Cincuenta y cinco años después del estreno de Harry el Sucio (Dirty Harry), un español ha sido bautizado con este apodo. El hombre más rico del mundo se ha referido a Pedro Sánchez con este término del imaginario clint-eastwoodiano. El presidente socialista —que es Dirty Sánchez, un "tirano" y un "traidor" para Elon Musk— ha sumado un nuevo capítulo a su saga de batallas contra el trumpismo. Y esta vez ha conseguido entrar en el cuerpo a cuerpo con el propietario de Twitter (X) y el de Telegram, Pável Durov. No es la primera vez que el inquilino de la Moncloa dispara concretamente contra lo que él llama los "tecnooligarcas". Esta vez lo ha hecho anunciando un paquete de medidas que incluye responsabilidades penales para los directivos de este tipo de empresas y ha reiterado su voluntad de prohibir el acceso a las redes sociales a los menores de 16 años. La ofensiva antitrumpista, esta vez con incidencia directa en la política española, ya ha conseguido que Santiago Abascal cargue contra el socialista y que Alberto Núñez Feijóo haya optado por mantenerse al margen.

Sánchez abrió fuego contra la "tecnocasta" hace un año. Propuso poner fin al anonimato a través de una identidad digital europea, “abrir la caja negra de los algoritmos” para auditar el funcionamiento de las plataformas sin limitaciones; y exigir que directivos y propietarios “rindan cuentas” si no cumplen las normas. Y atribuyó la deriva de las plataformas y los "tecnomultimillonarios" a la intervención de potencias extranjeras como Rusia. El choque Sánchez-Musk de esta semana viene precedido de un primer contacto en Twitter (X). El dueño de la red lamentaba la regularización extraordinaria de medio millón de inmigrantes que ha aprobado el Gobierno, y el presidente socialista le contestaba el tuit señalándole que “Marte puede esperar; la humanidad, no”, en referencia a la nueva carrera espacial en la que participa el magnate sudafricano.

El martes Sánchez volvió a mover ficha y propuso que los directivos de estas redes sociales sean penalmente responsables de las infracciones que se cometan en ellas; tipificar como delito la manipulación de algoritmos que amplifiquen contenido ilegal; crear un sistema de rastreo, cuantificación y trazabilidad para establecer una "Huella de Odio y Polarización"; y perseguir con la Fiscalía infracciones legales de Grok, TikTok e Instagram sobre generación con inteligencia artificial y difusión de contenido sexual de menores. Por último, abogaba por obligar a las plataformas digitales a implementar sistemas efectivos de verificación de edad, con la intención de prohibir el acceso a redes sociales a menores de dieciséis años. A continuación, Musk estallaba y, en un tuit, se refería al presidente del Gobierno como “Dirty Sánchez”, lo que provocó la euforia en la Moncloa, convencida de que les beneficia un choque directo y público con quien colaboró en el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca.

Sánchez contra el trumpismo

No es ni la primera vez que Sánchez dispara contra los propietarios de estas empresas digitales, ni tampoco que intenta erigirse como muro socialdemócrata europeo contra Donald Trump. La profesora del departamento de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid Paloma Román apunta en conversación con este periódico que el actual contexto de convulsión y polarización internacional hace que una parte de la ciudadanía esté más pendiente de lo que pasa fuera. Pero señala que, generalmente, la política internacional acostumbra a tener una incidencia limitada en el electorado español. Opina lo mismo su compañero en la misma universidad David Hernández, que señala que la teatralización de Sánchez como líder internacional puede no traducirse en una ganancia electoral. Los dos expertos coinciden en que, para tener rédito electoral, hace falta que un asunto de la política exterior tenga incidencia directa en el interior.

Es precisamente lo que, de alguna manera, ha hecho Sánchez esta vez: lo que sí que tiene incidencia directa, clara y de interés para los españoles es la limitación de edad. "Quien tenga un adolescente en casa estará absolutamente de acuerdo y convencido de la necesidad de generar un entorno digital seguro", resumía el martes la portavoz del Gobierno en la rueda de prensa posterior a la reunión del Consejo de Ministros. El hecho de mezclar esta defensa de la protección al menor con medidas contra estos "tecnooligarcas" ha permitido a Sánchez entrar al choque directo contra Musk y ser noticia prácticamente toda la semana.

Abascal entra al choque y Feijóo se mantiene al margen

Abascal, líder de Vox, celebró la polémica y aseguró que "la mayor parte de los españoles ya sabemos que Sánchez es un traidor, un tirano y un autócrata". En cambio, Feijóo, líder del PP que tiene más dificultades para situarse en los debates que giran alrededor de Trump y todos los actores que lo rodean, optó por mantenerse al margen de la refriega, cosa que ha mantenido a Sánchez en el centro. "Yo no estoy centrado en los debates sobre Marte, sino en Huesca y Aragón", manifestó en un acto de campaña para las elecciones que se celebran este domingo.

Bruselas entra en escena

La trifulca ha traspasado el ámbito español. La Comisión Europea, a través del portavoz Thomas Regnier, trasladó un mensaje de “plena solidaridad” al presidente del Gobierno y ha condenado “cualquier ataque” dirigido a cualquier líder de los estados miembro. Al mismo tiempo, el ejecutivo comunitario ha recordado al Gobierno que obligar a las plataformas a verificar la edad de los menores es una competencia comunitaria, y ha remarcado la necesidad de respetar el efecto armonizador de la Ley de Servicios Digitales (DSA) de la Unión Europea.

El amo de Telegram se suma a la bronca

Al día siguiente del choque con Musk, el fundador de Telegram, Pável Durov, difundió un mensaje a los usuarios españoles cargando contra Sánchez y sus anuncios. Acusaba al presidente español de proponer iniciativas "peligrosas" que suponen una amenaza a la libertad en Internet y que pueden convertir España en un "estado de vigilancia". Sánchez, satisfecho, publicaba un tuit en sus redes sociales al cabo de un rato: "Deja que los tecnooligarcas ladren, Sancho, es señal de que cabalgamos". Al día siguiente, en un acto en Bilbao, el socialista acusaba a Musk y Durov de “mentir” y advertía que “los tecnooligarcas del algoritmo no doblegarán la democracia y la mayoría social”. El presidente español contraponía la idea de que “regular es controlar” y situaba el debate en términos de derechos y protección de menores, ante el “universo tóxico” de las redes.

La noche en la que el amo de Telegram contraatacaba a Sánchez, la Moncloa escribió en tiempo récord una respuesta. El Gobierno acusaba a Dúrov de "utilizar su control sin restricciones" para enviar “un mensaje masivo” cargado de “mentiras y ataques ilegítimos”. El ejecutivo desplegaba un catálogo de réplicas a las críticas de Telegram: rechaza que la verificación de edad implique rastrear la identidad de todos los usuarios; defiende que la obligación de retirar contenido ilegal ya existe en el marco europeo; y vincula la propuesta de supervisión algorítmica y de indicadores sobre discurso de odio a instrumentos de transparencia y persecución de actividades ilícitas.

La Moncloa se inspira en otros países

Diversos países han puesto en marcha o han debatido restricciones de edad y verificación en las redes, así como cuestiones regulatorias y penales. Australia ha fijado el límite de acceso en los 16 años, Francia ha avanzado hacia el umbral de los 15 y Dinamarca ha presentado un plan en esta misma edad, mientras que estados como el italiano, el griego, el irlandés, el portugués y el holandés estudian sistemas de verificación y límite de edad más estrictos y robustos. Hay países que ya han impulsado iniciativas específicas ante la proliferación de deepfakes de generación y difusión de contenidos sexuales no consentidos. Incluso en los Estados Unidos hay una ley en tramitación para facilitar a las víctimas emprender acciones civiles.