Podría haber sido una tragedia, pero, afortunadamente, ha quedado en un susto, eso sí, muy serio. Ayer martes un caza español del modelo Eurofighter Typhoon 2000 disparó accidentalmente un misil en espacio aéreo de Estonia. El misil no impactó contra ningún objetivo y no hubo consecuencias, aunque tanto las autoridades estonias como las españolas han anunciado que abrirán sendas investigaciones para aclarar los hechos.

A todo ello, lo que ha puesto sobre la mesa este incidente aéreo es qué hacen aviones de combate españoles en el Báltico. Según el Ministerio de Defensa, dos Eurofigther españoles participaban en una misión de ejercicio conjuntamente con dos Mirage 2000 franceses, "en una zona en el suroeste de Estonia autorizada para este tipo de ejercicios", en el marco de la operación de Policía Aérea en el Báltico en el que participa el destacamento español Vilkas Bap-47, con sede en la base aérea de Siauliai (Lituania).

Ahora bien, más allá de la explicación oficial, el hecho es que Espanya mantiene una importante presencia militar en los países Bálticos con el objetivo formal de participar en fuerzas conjuntas que supongan un contrapeso a una supuesta amenaza rusa sobre estos territorios.

Restar apoyos al independentismo

El motivo de fondo, sin embargo, no tiene nada que ver con eso, y quien lo sabe muy bien es el exministro español de Exteriores, José Manuel García-Margallo, que fue el primero que admitió que las fuerzas militares españolas se utilizan como moneda de cambio para conseguir restar apoyos internacionales al independentismo catalán.

Efectivamente, cuando Margallo reveló, en primavera de 2017, que se estaba llevando a cabo una política de favores y contrafavores a escala internacional para limitar la internacionalización del proceso catalán, admitió que entre estos intercambios de cromos se incluía la presencia militar, y específicamente esta carta se jugaba en los Países Bálticos —Estonia, Letonia y Lituania—, tres repúblicas exsoviéticas que, a causa de su reciente independencia respecto de la Unión Soviética habían mostrado sus simpatías hacia el soberanismo catalán.

Es más, el mismo Margallo reconoció en mayo del año pasado que dentro de esta política de favores se incluía "un escuadrón aéreo en el Báltico", en referencia a la presencia española en la operación Policía Aérea en el Báltico, la misma que produjo el incidente de ayer.

Lisa y llanamente, el avión que ayer estuvo a punto de provocar una tragedia lo hizo defendiendo la unidad de España, una afirmación que no es tan sorprendente si se recuerdan las palabras de la anterior ministra española de Defensa, Maria Dolores de Cospedal, que en el marco de una visita al miniejército que España tiene desplegado en Letonia afirmó, en diciembre pasado, que los militares defendían "los intereses de su país y la seguridad de las familias españolas", una aseveración que, interpretada a la luz de los favores de Margallo, se debe entender como un arma más de combate contra el independentismo. Por suerte, ningún estonio se ha hecho daño, de momento.

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