Catalunya no tendrá que repetir las elecciones del pasado 14 de febrero, salvo sorpresa mayúscula. Esta certeza es, por ahora, el único elemento estabilizador de la turbulenta situación política catalana. Con el compromiso de Junts per Catalunya de que no empujará el país hacia unos nuevos comicios, Esquerra Republicana calibra hasta qué punto los últimos movimientos de Junts responden a un juego estratégico, a un farol, para forzar la negociación. En paralelo, los republicanos estudian cuál es la mejor salida para garantizar no sólo que Pere Aragonès se convierta en president, sino que su gobierno sobreviva los cuatro años que tendría que durar, algo que no sucede desde 2006. Cada día que pasa la negociación parece más liada y en las últimas horas ha ido ganando enteros la posibilidad de que Junts se quede em la oposición después de votar a favor de investir a Aragonès.

Superado el mal trago de los dos intentos fallidos de la semana pasada, durante los días de Semana Santa han seguido los contactos y el intercambio de propuestas entre los dos principales partidos independentistas, pero las conversaciones no han desencallado nada todavía. Más bien lo contrario. La situación 53 días después de los comicions y a 50 para la fecha límite que lleve los catalanes de nuevo a las urnas parece haberse complicado. Si hace unos días la mayoría de implicados en las conversaciones apuntaban a un acuerdo antes de Sant Jordi, ahora nadie se atreve a mojarse. 

La opción de entregar la Generalitat a ERC y quedarse fuera de Palau la han verbalizado Jordi Sànchez, Elsa Artadi y Laura Borràs. Sus declaraciones han hecho aflorar en público lo que hasta ahora dirigentes de ERC admitían en conversaciones privadas, que si hace falta gobernarán sin Junts. La realidad es que son varios los dirigentes de ERC tentados de no repetir la tortuosa alianza con el espacio de Puigdemont, pero que eso pueda pasar no está en sus manos a pesar de haber quedado por delante. Y es que el paso previo para que ERC pueda formar gobierno es investir antes a Aragonès y, para que eso suceda, es imprescindible contar con la complicidad de los junteros. La alternativa sería el apoyo externo de los 33 diputados socialistas, pero esta posibilidad se da por descartada.

Desde la misma noche electoral, ERC ha defendido la creación de un gobierno "fuerte y estable" que integrara a la CUP, Junts y los comunes. Una apuesta que nacía muerta de entrada, por los vetos cruzados de los dos últimos. Jèssica Albiach mantiene la mano tendida a Aragonès, siempre que Puigdemont y compañía caigan de la ecuación. Si finalmente quedan fuera del ejecutivo, ECP podría mover ficha.

El acuerdo con la CUP no se toca

Mientras tanto, la CUP se ha convertido, lejos de lo que había pasado en anteriores legislaturas, en el socio estable. Precisamente el acuerdo que los cupaires sellaron con ERC ha sido uno de los factores que han enturbiado las conversaciones con Junts, a quien ha molestado que los republicanos hicieran vía con los anticapitalistas sin esperarles, convirtiendo la negociación en un pressing Junts. Fuentes de ERC apuntan a ElNacional.cat que ya advirtieron a Junts de que los contactos con la CUP estaban encauzados y ahora avisan que no tienen intención de retocar el documento de dieciséis páginas suscrito entre los dos partidos para que entre Junts, que cuestiona la viabilidad de algunos puntos. 

De su lado, la CUP no descarta entrar en el gobierno, por primera vez a la historia. Sería una vez puesto en marcha la legislatura, y habiendo comprobado que ERC va cumpliendo los compromisos adquiridos en el pacto para investir a Aragonès.

Si nos fijamos en la aritmética, la única opción para que el gobierno de Aragonès contara con una sólida mayoría en el Parlament sería integrar a Junts y la CUP. De este modo sumarian 74 escaños. Sólo con Junts tendrían 65, a tres de la mayoría absoluta. Y con la CUP, 42, los únicos que de momento han votado a favor de la investidura. En este último caso necesitarían garantizarse un socio externo que sólo podría ser Junts -o el PSC. Es lo que hizo Artur Mas con ERC en el año 2012. Junqueras le hizo de puntal desde fuera del ejecutivo.

El impacto Cuevillas

Por si el escenario no fuera lo bastante complicado, a la estropeada relación entre los hasta ahora socios de gobierno se le ha abierto un nuevo frente a raíz del cese de Jaume-Alonso Cuevillas como secretario segundo de la Mesa del Parlament. Las declaraciones del abogado cuestionando las numerosas iniciativas simbólicas que el independentismo aprobó al Parlament durante la pasada legislatura, con consecuencias penales para los miembros de la Mesa, le han costado el cargo. Junts lo ha relevado y pretende situar otra de sus diputadas, Aurora Madaula, del ala dura del partido, la que defiende la confrontación sin paliativos.

Los comunes han olido la sangre y quieren aprovechar la rendija para intentar desestabilizar la alianza que ERC, Junts y la CUP cerraron para la Mesa del Parlament in extremis y que cuelga de un hilo desde el día que nació. Para ello han propuesto un candidato alternativo, Lucas Ferro.

La marcha de Cuevillas impacta en las negociaciones no sólo porque hay que volver a votar en un pleno quien lo sustituye -y aquí ERC tiene la llave entre Junts o comunes- sino por el contenido de sus palabras. Las declaraciones de quien fue abogado de Puigdemont casan en cierto modo con el discurso de Junqueras y Rovira, que invitan a desobedecer sólo cuando sea para avanzar de manera concreta hacia la República, evitando gesticulaciones estériles.

En la imagen principal, Pere Aragonès en el Pati dels Tarongers. / Rubén Moreno