El president Jordi Pujol quería declarar en el juicio que se seguía contra él en la Audiencia Nacional. Así lo aseguró el pasado mes de noviembre al tribunal y lo ha reiterado este lunes cuando lo ha examinado el forense y lo han “entrevistado” los magistrados. No obstante, la cabeza del presidente, de 95 años, no lo ha acompañado en su deseo de defenderse. Pujol ha podido responder algunas de las cuestiones que se le han planteado durante el examen y en otras el embrollo de la cabeza lo ha traicionado. Ha resultado especialmente ilustrativo cuando uno de los hijos ha tenido que entrar a ayudarlo y el presidente, a preguntas del forense, no ha sido capaz de decir su nombre. Con todo, alguno de los tres miembros del tribunal habría mantenido sus reservas hasta el último momento, según fuentes de las defensas.
Pujol ha llegado a la Audiencia Nacional a las 9 y 7 minutos de la mañana, con el mismo vehículo privado con el que este domingo salió de Barcelona. Se le ha autorizado a entrar por el párking, lo cual le ha ahorrado el recorrido a pie hasta la puerta del tribunal ante las cámaras. El president presenta desde hace tiempo deficiencias cognitivas, pero también considerables dificultades para caminar.
En la sede del tribunal en San Fernando de Henares, ha tenido un primer encuentro con el forense de la Audiencia Nacional. Solos. Cuando el médico ha salido, tras examinar al veterano político, ha explicado a uno de los hijos que Pujol insistía en que quería declarar. La petición del president ha corrido como la pólvora por los pasillos de la Audiencia Nacional, donde la familia, los abogados y la prensa esperaban una resolución que se había anunciado para las 10 horas de la mañana, pero que no se ha acabado sabiendo hasta casi las 11 horas, cuando finalmente se ha podido reanudar el juicio.
Entero y lúcido
El president estaba en el momento de hablar con el forense “muy entero y muy lúcido”, según fuentes de la familia. Acto seguido, han sido los miembros del tribunal los que han querido plantear diferentes cuestiones a Pujol, el presidente del tribunal, José Ricardo de Prada, y las magistradas Ana Mercedes del Molino y María Fernanda García, por lo cual han entrado también dos abogados del equipo de Cristóbal Martell, que lleva la defensa del president, Albert Carrillo y Pau Ferrer. El forense ha continuado igualmente presente.
Pujol ha sido capaz de explicar las fechas en que fue president de Catalunya, del 1980 al 2003, pero ha tenido más problemas cuando se le ha interrogado si tenía conocimiento de las acusaciones que se planteaban contra él en el juicio. No solo no ha podido concretar las acusaciones a las que hacía frente, sino que, además, su respuesta se ha dispersado en divagaciones sobre la política española, según fuentes conocedoras de la conversación.
Mientras los magistrados examinaban a Pujol, los representantes de la defensa han detectado que las evidentes dificultades del president provocaban que dos de los miembros del tribunal tuvieran muy claro que Pujol no estaba capacitado para seguir el juicio, mientras que una de las magistradas aún mantenía reservas sobre la decisión a adoptar.
“Sabe cómo se llama?”
En un momento de todo este procedimiento, el forense ha hecho entrar a uno de los hermanos Pujol Ferrusola, para quitarle la chaqueta al president para tomarle la presión. En aquel momento el forense le ha preguntado si sabía quién era la persona que le estaba ayudando. El president se lo ha mirado con ojos que indicaban que lo reconocía, pero sin responder. “¿Sabe cómo se llama?”, le ha insistido el forense, pero Pujol no ha sido capaz de decir el nombre del hijo que estaba en la sala ayudándole a quitarse la chaqueta.
Finalmente, casi daban las 11 horas cuando se ha reanudado el juicio, con una hora de retraso, y el presidente del tribunal, José Ricardo de Prada, ha explicado que los magistrados habían constatado la “imposibilidad” de Pujol de seguir el juicio y habían acordado dejarlo fuera del procedimiento. El juez ha explicado la decisión de obligarle a presentarse en San Fernando de Henares por un “especialísimo interés” del tribunal de conocer de primera mano su situación, por lo cual querían mantener una “entrevista” con él. Según de Prada, este “contacto personal” era “imprescindible”, dado que las valoraciones de los forenses y médicos son “herramientas” y “elementos técnicos”, pero la decisión final corresponde al tribunal.
Tan pronto como se ha conocido la decisión, el abogado Pau Ferrer ha salido de la sala, a petición del juez, para informar a Pujol de la resolución del tribunal e indicarle que podía marcharse. La carpeta del presidente en la Audiencia Nacional ha quedado definitivamente cerrada, a pesar de que el presidente finalmente ha tenido que volver a Barcelona sin haberse podido defender.
