Un nuevo pleno en el Parlament, una nueva muestra de la soledad en que se encuentra el nuevo Govern de la Generalitat. A la habitual oposición de los grupos parlamentarios fuera del ejecutivo se ha sumado, desde hace un mes, Junts, de manera totalmente desacomplejada y con una contundencia evidente. Este miércoles no ha sido diferente, y Pere Aragonès se ha visto obligado a responder a una ráfaga de ataques que ha tenido el PSC, Junts y la CUP como principales exponentes. Sus críticas se han centrado en el fracaso de la mesa de diálogo y de la negociación con el Estado, así como la polémica generada en torno al conseller de Interior, Joan Ignasi Elena.
El intercambio entre Aragonès y el presidente del grupo parlamentario de Junts, Albert Batet, ha sido bastante caliente (si bien no tanto como el de aquel debate de política general que propició la ruptura del ejecutivo). Batet ha centrado sus reproches en la mesa de diálogo entre los gobiernos catalán y español, después de que Oriol Junqueras celebrara que el espacio ha generado muchos resultados, sin llegar a concretarlos. "Le pedimos que detalle el listado de supuestos éxitos de la mesa de diálogo", ha reclamado el diputado. La réplica del presidente tampoco ha aportado ninguna novedad, y es que tan solo ha podido destacar el hecho de que La Moncloa no haya impugnado las normativas catalanas para blindarse contra la ofensiva judicial del 25%, y las negociaciones por la desjudicialización que todavía avanzan ahora y que tienen como principal objetivo la sedición. La lista completa de resultados, según ha dicho, se facilitará a finales de año.
Más allá, Aragonès tan solo ha destacado que la mesa de diálogo ha permitido el reconocimiento del conflicto de las dos partes y la construcción de confianza en la negociación. La respuesta no ha satisfecho Batet, quien ha advertido que el presidente no puede darle concreciones porque la mesa de diálogo "no da resultados" ni ha conseguido la amnistía y la autodeterminación. "La mesa no lleva a ningún sitio, solo sirve para garantizar la estabilidad del Gobierno, y quizás también el de Catalunya, ya veremos", ha lanzado, abriendo así la puerta en la idea que el PSC y los comuns den apoyo al Govern para evitar su caída. Por su parte, Aragonès le ha replicado con dureza, acusando a Junts de haberse "sacado de la manga" una consulta a las bases y una auditoría del acuerdo de legislatura para resolver "sus diferencias internas", lanzándose así al ataque contra sus exsocios.
Y con la CUP, más de lo mismo. Con el informe de la comisión de investigación sobre Pegasus del Parlamento Europeo en la mano, que culpa el Gobierno del espionaje al independentismo en el marco del CatalanGate, la diputada Montserrat Vinyets ha enviado una ráfaga de preguntas comprometidas a Aragonès. "¿Seguirán pactando con aquellos que nos espían? ¿Estas son las condiciones para una negociación? ¿Se puede negociar cuando las dos partes no hablan de igual a igual?", le ha interrogado, advirtiendo que el PSOE actual no es diferente del de José Barrionuevo, que recientemente ha admitido el vínculo con los GAL, y que, por lo tanto, el diálogo con el Estado es imposible en estas condiciones.
El presidente ha recibido este ataque de mala manera. "No me habría imaginado que utilizarían mi condición de víctima para criticar la estrategia del Govern", ha lamentado, recordando que él es uno de los espiados por el CNI. "No es la mejora manera de buscar complicidades". Aragonès ha criticado el CatalanGate, y ha avisado de que lo denunciarán "en todas partes": en los juzgados, pero también en Europa. Ahora bien, esta noticia tampoco ha evitado que el jefe del ejecutivo haya rechazado acabar con el diálogo. "No abandonaremos nunca ningún espacio. La negociación se hace con el adversario, con quien no estás de acuerdo", y ha apelado a la CUP a ayudar al Govern en este aspecto. Una petición, sin embargo, que no ha evitado evidenciar la distancia entre los republicanos y los cupaires.