Eulàlia Díaz-Ramoneda (Barcelona, 1994) es arqueóloga y antropóloga forense, y desde 2014 participa en proyectos de localización y exhumación de víctimas de la Guerra Civil y del franquismo, principalmente en excavaciones en el País Valencià, Andalucía y las Illes Balears. Ahora que se cumplen noventa años del inicio de la Guerra Civil española, nos explica cómo, a pesar de ser una represión eminentemente masculina, también se han encontrado mujeres en las fosas. El asesinato de mujeres tenía un fuerte valor simbólico e intimidatorio, que servía para multiplicar el terror entre la población. Díaz-Ramoneda está graduada en Arqueología por la UB, es máster de Historia Contemporánea y Mundo Actual por la UOC-UB, Máster en Memoria Social y Derechos Humanos por la UNED y máster en Antropología Física y Forense por la Universidad de Granada. Miembro del equipo de investigación de arqueología moderna y contemporánea.
Eulàlia, usted dice que sus trabajos están orientados hacia el estudio de la materialidad como testigo de los procesos represivos. ¿Qué significa, exactamente, este concepto?
La arqueología que nosotros estudiamos es el pasado desde la materialidad, es decir, desde los vestigios materiales que quedan de este pasado. Lo que hacemos es leer todo aquello que queda materialmente del pasado. Son las pruebas, los testimonios tangibles..., en mi caso, las huellas que está dejando sobre unos cuerpos la represión franquista.
Eulàlia, ¿es cierto que en España hay entre cien mil y ciento veinte mil personas enterradas en los arcenes de los caminos y de las carreteras? ¿O es una cifra exagerada?
Es muy difícil cuantificar una cifra. Tenemos un problema de cuantificación. ¿Por qué? Pues porque justamente hay poca documentación. Son episodios que suceden en un contexto bélico y eso hace que no quede registro de muchas de las actividades delictivas que se perpetraron. Pensemos que hablamos, no solo de los que sabemos que son ejecutados, sino también de los desaparecidos, que intuimos que están en estas fosas. Entonces, inferir una cifra exacta es muy complicado; pero esta podría oscilar alrededor de estos números.
Si, al cabo del tiempo, confirmamos esta cifra, ¿podríamos decir que el Estado español ocuparía un lugar destacadísimo entre los países con más gente desaparecida?
Peor todavía. Gente enterrada de forma clandestina. Y aquí radica nuestro trabajo. En sacar a la luz, poco a poco, muchos de estos cuerpos. En los últimos años hemos hecho mucho trabajo, pero queda muchísimo por hacer. Y cuanto más tiempo pasa, también más dificultad; porque el territorio avanza. Ensanchamos carreteras, construimos nuevas, los cementerios se transforman y esto hace que antiguas fosas ya no puedan ser nunca recuperadas.

¿Las fosas comunes de la Guerra Civil son un fenómeno exclusivo de la represión en la retaguardia franquista, o también las hay en lo que fue la retaguardia republicana?
Durante el conflicto, el asesinato tiene un primer lugar como sistema represivo en ambas retaguardias. La diferencia es cómo se producen estas represiones. En un primer momento, en caliente, hay muchos asesinatos, sobre todo en la retaguardia republicana, cosa que intenta ser controlada por parte de algunos gobiernos.
Catalunya es un buen ejemplo de esto, verdad?
Barcelona es uno de los lugares con más asesinatos de retaguardia, en este caso retaguardia republicana. Pero también hay un esfuerzo institucional para controlarla. Es lo que históricamente a veces se habla como el fenómeno de la violencia descontrolada.
¿Y dónde está la diferencia entre esta violencia y la que se practicaba en la retaguardia franquista?
En la retaguardia republicana hubo fosas. La diferencia es que, una vez acabada la guerra, el régimen franquista, a través de la conocida como Causa General, se encargó de localizar, exhumar y dignificar los restos que encontraron. Mientras que las fosas de la represión franquista permanecieron ocultas, y son las que hoy tenemos que sacar.
¿Había más fosas en la retaguardia republicana o en la franquista?
El volumen de fosas de las retaguardias del conflicto no es comparable. La violencia franquista es, cuantitativamente, mucho mayor.
¿Cuál era el perfil de las personas que cometían estos asesinatos?
Es complejo, porque no es un solo asesino o un solo perfil de asesino. Y aquí, también, radica la diferencia entre los asesinos de una retaguardia y los de la otra. En la retaguardia republicana, solían ser gente de la calle, que se sumaban al movimiento revolucionario, y fruto de este momento se producirían unos asesinatos en contra de lo que decía el gobierno.
... ¿Y en la retaguardia franquista?
Pues en el bando franquista, se utiliza la maquinaria estatal para el asesinato masivo y esto tiene unas implicaciones diferentes en el ámbito judicial. Algunos asesinatos fueron cometidos por la Guardia Civil y por el ejército rebelde. Pero en el transcurso de la guerra, muchos de aquellos asesinatos fueron cometidos por civiles que se sumaron a la rebelión. Ahora bien, a diferencia de lo que ocurría en la retaguardia republicana, las autoridades del bando rebelde alentaron estos crímenes.
Cuando hablamos de civiles asesinos en la retaguardia franquista, ¿nos referimos a falangistas o carlistas?
En algunos casos, sí. Pero en otros, serían civiles que no necesariamente estaban encuadrados en ningún tipo de milicia paramilitar, sino que se sumaron a aquellas columnas represoras en la comisión de aquellos crímenes. Y esto lo vemos, sobre todo, en aquellos territorios donde la rebelión triunfó en un primer momento, a través de la munición utilizada en aquellos asesinatos, que podían ser escopetas de perdigones o cualquier tipo de armas de fuego que los civiles podían tener en casa.
En sus trabajos ha puesto de relieve la existencia de muchos restos óseos de mujeres en las fosas de la retaguardia franquista. Y esto nos sorprende, porque, en aquella época, la mujer todavía no había alcanzado un nivel importante de relieve público, y prefiguramos que en estas fosas solo podía haber cadáveres de alcaldes y de concejales.
Es verdad que las fosas han sido un paradigma masculino. Pero la presencia de estas mujeres en las fosas no es, necesariamente, porque fueran figuras políticas, sino porque tenían algún tipo de militancia política o social. En aquella época, la tasa de analfabetismo femenino era muy elevada. Y algunas mujeres fueron asesinadas porque enseñaban a las otras mujeres a leer y a escribir. En la ideología franquista, el perfil público de la mujer era mal visto y castigado. Y se castigó a mujeres por alfabetizar a otras mujeres, o por vestir pantalones, o por opinar en público. Eran situaciones que escapaban de la normatividad femenina que el ideario franquista había asignado a la mujer. Todos estos papeles los veían como un cargo contra las mujeres.
En la comisión de estos crímenes, ¿podríamos hablar, también, de un tipo de violencia vicaria contra las mujeres, por el hecho de ser "la esposa de" o "la hija de" un enemigo?
Sí. Exactamente. El imaginario franquista consideraba a la mujer una propiedad del padre o del marido. Por lo tanto, atacar a las mujeres de los enemigos era una forma más de hacerles daño. Era un tipo de violencia subsidiaria. Se atacaba a "la esposa de" o "la hija de" un enemigo. Atacar la figura de la mujer o el cuerpo de la mujer era una manera de hacer daño a esa persona, a veces oculta, que estaban buscando. Y lo que mencionaba antes, las autoridades franquistas alentaron estos crímenes. Solo hay que recordar al general Queipo de Llano, desde Radio Sevilla, animando a violar a las mujeres republicanas.
Me viene a la memoria el caso de la sastre mallorquina Aurora Picornell, asesinada la noche de Reyes por un pelotón falangista. Las fuentes orales revelan que al día siguiente, uno de los asesinos —un tal Mateu— se movió por varios bares de la zona exhibiendo la ropa interior ensangrentada de la víctima. En sus trabajos, ¿han encontrado testimonios que evidencien que estas mujeres fueron torturadas y violadas antes de ser asesinadas?
Los esqueletos, a la hora de estudiar lo que le ha pasado a esta persona, tienen cierta limitación, ya que no tenemos tejido blando. Por lo tanto, todo lo que pueda dejar marcas en tejido blando, nosotros no lo podremos ver. Solo veremos aquellas lesiones o aquella violencia que haya dejado una marca en el hueso. En el caso de las torturas y las agresiones sexuales, si estas no comportaban, por ejemplo, fracturas óseas, es muy difícil y tenemos que acabar acudiendo a las fuentes orales. En el caso de Aurora Picornell, los testimonios indican que fue torturada y violada, y señalan que sus asesinos exhibieron la ropa interior de la víctima, una vez muerta.
Cuando los arqueólogos forenses hacen un levantamiento de una de estas fosas, ¿combinan los dos elementos, es decir, lo que revela el esqueleto y los testimonios que vienen de fuentes orales y documentales?
En el proceso técnico, los arqueólogos nos ceñimos a las evidencias. Intentamos hacer un tratamiento forense igual que se haría en un caso judicializado. Ahora bien, más allá del informe técnico, hacemos unas memorias, separadas del trabajo puramente técnico, donde detallamos toda la investigación historiográfica: las fuentes orales, las fuentes escritas. Es decir, con todo lo que tenemos hacemos una reconstrucción de la historia.
¿Los restos óseos de las fosas revelan la existencia de torturas previamente al asesinato de aquella persona?
Hay algunos aspectos que nos ayudan a reconstruir una escena de la muerte y se revela la existencia de una violencia previa. Por ejemplo, la aparición de las manos atadas, o una posición forzada del cuerpo que nos indica que aquella persona estaba atada. Es decir, que nos habla del cautiverio previamente al asesinato.
La Guerra Civil fue un conflicto de exterminio físico del enemigo. ¿La existencia de las fosas comunes en las retaguardias, sobre todo en la retaguardia franquista, se puede considerar el producto final de esta estrategia de exterminio físico?
Yo pienso que sí. Es la culminación de un proceso de eliminación física del enemigo. De la persona de ideas contrarias. De hecho, desde el inicio de la guerra, se avanza la idea de no dejar enemigos en la retaguardia. Este es el objetivo, la limpieza ideológica de la sociedad.
¿Qué papel juegan las mujeres, como víctimas, en esta estrategia de exterminio?
Los asesinatos masivos no solo pretendían el exterminio físico del enemigo, sino que también crear un clima de terror. Y el asesinato de mujeres alimentaba este clima de terror. Si bien cuantitativamente la cifra de mujeres asesinadas es menor que la de hombres, debemos pensar lo que significa, cualitativamente, en aquella sociedad machista de la época, el hecho de matar a una mujer por sus ideas. Para el régimen franquista, la mujer no tenía reconocida su capacidad de pensamiento crítico. No se le reconocía su capacidad para hacer política. Son pocas las mujeres condenadas a muerte por tribunales militares. Pero, en cambio, se optaba por otros tipos de castigos como los largos presidios y el aislamiento social. Sí que se le reconocía la capacidad para ser una colaboradora de la causa enemiga, ocultando personas buscadas o haciendo tareas de correo. Y se quería proyectar un mensaje amenazador que advertía que se eliminaría a cualquiera, incluso a las mujeres, que fuera sospechoso de disidencia al régimen.
La cultura popular sitúa, generalmente, las fosas de la Guerra Civil en los arcenes de las carreteras. ¿Es cierta esta idea?
Fosas comunes de la Guerra Civil hay por todas partes. Ahora bien, sí que es cierto que, a medida que avanzaba el conflicto, se concentraban en ciertas ubicaciones, arcenes de carretera, cementerios, bosque, etc. A veces, el cadáver o cadáveres quedaban al aire libre y la climatología, los fenómenos atmosféricos y los animales salvajes eliminaban los restos. Otras veces, los mismos vecinos de la víctima o de las víctimas enterraban los cadáveres y estos son los testimonios que nos están llegando.
¿En las tapias de los cementerios? En Tarragona, por ejemplo, se asesinaron seiscientas personas en la montaña de l'Oliva, cerca de la tapia del cementerio.
Sí, sí…; otras veces era en el interior de los cementerios, o fuera, en algún lugar cercano a la tapia. Al acabar la guerra, en aquellos territorios que habían sido más fieles a la República, las fosas se concentran, básicamente, detrás de los cementerios de las capitales de provincia. Como el caso de Tarragona.
¿Por qué?
Porque ya no son fosas puntuales de momentos improvisados. Son fruto de una represión absolutamente planificada. Forman parte del engranaje represivo franquista. Como, por ejemplo, la de Paterna, al lado de la ciudad de València, que es la principal fosa del País Valencià. En la fosa de Paterna había 2.238 víctimas. En Paterna, el régimen franquista fusiló gente durante veinte años. Entre 1939 y 1959. Nosotros ya hemos exhumado 1.700 personas.
¿Cuál es el perfil de estas víctimas?
Durante los primeros años de la posguerra hay un pico brutal de fusilamientos. Es una represión, principalmente, política. En estas fosas más antiguas encontramos sobre todo los cuerpos de alcaldes, concejales, personalidades públicas del mundo de la cultura, del deporte o del espectáculo que se habían significado a favor de la República.
¿Y en las fosas de la posguerra avanzada?
A medida que avanzan los primeros meses de la dictadura, abundan diferentes perfiles de las víctimas. Encontramos muchas personas sin responsabilidades políticas y con una relevancia pública muy menor. Son campesinos, que simplemente militaban en un partido político o en un sindicato, o son vecinos del pueblo, denunciados por otros vecinos por motivaciones personales, económicas y, a veces, políticas.
¿Estas personas —alcaldes, concejales, vecinos del pueblo— fueron fusiladas sin juicio?
Hay algunos juicios durante la guerra. Pero la gran mayoría fueron fusiladas sin juicio.
¿Ni siquiera, terminada la guerra?
Terminada la guerra, el régimen franquista celebró sistemáticamente juicios sin ningún tipo de garantía procesal. Los acusados no tenían derecho a aportar testimonios para su defensa, ni tenían derecho a un abogado defensor. Ni siquiera a uno de oficio. En muchos casos eran juicios masivos, donde se juzgaba a muchas personas a la vez. Juicios que no tenían ni pies ni cabeza, ni pruebas de cargo, ni tiempo para demostrar nada. Fueron asesinados legitimados por una justicia militar aplicada mal.
Eulàlia, ¿en las fosas de la Guerra Civil, también hay restos de niños y de niñas?
No es lo más habitual. Lo más común son personas adultas. Sobre todo en las fosas de la posguerra, pero sí que hay algunos casos. Sobre todo durante el conflicto y en la retaguardia franquista. Como el de familias enteras que fueron asesinadas. Casos en que el padre estaba oculto —escapando de la represión franquista— y las autoridades ocupantes detenían, torturaban y asesinaban a la madre y a todos los hijos.
¿El patrón era este?
No. En Fuentes de Andalucía, un pueblo de Sevilla, por ejemplo, secuestraron a un grupo de cinco chicas jóvenes que serían conocidas como las niñas del Aguaucho. Había cuatro chicas de 16, 17 y 18 años. Dos eran hermanas. Las detuvieron porque habían bordado una bandera republicana. Y porque eran chicas de una gran belleza física. Las violaron salvajemente y las mataron a tiros. Y las fuentes relatan que al día siguiente del asesinato —como en el caso de Aurora Picornell— los asesinos se pasearon por los bares de la zona exhibiendo la ropa interior de sus víctimas ensangrentada y colgada en la punta del fusil.
Este caso me recuerda al secuestro, violación y asesinato de Maravillas Lamberto, una niña de 14 años de un pueblo de Navarra a manos de sus vecinos carlistas y falangistas. Su cadáver fue abandonado en el bosque, junto a los restos de su padre; y, al cabo de un tiempo, cuando lo encontraron los vecinos, ya estaba parcialmente devorado por los animales.
El cuerpo de la mujer como campo de batalla desgraciadamente es una práctica repetida a lo largo de los conflictos de la historia. Desde la óptica machista de que las mujeres son propiedad o responsabilidad de los hombres de la familia, la agresión sobre ellas se percibe como un daño indirecto hacia ellos, como una manera de hacerles daño.

Los territorios de los Països Catalans, especialmente en el País Valencià y Mallorca, que es donde usted principalmente ha trabajado, ¿hay más fosas de la Guerra Civil que en otros lugares del Estado español?
En cuanto al número de fosas, no. Los territorios más castigados son, probablemente, los del sur; los primeros que caen bajo dominio de la rebelión militar y los primeros donde estos tienen avances. Ahora bien, los territorios de los Països Catalans tenemos el mayor volumen y la mayor tasa de exiliados.
Una última pregunta. Una vez que ustedes han hecho una excavación de un campo y la exhumación de los restos óseos, ¿qué se hace con este material?
Actualmente, los restos son depositados en memoriales colectivos y, en aquellos casos en que es posible identificar individualmente los restos, los entregamos a sus familias. Bueno, los "devolvemos". La mayoría de estos restos son identificados genéticamente, aunque en algunos casos la identificación la obtenemos por otros medios, como las características físicas de un individuo. Yo creo que esta es la idea: devolver a la familia los restos de una persona que fue sustraída de su entorno, que fue asesinada y que fue ocultada.
¿Cómo reaccionan las familias cuando les devuelven los restos de una persona secuestrada, asesinada y desaparecida hace casi un siglo?
Sí, hace casi un siglo… pero estas personas, después de desaparecidas, fueron impulsadas a una dimensión mítica en el imaginario de sus familias. Esto es muy natural. Y nosotros, que somos la herramienta de estas familias, les ayudamos a recuperar los restos de su difunto y a cerrar el círculo. Les entregamos los restos de aquel familiar, desaparecido o desaparecida, que todo el mundo sabía que había sido como asesinado o asesinada, pero que las autoridades del régimen franquista —a diferencia de sus muertos— nunca habían permitido buscar y dignificar. Es un momento muy emotivo.