Rossella Selmini es italiana, trabaja en Minneapolis, en el Midwest de los Estados Unidos, y conoce bien Catalunya. De ella es la carta que este jueves publica Concita de Gregorio en su columna de La Repubblica, el diario progresista de referencia en Italia y el de mayor audiencia del país. Selmini explica por qué la causa independentista irrita a sus compatriotas, y los avergüenza:"El ejemplo de alguien que lucha de verdad, sin violencia, al lado de casa, casi que nos molesta", dice, porque descubre la insolidaridad y el cinismo de los italianos.

La carta aparece en Invece Concita ("En lugar de Concita"), su conocida sección diaria, donde en vez de escribir ella, la autora publica una de los centenares de cartas que le llegan. De Gregorio es una de las grandes cronistas políticas de Italia, y se ha hecho muy popular gracias a sus libros y programas de televisión, donde desenmascara a la sociedad de su país, como quien pone un espejo ante la opereta que tantas veces es la vida pública italiana.

El texto íntegro de la carta:

"Soy italiana, trabajo en los Estados Unidos, he viajado bastante por Europa, por motivos personales y profesionales. Me gustaría hablar sobre el mecánico de Reus, una ciudad del sur de Catalunya, que se negó a revisar el coche de un agente de la policía nacional española y, por eso, lo denunciaron por incitación al odio. El mecánico explicó con gracia que no era nada personal, que tras lo que pasó durante el referéndum el 1 de octubre, simplemente no tenía ganas de trabajar para un policía que había golpeado a sus conciudadanos. Vi una entrevista con este mecánico: una bella cara catalana, con un aire digno y sobrio".

"[Catalunya es] un país que frecuento desde tiempo atrás y al que me unen afectos profundos. Pronto empecé a amar su lengua, que me recuerda a los dialectos emilianos de mi niñez [Emilia-Romagna es una región del centro-norte de Italia, capital Bolonia]. Me encantan algunos rasgos de su cultura, como el perfeccionismo y, en aparente contradicción, una tirada|tiro para no tomárselo todo demasiado seriamente. En Catalunya me encuentro como casa, quizás como en ningún otro lugar|sitio, y allí conocí a la gente más abierta (y más europea) de Europa".

"Sigo con gran tristeza lo que está pasando, y observo la indiferencia, cuando no la hostilidad, con que se discute la cuestión catalana en Italia, liquidada, con pocas excepciones, como un peligroso micro-nacionalismo xenófobo. No pretendo abrir una discusión a favor o en contra de la independencia, sólo intento explicar por qué encuentro la causa catalana digna de atención y respeto".

"Tiene que ver con Europa, la democracia, los derechos civiles. De ninguna manera podemos seguir indiferentes y, todavía menos, justificar la represión autoritaria que el gobierno español ejerce hoy en Catalunya. Episodios como el del mecánico de Reus se cuentan por docenas. Activistas y políticos encarcelados sin razones legales válidas, otros en el exilio. El número de encausados aumenta. Invitaciones más o menos autoritarias a no llevar el lazo amarillo, símbolo de protesta por la liberación de los presos políticos. El silencio de las instituciones europeas tendría que preocuparnos a todos y, en particular, a los italianos, que comparten una historia de democracias frágiles con el resto de la Europa del Sur".

"Es más fácil liquidar la causa catalana por romántica, idealista, o peor todavía, estropeada. Un poco como liquidar la atención a los problemas sociales porque es "buenismo". Ser romántico, idealista y embarcarse en una operación quizás imprudente, pero tenaz, pacífica y democrática, parece una ofensa al realismo y el cinismo imperantes".

"Alguien dijo que la catalanofobia de muchos españoles no sólo se debe al nacionalismo, sino también en una especie de envidia de la capacidad de los catalanes para defender sus derechos. Quizás también vale para nosotros, a los italianos, incapaces de sentir curiosidad, y menos aún, un poco de solidaridad, con los que están dispuestos a recibir golpes en una escuela para defender la causa en que creen. El ejemplo de alguien que lucha de verdad, sin violencia, al lado de nuestra casa nos es casi molesto".

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