Ya hace 26 años que el PP se hizo con el poder en la Comunidad de Madrid. Desde entonces, no lo ha soltado. Este martes, los madrileños vuelven a las urnas. Lo hacen para escoger a un presidente por sólo dos años, y después de una campaña de alto voltaje y envenenada por las balas, navajas y las cartas amenazadoras de la extrema derecha más desacomplejada. Y lo hacen justamente para eso: para escoger si el fascismo llegar al poder, convirtiendo la capital española en un laboratorio único en el continente, o si hay una alternancia de las izquierdas. Para que después digan que la "crispación", la "polarización" y la "crisis de convivencia" se encuentran en Catalunya.

Más de 5,1 millones de electores están llamados a las urnas. Y, según los sondeos, hay más de 600.000 indecisos. Tanto las primeras como las últimas encuestas, excepto los siempre polémicos sondeos del CIS, soplan a favor de la candidata a la reelección. Isabel Díaz Ayuso ha consolidado sus expectativas con su sello personalísimo y la agenda habitual: una bajada de impuestos "histórica" y que malos que son Pedro Sánchez y Pablo Iglesias y el comunismo. Una fórmula populista pero que funciona. La diferencia esta vez es que seguiría probablemente sin mayoría absoluta y también sin los escaños de Ciudadanos. Esto la dejaría en manos de la extrema derecha de Vox, a quien ella misma ha abierto las puertas. Una ultraderecha que ya ha demostrado con carteles en el metro y debates electorales hasta dónde puede llevar su lepenismo y su discurso del odio. Su verdadero rostro.

Las tres formaciones de izquierdas, por su parte, parecen haberse asegurado el 5% necesario, que peligraba en el caso de Unidas Podemos. Pero ha sido una campaña errática, especialmente por parte del PSOE. Mientras Mónica García (Más Madrid) se dedicaba a llamar a la participación de los sectores más humildes y Pablo Iglesias pregonaba la fórmula de la coalición de La Moncloa, Ángel Gabilondo se obsesionaba en pescar votos de Ciudadanos y alimentar la teoría de los supuestos "extremos". Hasta que a media campaña Iglesias no dio un golpe sobre la mesa por las amenazas de muerte, el soso socialista no se bajó del burro. Habrá que ver si ha llegado a tiempo o no de cambiar el paradigma.

Justamente la clave estará en si la izquierda será capaz de movilizar sus potenciales electores. Las victorias sucesivas de la derecha en Madrid han sido posibles, sobre todo, a la movilización del 30% más rico sumada a la desmovilización del 70% restante. La participación diferencial ha llegado, en algunos casos, a los quince puntos. Habrá que ver si la amenaza fascista, amparada por policía y tribunales en el caso de los carteles contra los menores migrantes, ha supuesto realmente un punto de inflexión. Si los pobres van a las urnas como los ricos, puede haber partida.

¿Extinción de Ciudadanos?

Sin duda, Ciudadanos tenía mucho mejor candidato que ahora hace dos años. Pero la formación inició el declive con Albert Rivera y ha entrado en una espiral autodestructiva con Inés Arrimadas, especialmente después del papelote en Murcia. Edmundo Bal, con su equidistancia entre fascistas y antifascistas, tampoco ha podido colar su producto durante la campaña. No sólo han sido expulsados del gobierno de la Puerta del Sol, sino que la inmensa mayoría de encuestas coinciden en dejarles lejos de la representación en la Asamblea de Madrid. Si no hay ningún plot twist, el miércoles podría ser una nueva jornada de resaca amarga en Las Ventas, donde se encuentra la sede de Ciudadanos.

Repercusión estatal

Pase lo que pase, quien parece que estará en la posición más difícil será Pablo Casado. Si gana Ayuso, eclipsará su liderazgo. Y la tentación de trasladar el producto fuera de Madrid puede ser suicida. Y si pierde, su partido pierde la joya de la Corona. Pedro Sánchez también se juega mucho, y será un milagro que el PSOE se haga con la Puerta del Sol. Por el camino, después de errar el tiro en Murcia, ha desactivado la alternativa "centrista" de Ciudadanos y prácticamente sólo le queda el bloque de Podemos y ERC. Esto parece alejar las perspectivas de un adelanto electoral en el Estado el próximo otoño. Pero nunca se puede descartar nada en la sala de máquinas de Iván Redondo.

¿Y Catalunya?

Habrá que ver, una vez cerradas las urnas, qué pasa con la carpeta catalana. De momento, se ha ido postergando por el clima electoral. Ahora se aclarará el escenario más inmediato. El Supremo podría terminar el informe de los indultos a los presos políticos este mismo mes de mayo, y de allí saltaría a la mesa del Consejo de Ministros. Todo quedará en manos de la voluntad política --y los cálculos-- de Pedro Sánchez. Si el serial político español no depara ninguna sorpresa más como la de Murcia y Madrid.

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