El presidente de Òmnium Cultural, Jordi Cuixart, ha avisado a través de una carta que si el Tribunal Supremo acaba condenando a los presos políticos será "un gran incentivo" para seguir avanzando "hacia una democracia madura y consolidada en forma de República".

En una carta publicada en La Vanguardia, después de 600 días encarcelado, Cuixart ha reconocido que si el tribunal del juicio al procés los considera culpables "será una triste noticia para las libertades colectivas" y ha cargado duramente contra la acusación por haber relacionado el 1-O con violencia y un golpe de estado. "Vincular el 1-O con algún tipo de violencia o compararlo con un golpe de estado es tan escandalosamente falso como deshonesto. La acción no violenta no es violencia, ni aquí ni en ningún sitio", ha sentenciado Cuixart, que ha añadido que el referéndum fue el acto de desobediencia civil "más masivo de Europa de los últimos treinta años".

Defensa de la desobediencia civil

Cuixart, que empieza la carta autodefiniéndose como preso político, hace una defensa de la desobediencia civil como herramienta para "provocar un cambio a la ley o a los programas de gobierno" y ha destacado el carácter no violento, que cree que se corresponde al de la movilización catalana. En este sentido, y encarando la última semana del juicio al procés, el presidente de Òmnium ha recordado que "2,3 millones de catalanes fueron a las urnas porque estaban convencidos de que tenían derecho" y ha asegurado que entre el dilema de escoger entre los derechos fundamentales o acatar una suspensión del Tribunal Constitucional "no renunciaron a los derechos más elementales".

También en relación al referéndum, Cuixart insiste en que la desobediencia ejercida está amparada en la libertad de conciencia, de expresión y la participación política, que recuerda que son derechos fundamentales. Así, el líder social encarcelado recuerda que la desobediencia civil es "un test constante" a la constitucionalidad de las leyes, y por lo tanto avisa que perseguir a quien cuestiona la legalidad supone "contradecir" el espíritu de cualquier constitución democrática.


"El problema no es por qué se desobedece colectivamente una ley, sino por qué se tendría que obedecer una que es considerada injusta", explica Cuixart, que cita en M. Luther King en la obligación personal de "desobedecer leyes injustas". El presidente de Òmnium también recuerda, de hecho, que el mismo Tribunal Supremo  dictó una sentencia en el 2009 donde reconocía que la desobediencia civil podía ser concebida como un método legítimo de disidencia ante el Estado.

Cuixart insiste en que sin esta herramienta de lucha las mujeres no habrían conseguido el derecho al voto o las leyes en defensa de la segregación racial en Estados Unidos todavía serían vigentes, y asegura que sólo la presión ciudadana puede cambiar "el inmovilismo" en lo que tiende la legalidad y el Estado de derecho. Además, el líder de Òmnium asegura que la desobediencia civil "merece respeto" por parte de todo el mundo porque "persigue el bien colectivo".