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El expresident de la Generalitat Jordi Pujol ha hecho este sábado un llamamiento a preservar la esperanza colectiva y el compromiso con el país en un discurso con motivo del homenaje que le ha rendido la Joventut Nacionalista de Catalunya (JNC). Con 96 años, Pujol no ha intervenido directamente y su parlamento ha sido leído por la presidenta del consejo nacional de la organización, Carlota Monfort, ante militantes y dirigentes del mundo postconvergente. El discurso, de tono reflexivo y con voluntad de legado político y moral, se ha presentado como "un homenaje a una causa mucho mayor que todos nosotros". Pujol ha repasado su trayectoria vital y política, marcada —según ha recordado— por "momentos de alegría, de éxito y también de dificultades", así como por errores y esperanzas acumuladas a lo largo de décadas de dedicación a Catalunya.

"Desde muy joven entendí que Catalunya era una nación que había sufrido una gran derrota histórica", ha afirmado en el texto, recordando los ataques a los derechos sociales, culturales y lingüísticos del país. Ante esta realidad, ha reivindicado que su generación asumió "la obligación de levantarla moral y económicamente", una tarea que ha situado en el contexto del franquismo, la Transición y los años de gobierno en la Generalitat. Uno de los ejes centrales del discurso ha sido la reivindicación del papel de la sociedad civil en la construcción nacional. "Catalunya nunca la ha hecho un gobierno, sino la gente", ha remarcado Pujol, citando explícitamente a familias, maestros, empresarios, agricultores, comerciantes, voluntarios, alcaldes y jóvenes como protagonistas del progreso del país.

"No esperéis que todo lo resuelva la política"

En esta línea, ha advertido contra una excesiva dependencia de la política institucional: "¡No esperéis que todo lo resuelva la política!". Según ha defendido, "las naciones fuertes son aquellas que tienen una sociedad civil fuerte", mientras que una sociedad que pierde la confianza en sí misma no puede ser salvada por ningún gobierno. Pujol ha recuperado así el concepto de "construcción nacional" que marcó buena parte de su pensamiento político, insistiendo en que este proceso va más allá de las instituciones y pasa por integrar personas, consolidar la lengua y generar conciencia de país. "Ser una nación moderna significa integrar y construir desde la diversidad", ha venido a decir.

El expresidente ha alertado especialmente del riesgo del desánimo colectivo, que ha definido como la principal amenaza para el futuro de Catalunya. "Los pueblos mueren cuando dejan de creer en sí mismos", ha afirmado con contundencia, en una de las frases centrales del discurso. Pujol ha hecho un llamamiento explícito a no dejarse arrastrar por el pesimismo y a mantener la confianza en las propias capacidades. Ha recordado que Catalunya ha superado momentos históricos mucho más adversos —incluyendo derrotas, persecuciones y guerras— y ha defendido que su trayectoria es "una historia de fe y de construcción". "Catalunya solo tendrá futuro si continúa siendo ella misma", ha añadido, rechazando tanto el miedo como el cierre o la nostalgia. En cambio, ha apelado a una actitud basada en la confianza y en la voluntad activa de continuar existiendo como pueblo.

 

 

Integrar, no excluir

En su mensaje a las nuevas generaciones, Pujol ha insistido en que amar Catalunya implica compromiso real: "No significa repetir consignas, sino asumir responsabilidades". Según ha defendido, el verdadero patriotismo consiste en el servicio y la contribución al bien común. También ha reclamado la necesidad de personas preparadas y con capacidad de pensar a largo plazo. "Las naciones no se construyen a golpe de titular ni a través de las redes sociales", ha advertido, en una crítica implícita a la inmediatez del debate público actual. El expresidente ha subrayado igualmente la importancia de deberes como la transmisión cultural, la integración de las personas recién llegadas, la cohesión social y el trabajo bien hecho. "Sin esto, los derechos acaban siendo papel mojado", ha apuntado.

Otro de los mensajes destacados del discurso ha sido la defensa de una identidad abierta. Pujol ha advertido contra la confusión entre firmeza y sectarismo o entre identidad y exclusión. "Nuestra fuerza no ha sido la uniformidad, sino la capacidad de integrar, sumar y hacer sentir partícipes a personas muy diferentes", ha afirmado. Esta idea conecta con una de las líneas maestras de su pensamiento: la construcción de una Catalunya cohesionada a partir de la diversidad, con la lengua y la cultura como elementos vertebradores pero con voluntad inclusiva.

En el tramo final del discurso, Pujol ha ofrecido una reflexión de carácter más generacional. Ha definido Catalunya como "una obra inacabada" que ninguna generación puede considerar propia en exclusiva. "Cada generación es depositaria: la recibe, la cuida, la enriquece y la transmite", ha señalado. En este sentido, ha recordado que su generación recibió "un país herido" e intentó reconstruirlo, y ha trasladado esta responsabilidad a los jóvenes: "Ahora es vuestro trabajo, con amor al país y esperanza". El discurso se ha cerrado con una apelación directa a preservar esta esperanza colectiva: "Los pueblos que la pierden acaban desapareciendo". Con esta advertencia, Pujol ha querido dejar un mensaje final claro a las nuevas generaciones: "La misión que os confío es que améis Catalunya".