Todo apunta a que 2026 no será el año: la oficialidad del catalán en la Unión Europea deberá esperar todavía más. Irlanda, que toma este miércoles y mantendrá hasta finales de año la presidencia rotatoria del Consejo de la UE, ha descartado abordar la cuestión. Aunque Irlanda está a favor de reconocer la lengua catalana en Europa, el gobierno del país descarta abordar la cuestión en las instituciones comunitarias mientras no haya consenso entre los Estados miembros o algún “cambio” o novedad con respecto a la última vez que se habló —sin éxito, por la oposición de varios Estados miembros—, en julio del año pasado.
Durante el último medio año, la presidencia rotatoria ha estado en manos de Chipre, tiempo durante el cual la cuestión del catalán no ha estado en la agenda. Ahora, el gobierno del irlandés Micheál Martin toma el relevo y tampoco tiene intención de desempolvar la cuestión. Así lo ha confirmado la embajadora irlandesa ante la UE, Aingeal O’Donoghue, en declaraciones a la ACN. O’Donoghue ha apuntado que "en estos momentos" sigue sin haber consenso entre los estados miembros para aprobar la medida. "Solo si viéramos que hay cambios respecto de cuando se debatió por última vez, nos plantearíamos volverla a abordar", ha señalado.
En el programa de trabajo presentado, la presidencia irlandesa subraya la voluntad de "poner de manifiesto" durante el próximo semestre "el compromiso de la UE con la diversidad lingüística integrando el irlandés en los trabajos del Consejo de la UE, las comunicaciones oficiales y las actividades culturales". La embajadora irlandesa ante la UE ha resaltado que "siempre" ha admirado "la manera como la lengua catalana sobrevivió en el transcurso de la dictadura franquista" y ha puesto en valor los "estrechos vínculos" entre Irlanda y Catalunya. Con todo, no se prevé que el catalán esté en la agenda europea durante la presidencia irlandesa.
Irlanda presidirá las reuniones del Consejo de la UE, donde se reúnen los ministros responsables de cada cuestión que se aborda de los 27 Estados miembros, y, por lo tanto, tendrá la responsabilidad de conducir las negociaciones sobre la legislación de la UE entre los Estados y el Parlamento Europeo, con el objetivo de facilitar acuerdos sobre los principales dosieres comunitarios. La presidencia rotatoria del Consejo de la UE no define unilateralmente la agenda política europea, pero sí que puede marcar el ritmo de las negociaciones, priorizar determinados expedientes y actuar como mediadora entre los Estados miembros. Si el Gobierno lo solicita, Irlanda sería responsable de incorporar la cuestión del catalán en la agenda de una reunión del Consejo de Asuntos Generales de la UE (GAC), donde se reúnen los ministros de Asuntos Europeos de la UE, y donde se debe discutir y aprobar la medida.
Precisamente, Irlanda consiguió un hito lingüístico similar no hace tanto: el irlandés se utiliza como lengua oficial de la UE desde enero de 2022. El gaélico es el último idioma que se incorporó de manera efectiva a la lista de lenguas oficiales de la UE, después de un largo periplo de diecisiete años. Irlanda, que entró en la Comunidad Europea en 1973, presentó en 2005 la petición formal al Consejo de la UE por el reconocimiento del gaélico. En 2007 los Estados miembros dieron luz verde, pero la falta de traductores e intérpretes de la lengua, con menos de 200.000 hablantes habituales, hizo imposible en la práctica esta oficialidad hasta 2022. Aun así, todavía ahora la Eurocámara aplica una excepción al irlandés y no garantiza su traducción a todos los documentos oficiales o ruedas de prensa, solo al pleno.
En la agenda desde hace ya casi tres años
La última vez que se debatió la oficialidad del catalán en Europa fue el 18 de julio del año pasado, a petición del Gobierno. La cuestión se habló durante cerca de una hora y los ministros europeos dejaron el debate aparcado sin votar. Entonces, quedó patente la falta de consenso por la oposición de varios países, con un papel destacado de la Alemania del canciller conservador Friedrich Merz. Suecia, Finlandia o Austria también están en contra, por sus respectivas dudas legales, de gasto o para evitar atizar movimientos parecidos de lenguas de sus respectivos países que puedan levantar tensiones internas. A favor están Bélgica, Dinamarca o Luxemburgo. También Irlanda.
Que el catalán sea lengua de pleno derecho en la UE —por ahora solo se puede utilizar de manera limitada, en cuestiones como el Comité de las Regiones— llegó a la agenda política por iniciativa de Junts, que lo puso como una de las condiciones para la investidura de Pedro Sánchez en 2023. A pesar de la presión que ha ejercido el partido independentista sobre el Gobierno para que se mueva en Bruselas para conseguirlo, acusándolo de no cumplir los acuerdos, la cuestión requiere el aval unánime de los 27 Estados miembros, un consenso que por ahora no se ha dado. También maniobró el PP, que hizo campaña por el “no” entre sus compañeros de partido europeos, que gobiernan varios países.