Hace una semana, Bremen acogió el 30.º Coloquio Germano-Catalán, una cita académica que este año giraba en torno a "La lucha de Catalunya por la autodeterminación en la historia y en la actualidad". Pero esta edición quedó marcada mucho antes de empezar. La denuncia de la ANC a principios de agosto sobre un intento de "censura" de determinadas ponencias sacó a la luz una profunda fractura interna en la la Associació Germano-Catalana (Deutscher Katalanistenverband, DKV), la entidad que impulsaba y contribuía a financiar el coloquio y que llegó a retirarse temporalmente de la organización. Fuentes de la ANC explicaban entonces a este diario que habían tenido acceso a la relación de las ponencias afectadas y habían constatado que, "curiosamente", las que habían quedado en el punto de mira eran precisamente las que "hablaban del proceso de liberación nacional". Su sospecha fue inmediata: "Enseguida vemos aquí la mano de la diplomacia española". Aquella denuncia, más allá de abrir el debate sobre una posible injerencia externa, dejó al descubierto una guerra en el seno de la DKV que acabaría estallando con toda su fuerza antes de la celebración del coloquio.
El intento de apartar algunas ponencias sacudió de lleno la preparación del coloquio, que durante unas semanas se quedó sin el apoyo formal de la DKV. Entre la denuncia pública de los hechos y la celebración del encuentro el 3 de septiembre, la asociación atravesó un periodo marcado por una fuerte división interna. En medio de aquella crisis, tres de los cuatro miembros de la junta directiva —Teresa Pinheiro, Benjamin Meisnitzer y Silke Hünecke— remitieron un comunicado en el que defendían su actuación, rechazaban que hubiera habido ningún intento de censura y negaban también cualquier injerencia española. Los tres formaban la mayoría de la junta y fueron quienes aprobaron que la DKV se retirara del 30.º Coloquio Germano-Catalán. Ahora, sin embargo, la cuarta integrante de aquel órgano, Bàrbara Roviró, y otros miembros de la asociación explican en declaraciones exclusivas a ElNacional.cat la intrahistoria de aquel mes de guerra interna y ofrecen una versión muy diferente de cómo se tomaron algunas de las decisiones que precipitaron la crisis. Roviró comienza, de hecho, cuestionando incluso la legitimidad de aquel primer comunicado: "Enviaron un texto en nombre de la junta, pero no estaban autorizados".
Antes de que estallara la crisis, la junta ejecutiva de la DKV estaba formada por Teresa Pinheiro como presidenta, Benjamin Meisnitzer como vicepresidente, Silke Hünecke como tesorera y Bàrbara Roviró como secretaria. Los tres primeros son precisamente los miembros señalados por el intento de apartar las ponencias sobre la autodeterminación, mientras que Roviró, junto con Axel Schönberger, formaba parte de la organización del coloquio. La fractura acabó trasladándose a una asamblea extraordinaria después de que los profesores Ulrich Hoinkes, Rolf Kailuweit, Georg Kremnitz y el propio Schönberger presentaran mociones de censura contra Pinheiro, Meisnitzer y Hünecke. La asamblea aprobó la revocación inmediata de sus nombramientos y dejó fuera de la junta a los tres miembros que habían defendido la retirada de la DKV del coloquio. Como consecuencia, Roviró ha quedado como la única integrante de la junta estatutaria y, por lo tanto, con el poder exclusivo de representación de la asociación.
Schönberger asegura que Pinheiro "había interferido masivamente en los preparativos" del encuentro de Bremen. Roviró eleva aún más el tono y acusa a los tres exmiembros de la junta de haber protagonizado una "infame campaña de descrédito" que, según sostiene, ha acabado "perjudicando el renombre de la asociación y el suyo propio". Hoinkes, por su parte, interpreta la crisis como el reflejo dentro de la DKV de la división política que rodea Catalunya, entre la "esfera de influencia de los socialistas catalanes y españoles en el gobierno y los defensores del independentismo". Para el profesor, arrastrar una asociación académica alemana dedicada al estudio de la lengua y la cultura catalanas hacia esta pugna es especialmente perjudicial: "Esta presión por posicionarse es desastrosa".
El "rigor académico", en el centro de la disputa
El intento de apartar algunas ponencias y, sobre todo, las justificaciones que Pinheiro, Meisnitzer y Hünecke dieron después han sido dos de los principales focos de malestar dentro de la DKV. En el comunicado remitido a ElNacional.cat el 9 de agosto, los tres defendían que las propuestas del coloquio habían pasado por una evaluación científica y que de las 28 recibidas inicialmente había 12 que se habían descartado "porque no cumplían los estándares requeridos de rigor académico". Esta explicación, sin embargo, es rechazada por sus críticos. Schönberger sostiene que "la supervisión de la calidad académica" del programa no ha sido nunca competencia de la junta de la DKV, mientras que Hoinkes cuestiona directamente la manera como se excluyeron las ponencias. "Una evaluación de las propuestas no comporta un rechazo categórico, sino que los autores tienen la oportunidad de revisar su trabajo", explica. Por eso, considera que, si las contribuciones quedaron fuera "no sobre la base de una evaluación académica de su calidad, sino únicamente sobre la base de su temática o del foco de su contenido", entonces "es inequívocamente un acto de censura".
La polémica por el supuesto control de calidad de las ponencias todavía tiene otro elemento: el uso de la inteligencia artificial. Según explica Schönberger, Pinheiro recurrió a esta herramienta para valorar las 28 propuestas presentadas inicialmente, sin que ni los ponentes ni los responsables de la organización tuvieran conocimiento. "Ni los ponentes ni los organizadores sabían que Pinheiro tenía la intención de utilizar la inteligencia artificial para evaluar estos resúmenes por su 'rigor científico'", afirma. Schönberger considera que se trataba de "una práctica poco escrupulosa" y precisa que "la lista que Pinheiro envió a sus compañeros de la junta directiva no tenía la intención de servir de base para evaluar la calidad académica". Según relata, la sorpresa llegó cuando los organizadores recibieron una evaluación "dudosa" y "claramente generada por IA" que llegaba a considerar "poco científicos" los resúmenes de presentaciones de científicos de renombre internacional. Además, Schönberger cuestiona que Pinheiro, Hünecke y Meisnitzer tuvieran la especialización necesaria para revisar las propuestas. "Sería irresponsable por su parte presentarse como tales", dice.
¿Hubo presiones externas?
En cuanto a las acusaciones de injerencia, la ANC veía "la mano de la diplomacia española", una acusación que Pinheiro, Meisnitzer y Hünecke han negado en todo momento y ante la cual aseguraron que "la junta no ha recibido ningún tipo de presión externa". Entre los críticos con la actuación de la antigua dirección de la DKV tampoco hay una acusación directa de injerencia, pero sí interrogantes sobre algunos vínculos de Pinheiro que, según sostienen, habrían requerido más transparencia. Hoinkes señala, en concreto, que la expresidenta de la asociación recibe, como directora de tesis doctorales de filología catalana, "plazas financiadas por terceros proporcionadas por el Institut Ramon Llull", un consorcio integrado por la Generalitat, el Govern de les Illes Balears y el Ayuntamiento de Barcelona. "No afirmo que este tipo de financiación sea ilícito ni que Pinheiro haya seguido ninguna instrucción concreta de terceros", dice el profesor, pero sitúa el debate en otro punto: considera que, por su posición al frente de una asociación científica, cualquier "posible conflicto de interés" debía quedar claramente expuesto, especialmente cuando la junta tomaba decisiones sobre ponencias "que abordaban críticamente la relación entre Catalunya y el Estado español". Por eso, deja "abierta" la cuestión de si esta vinculación fue lo suficientemente transparente y si se tuvo en cuenta a la hora de adoptar las decisiones que desencadenaron la crisis.
La vinculación con el Institut Ramon Llull que señala Hoinkes adquiría todavía más relevancia en el caso del coloquio porque también aparecía como una de las posibles fuentes de financiación del encuentro. Siguiendo la práctica de ediciones anteriores, Roviró había presentado una solicitud formal de subvención al Institut para contribuir a sufragar el 30.º Coloquio Germano-Catalán. Es en este punto donde Schönberger introduce otro episodio que, según él, generó dudas entre los organizadores. Explica que, entre marzo y abril de 2026, Pinheiro aseguró por separado a Roviró y al mismo Schönberger que había mantenido "discusiones problemáticas" con la institución dependiente de la Generalitat sobre el encuentro de Bremen. Según la versión que les trasladó entonces, el Institut compartía sus reservas sobre el lema "La lucha de Catalunya por la autodeterminación en la historia y en la actualidad", que consideraba "poco científico" y con un "sesgo político", y no estaría dispuesto a aportar financiación si no se modificaba el enfoque. Los organizadores, sin embargo, nunca recibieron una respuesta oficial a la petición presentada y pidieron reiteradamente a Pinheiro que concretara con quién había hablado, cuándo se habían producido estas conversaciones y cuál había sido el contenido, sin obtener, según Schönberger, ninguna aclaración. La controversia se hizo todavía mayor el 29 de julio, cuando Pinheiro dijo ante la junta de la DKV que este contacto con el Institut Ramon Llull sobre el coloquio "nunca se había producido". Para los organizadores, las dos versiones eran incompatibles y dejaban abierta la cuestión de qué había pasado realmente con aquel supuesto posicionamiento del consorcio. Sea como fuere, y por primera vez desde la fundación del coloquio, el Institut no ha aportado ninguna financiación. No negándose, sino haciendo caso omiso de las solicitudes de Roviró.
El coloquio sobrevive al conflicto
Finalmente, la decisión adoptada por la junta el 3 de agosto de retirar el mecenazgo de la DKV al 30.º Coloquio Germano-Catalán acabó siendo revocada y el encuentro se pudo celebrar formalmente bajo el paraguas de la asociación, con 45 ponencias y gracias también a fuentes de financiación alternativas. La crisis interna, sin embargo, dejó huella en la organización. La retirada inicial del apoyo obligó a los responsables del coloquio a buscar nuevos recursos y, en algunos casos, a reducir gastos. La Universidad de Bremen, por ejemplo, mantuvo su colaboración cediendo gratuitamente los espacios y la infraestructura. Las consecuencias también se notaron en la afluencia de público. Roviró explica que la participación fue más elevada entre asistentes catalanes que entre catedráticos alemanes, una diferencia que atribuye al hecho de que la polémica y los problemas previos impidieron hacer "una difusión adecuada" del encuentro.
Uno de los catalanes que siguió el coloquio fue Pere Pugès, miembro de la ANC y participante del encuentro, que explica a ElNacional.cat cómo vivió desde dentro una edición marcada por todas estas dificultades previas. Pugès, que intervino online con la ponencia "Metodología de planificación orgánica para los procesos de transformación nacional. El caso catalán como laboratorio del siglo XXI", destaca que el coloquio estuvo "muy bien organizado", más allá de algún problema técnico puntual, pero lamenta "la escasa participación" que hubo. "En mi ponencia éramos cinco personas entre online y sala", explica. Según sostiene, los responsables del encuentro "se encontraron con problemas organizativos graves por todo el boicot que sufrieron".
Un "nuevo comienzo" en la DKV
La crisis interna de la DKV, sin embargo, todavía no está cerrada. La asociación afrontará unas nuevas elecciones en noviembre con el reto de recomponerse después de meses de fractura. Hoinkes considera que "un nuevo comienzo de la DKV es urgentemente necesario" y reclama tres pasos para recuperar la normalidad: restablecer "un procedimiento transparente" para decidir los contenidos de los futuros coloquios, marcar "un distanciamiento institucional claro de cualquier forma de instrumentalización política" y reanudar "un diálogo justo y objetivo" con los académicos afectados y con los organizadores del encuentro de Bremen. Schönberger, en cambio, concluye su opinión sobre la crisis con una valoración mucho más dura sobre Pinheiro, Meisnitzer y Hünecke. "Es probable que los tres miembros de la junta hayan dañado permanentemente su reputación académica con su conducta inapropiada en este asunto", afirma. Y rechaza de lleno el argumento con el que los tres habían defendido su actuación: "No se puede, de ninguna manera, hablar de la 'defensa de la integridad académica' como supuesta justificación de su intento de censura políticamente motivada".
