Después de los malos resultados de hace dos años, en las elecciones del 27-S, los comuns han decidido fiarlo todo a sus dos grandes éxitos electorales: las dos últimas elecciones españolas y las últimas municipales. Es por eso que el artífice de las victorias del 20-D y el 26-J, Xavier Domènech, fue el escogido para construir la confluencia y liderarla en el Parlament. Es también por eso que han decidido jugar la carta de la Barcelona de Ada Colau.
El mensaje es bien claro: es posible trasladar las "políticas de cambio" del Ayuntamiento a la Generalitat. Es posible hacer las mismas políticas en materia social, de vivienda o de género en el otro lado de la plaza Sant Jaume. Y el votante al que se dirigen, también es muy actoado: el que les dio la victoria en las elecciones españolas, pero que normalmente se abstiene en los comicios en el Parlament de Catalunya.
La misma Colau ha jugado esta carta y ha sacado pecho de su gestión cuando ha aparecido en campaña. Este viernes aseguraba haber hecho "la oferta pública de trabajo mayor" de la historia de Barcelona: más de 3.000 nuevos puestos de trabajo para reforzar los servicios públicos. También cargaba contra la Generalitat, que decía que no estaba financiando las escuelas cunas, un dinero que está pagando el consistorio.
Por ahora, sin embargo, la alcaldesa de Barcelona sólo ha acompañado a Domènech en el acto de inicio de campaña, el 4 de diciembre en La Farga de l'Hospitalet de Llobregat, este viernes en Badalona, al lado del politólogo inglés Owen Jones y el líder de la izquierda alternativa francesa Jean-Luc Mélenchon, y este sábado en el acto central de campaña en Barcelona, con Pablo Iglesias y Alberto Garzón.
No se espera ninguna aparición suya más hasta el acto final de campaña. Aunque han utilizado la gestión en la Barcelona de Colau como reclamo electoral, la alcaldesa ha preferido quedar en un segundo plano, con un perfil muy bajo, escondida de los focos. Se ha centrado sobre todo en hacer actos en el área metropolitana, donde se juegan las algarrobas, pero no se ha expuesto demasiado.

EFE
Las perspectivas no son nada favorables para Catalunya en Común, que queda lejos de la euforia que despertaron aquellas victorias electorales. Según los sondeos más optimistas, como el de Metroscopia para El País este viernes, conseguirían mantener los once escaños de Catalunya Sí Que es Pot (CSQP) el 27-S. Aquellos resultados de hace dos años, sin embargo, ya dejaron un mal sabor de boca, porque con la coalición perdieron dos respecto de los que tenía ICV-EUiA en solitario.
Pero puede ser más desolador. La mayoría de encuestas dan a la candidatura de Xavier Domènech menos escaños de los que consiguió la anterior marca. La quinta entrega del tracking de Feedback para El Nacional le da entre 8 y 10 escaños, con una intención de voto 7,22%, por detrás de la CUP y sólo por delante del PP.
El rol de la alcaldesa de Barcelona en la campaña de las elecciones catalanas del 2015 y en la de las españolas del 2015 y el 2016 fue diferente. Barcelona en Comú no formó parte de CSQP, que acabó siendo una suma de siglas más o menos improvisada. Colau también desapareció del mapa. En cambio, BeC sí formó parte de En Comú Podem, que empezaba a cumplir la idea de confluencia que buscaban. La alcaldesa tuvo un rol protagonista. Paradójicamente, con Catalunya en Común, que es la marca definitiva de la confluencia que ella ha liderado, ha vuelto a quedar en un segundo plano.
Una vez más, el contexto de polarización no ayuda a los comunes, que insisten en poner la agenda social en el centro de las prioridades, mientras el resto de candidaturas debaten sobre el 155, los presos y la República. Pero eso no quita que, en un escenario tan fragmentado, sus diputados puedan ser decisivos para hacer decantar balanzas en un sentido o en el otro; ya sea para investir a un presidente o para enviar el país a unas nuevas elecciones. Un hecho que también podría generar tensiones internas.