catalunya en su portada, escribe un artículo titulado "Torra dice que Felipe VI no está invitado a los actos del 17A: «Catalunya no tiene Rey»", donde se limitan a copiar y pegar el teletipo de la agencia Efe.

El resto de diarios no se centran tanto en Catalunya, aunque alguna mención a la cuestión catalana sí que sueltan como, por ejemplo, El Mundo, que carga contra el PNV, para insinuar que "la reciente historia de España demuestra que someterse al chantaje nacionalista tiene consecuencias perniciosas para la estabilidad nacional".

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