Los documentos desclasificados sobre la crisis de Ceuta ya han provocado la primera dimisión. Gonzalo Sanz, jefe de gabinete de la Delegación del Gobierno en la ciudad autónoma, ha dejado el cargo después de que trascendiera que el 29 de julio, un día antes de la entrada masiva de migrantes, recibió varios mensajes del CNI a través de WhatsApp y mantuvo una conversación telefónica de unos once minutos con un agente del servicio de inteligencia. Sanz alega "razones personales y familiares", pero su salida llega en plena tormenta por saber quién sabía qué y cuándo lo sabía antes de los hechos del 30 de julio. Durante estas semanas había negado haber recibido información que permitiera anticipar lo que acabaría pasando en Ceuta. La publicación de las comunicaciones del CNI ha dejado esta versión bajo una fuerte presión política. La dimisión llega, además, después de que el delegado del Gobierno, Miguel Ángel Pérez Triano, hubiera ido señalando a Sanz en las últimas horas y asegurara que él no había sido informado de la conversación que su jefe de gabinete mantuvo con el CNI.
Un WhatsApp a un "carrec menor"
El punto central de la polémica es qué significaban exactamente aquellas comunicaciones. Los papeles desclasificados muestran que el CNI había detectado convocatorias en las redes sociales para intentar entrar en Ceuta por la valla y por el mar y que esta información se trasladó a diferentes interlocutores, entre ellos la Delegación del Gobierno y la Guardia Civil. Para el Gobierno, pero, esto no equivalía a una alerta formal sobre una entrada de la magnitud que finalmente se produjo. La Moncloa defendió el 9 de septiembre que las comunicaciones del CNI "no alertaron nunca de una llegada masiva" y cargó la responsabilidad sobre los mismos servicios de inteligencia: si realmente consideraban inminente una entrada masiva, sostenía el Ejecutivo, no podían limitarse a enviar "un WhatsApp ambiguo a un cargo menor", sino que tenían que elevar el aviso por los canales correspondientes.
El delegado dice que no sabía nada
La publicación de estos contactos puso inmediatamente a Pérez Triano contra las cuerdas porque había defendido que no tenía constancia de una alerta previa sobre lo que acabaría pasando. Esta es precisamente la línea argumental que ha mantenido el delegado del Gobierno en Ceuta. Preguntado por los mensajes desclasificados, el delegado restó importancia y aseguró que "los whatsapps del día 29 no suponen jefe alerta ni jefe informe", sino simplemente "una conversación entre una persona del CNI y un miembro del Gabinete". Según el delegado, se trataba solo de "un intercambio de comunicación informativo".
Este jueves, Pérez Triano insistía en que el mensaje recibido por Sanz no podía considerarse una alerta: "Las alertas del CNI no se emiten así ni mucho menos en un jefe de gabinete de la Delegación del Gobierno". Según Pérez Triano, una advertencia de esta naturaleza tendría que haber sido formalizada y elevada a los ministerios competentes. El delegado del Gobierno ha asegurado que desconocía tanto los whatsapps como la conversación telefónica de once minutos que su jefe de gabinete mantuvo con el CNI. Según su versión, entre Sanz e inteligencia solo hubo "un intercambio de información" y él no fue informado. De momento, el delegado descarta seguir los pasos de su jefe de gabinete y abandonar el cargo. Pero la cuestión se complicó cuando se conoció la existencia de la llamada de once minutos. El delegado afirmó que desconocía aquella conversación y que había sido Sanz quien había hablado con Inteligencia sin trasladarle posteriormente el contenido. De este modo, la responsabilidad empezaba a bajar un peldaño dentro de la Delegación: del delegado a su jefe de gabinete.
Pérez Triano matiza su versión
Este jueves, en una entrevista en la Cadena SER, Pérez Triano explicó que ya había hablado con Sanz para saber qué se había tratado durante aquel contacto con el CNI. Según la versión que le habría dado su jefe de gabinete, la conversación giró en torno a la situación migratoria que vivía aquellos días Ceuta, pero sin aportar ningún dato decisivo sobre el que pasaría el día siguiente. "Él nos traslada que habla de la situación de aquellos días, que era bastante grave, una situación migratoria compleja; aquel WhatsApp no aportaba nada de nuevo", explicó. La defensa de la Delegación coincide así con la línea marcada por la Moncloa: los contactos del CNI existían, pero no constituían una alerta formal sobre una entrada masiva de las dimensiones que finalmente se produjo.
La Moncloa también cargó contra el CNI
El Gobierno ya había intentado cerrar esta controversia el 9 de septiembre. En un comunicado, la Moncloa aseguró que las comunicaciones de Inteligencia "no alertaron nunca de una llegada masiva". El Ejecutivo fue incluso más allá y trasladó la responsabilidad al mismo CNI: "Si cree que se producirá una entrada masiva, no se limita a enviar un WhatsApp ambiguo a un cargo menor: lo eleva. Esta es responsabilidad y competencia suya". Aquel "cargo menor" era precisamente Gonzalo Sanz. Dos días después, Sanz decide dimitir.
