Alerta por la expansión de una serpiente nadadora que está a punto de exterminar las lagartijas pitiusas, que podría desaparecer por completo de Eivissa. El Centre de Recerca Ecològica i Aplicacions Forestals (CREAF) ha recordado este viernes que los responsables de esta situación extrema somos, al fin y al cabo, los mismos humanos, que trasladamos involuntariamente a la isla la conocida como culebra de herradura (Hemorrhois hippocrepis) —supuestamente, escondida en olivos importados de la Península—. Esta serpiente exótica ya se ha expandido por casi toda la isla (90%) y ha devorado la mayoría de ejemplares de la lagartija endémica (Podarcis pityusensis), pero la situación aún puede ser peor: una investigación del CREAF publicada en la revista Ecology ha constatado que, como son capaces de nadar por el mar, también extinguen poblaciones con coloraciones únicas de los islotes de alrededor.
Los investigadores liderados por Oriol Lapiedra, que llevan seis años investigando en las illes Balears, reconocen que, originalmente, pensaban que los islotes estaban protegidos de la serpiente, ya que no tenía manera de acceder a ellos con el mar de por medio. "De hecho, en el artículo científico explicamos que cuando empezamos a detectar las primeras serpientes pensábamos que se trataba de introducciones accidentales, quizás vinculadas a embarcaciones o al transporte humano. Pero, a medida que recopilamos vídeos, fotografías y testimonios de serpientes nadando en mar abierto entendimos que eran capaces de llegar por ellas mismas", relata Lapiedra. La novedad ahora es que este comportamiento no se había observado nunca en esta especie ni en casi ningún otro caso en todo el mundo, y se consideraba muy poco probable que una serpiente colonizara activamente otros territorios nadando. Pero las cosas podrían haber cambiado: ya han agotado buena parte del alimento en la isla principal.

La investigación coincide con el momento en el cual sucede la invasión, de manera que el equipo está confirmando en primera persona en qué islotes hay extinciones y en cuáles todavía quedan ejemplares. Así, se están salvando ejemplares, que se trasladan al Zoo de Barcelona en colaboración con el Govern de les Illes Balears para hacer cría ex situ. Pero la realidad es que ya se han extinguido las poblaciones únicas de lagartija en diez islotes, entre los cuales están el de Santa Eulària o el de s'Ora. Son islotes pequeños, motivo por el cual la extinción tiene lugar muy deprisa: unas pocas serpientes pueden acabar con toda la población en pocos meses. La pérdida es irrecuperable, no hay más en ningún sitio, y el equipo trabaja a contrarreloj para salvar todos los ejemplares posibles.
Para el estudio, el equipo ha combinado trabajo de campo, trampas para detectar serpientes, comparación de censos actuales y antiguos, filmaciones, fotografías y observaciones verificadas de pescadores y residentes. En el caso del islote de Santa Eulària, instalaron 12 trampas y capturaron hasta 58 ejemplares de serpiente entre 2023 y 2025. ¿Y, en el caso de las lagartijas? En 2016, había 72; en 2023, ya solo tres; en 2025, ninguna, confirmando la extinción local de la población —tal como explica Guillem Casbas, uno de los autores principales del estudio—.

El CREAF recuerda que la lagartija de las Pitiüses es una especie endémica que tiene un gran valor cultural y un rol básico en el ecosistema de la isla, ya que ha evolucionado con ella desde tiempos inmemoriales. Es decir, que ha tenido un rol clave: poliniza la mayoría de las flores, controla las plagas porque se alimenta de insectos y dispersa semillas. Y, como hemos dicho, no es solo en Eivissa: también en Formentera y en casi cuarenta islotes, hecho que ha dado lugar a poblaciones con coloraciones únicas en cada zona. Es más, es una de las especies con más variaciones de color en el planeta, motivo por el cual suscita tanto interés entre la comunidad científica del mundo. Tonos verdes, marrones, grises, azules y negros... son el resultado de miles de años de adaptación a los diferentes hábitats y del aislamiento genético de los islotes. Y ahora todos estos años están en riesgo serio. "Perder estas poblaciones únicas evolutivamente significa que no volveremos a ver ejemplares iguales", alerta Casbas.
La historia de la invasión comenzó hace dos décadas, cuando la serpiente se estableció poco a poco en regiones muy concretas. Desafortunadamente, entre 2010 y 2015 comenzó una expansión sin freno: si en 2010 ocupaba menos de un 5% de Eivissa, en 2016 ya era un 40%; en 2025, más del 90%. "Cuando la serpiente conquista una nueva zona de la isla, puede tardar menos de tres años en extirpar toda la población de lagartijas. La invasión se mueve como un incendio, con un frente de invasión que avanza a medida que se acaba la comida", comenta Lapiedra. No tiene competidores y está tan bien alimentada que se han capturado muy grandes, de hasta dos metros —un 200% más grandes que las de la Península. Y también han llegado a Formentera, donde una explosión demográfica de la culebra de herradura podría implicar la desaparición de las lagartijas en pocos años, así como un desequilibrio ambiental. Como también se alimenta de ratones, murciélagos, pájaros y musarañas, puede provocar "efectos ecológicos en cascada muy preocupantes". "Se dejan de hacer roles clave como polinizar las flores y las plantas que se cultivan; la dispersión de semillas; regular la población de insectos, que puede evitar plagas; o desplazar a otros depredadores que no tendrán qué comer, como algunos pájaros que se alimentan de pequeños mamíferos", concluye Lapiedra. La expansión de esta especie parece que es un problema en todos los sentidos.
Colonización del islote de Santa Eulària por parte de una serpiente invasora el 15 de abril de 2024 / Esteban Cardona