Los andaluces están llamados este domingo a las urnas. Serán las cuartas y últimas elecciones de un ciclo de autonómicas que arrancó el pasado mes de diciembre. El popular Juanma Moreno busca reeditar su mayoría absoluta mientras el PSOE aspira a no desangrarse y resistir en el territorio que había sido su gran feudo. La tendencia de estos tres comicios anteriores y la de los sondeos de cara a las elecciones andaluzas es que el PP es el incontestable partido favorito de los españoles y que el PSOE se encuentra en horas bajas. En las dos primeras —las extremeñas y aragonesas— Vox estaba en auge. Las victorias de la formación de Alberto Núñez Feijóo fueron agridulces, porque el partido de Santiago Abascal arrasó y se consolidó como la tercera fuerza política del Estado. Los populares pasaron a depender más que nunca de los ultras, y María Guardiola y Jorge Azcón han conseguido ser investidos nuevamente como presidentes después de haber tenido que incorporar en sus pactos el principio de "prioridad nacional", un "primero los de casa" de manual impuesto por la extrema derecha. Pero en Castilla y León, Vox perdió fuelle y solo consiguió sumar un diputado más que en la legislatura anterior.
El PSOE, por su parte, se encuentra en plena debacle electoral. Ya sufrió mucho en las elecciones autonómicas de 2023, y en este ciclo le ha pasado lo mismo. En Extremadura, un feudo históricamente socialista, se estrellaron perdiendo diez diputados con un candidato que dimitió al día siguiente: era Miguel Ángel Gallardo, el socialista imputado en el caso de David Sánchez, el hermano del presidente del Gobierno. En las aragonesas, el partido no tuvo mejor suerte presentando una candidata de la máxima confianza de Pedro Sánchez. Pilar Alegría, que había ejercido como portavoz del ejecutivo español y ministra de Educación, no evitó la pérdida de cinco diputados. La única autonomía en la que el PSOE salvó el tipo fue en Castilla y León, con el candidato menos sanchista de los cuatro, donde consiguió ganar dos diputados.
En cuanto al espacio situado a la izquierda del PSOE, ha obtenido unos resultados muy irregulares, fundamentados en la manera como se ha presentado: la unidad ha salido premiada y la fragmentación ha sido castigada. En Extremadura, la suma de Podemos e Izquierda Unida consiguió aumentar el número de representantes de cuatro a siete. En Aragón se presentaron por separado y fue un fracaso; siendo la Chunta Aragonesista la única formación que salió bien parada. En Castilla y León, también por separado, desastre absoluto: ni Podemos ni Izquierda Unida consiguieron representación. Ahora, este domingo, estas dos formaciones se presentan de la mano bajo la candidatura Por Andalucía. Pero el espacio, al fin y al cabo, se vuelve a presentar por separado. Porque hay una segunda candidatura con ideario similar, llamada Adelante Andalucía, que también se presenta a los comicios.
Quien más corre el riesgo de sufrir un batacazo histórico es el PSOE. Y Pedro Sánchez. Porque el presidente del Gobierno ha decidido sacrificar a su fiel escudera y enviar a morir a Andalucía a María Jesús Montero. La candidata más sanchista posible ha acompañado al presidente español desde su entrada en la Moncloa en 2018 ocupándose del Ministerio de Hacienda. Fue portavoz del ejecutivo y con el tiempo fue ganando poder hasta ocupar también el cargo de vicepresidenta primera. En esta campaña, como candidata, ha pagado el precio de haber negociado con el independentismo, a pesar de que no ha cumplido los principales acuerdos a los que se había comprometido; sobre todo los alcanzados con Esquerra Republicana: una financiación singular para Catalunya y cesión del 100% del IRPF.
Esta —los pactos (incumplidos) con el independentismo— ha sido el arma con la que Juanma Moreno más ha hurgado a la candidata socialista. Ha hecho gala de todo tipo de mantras catalanófobos en los debates electorales. A él, los adversarios le han golpeado con la crisis de los cribados de cáncer de mama que sufrió hace medio año. Su intención es revalidar su mayoría absoluta en un territorio que durante años fue un auténtico bastión socialista. Si lo consigue, será su tercer mandato como presidente de la Junta de Andalucía. Moreno es uno de los hombres más fuertes del PP; el barón más importante de la formación junto con Isabel Díaz Ayuso. Caracterizado por un tono moderado y afable, es el popular más temido para el PSOE a nivel estatal si alguna vez pretende dar este salto. Fuentes del Gobierno han reconocido siempre que sería un adversario más complicado para Pedro Sánchez.
¿Qué dicen las encuestas?
Las encuestas tienden a predecir lo mismo, con algunas diferencias. Juanma Moreno podría revalidar su mayoría en una cámara que se alcanza a partir de los 55 diputados. Actualmente tiene 58. Y las proyecciones demoscópicas lo sitúan en este ajustado umbral de los 55 representantes. En caso de que no lo consiguiera, dependería de un Vox que no se dispararía mucho. Los ultraderechistas tienen actualmente 14 escaños y las encuestas pronostican un aumento de dos o tres miembros más en la cámara. La suma de Por Andalucía y Adelante Andalucía aumentaría en aproximadamente dos diputados su representación en el hemiciclo. El batacazo se lo llevaría el PSOE. Actualmente, tiene 30 diputados, que ya es el mínimo histórico de los socialistas en este feudo que había sido suyo. Y las encuestas pronostican que, como máximo, se quedará igual. Podría retroceder aún más, hasta los 27 o 26 diputados. Y lo haría con una reciente vicepresidenta primera del Gobierno y ministra de Hacienda como candidata; la candidata más sanchista posible.
Catalanofobia, hantavirus, cribados, Adamuz y muerte de dos guardias civiles
El elemento más importante en cuanto a la política interna de la autonomía en esta campaña electoral ha sido la crisis de los cribados de cáncer de mama. Aunque la Junta lo niega, la asociación Amama calcula que esta negligencia ha provocado que 360 mujeres se encuentren con un cáncer de mama avanzado y con metástasis y que hayan muerto al menos tres. Las izquierdas han atacado este flanco durante toda la carrera electoral. Moreno ha contraatacado reprochando a Montero que no se ha volcado lo suficiente en el accidente ferroviario de Adamuz que causó 45 muertos. La campaña también se ha visto afectada por la muerte de dos guardias civiles en Huelva cuando perseguían una narcolancha, con denuncias de falta de medios por parte de la derecha y una polémica provocada por la candidata del PSOE cuando calificó este hecho "de accidente laboral".
Otro elemento que ha desgastado al PP han sido los acuerdos de gobierno alcanzados con Vox en otras autonomías, que incluían el punto de la “prioridad nacional”. Mientras que el candidato de Vox, Manuel Gavira, lo ha situado como condición indispensable para investir a Moreno, el líder popular ha instado a los andaluces a votar masivamente su candidatura y revalidar así la mayoría absoluta para no depender de ningún apoyo externo. Paralelamente, la primera semana de campaña se ha visto eclipsada por la crisis del hantavirus y el choque político entre el Gobierno y el canario por la acogida del crucero con pasajeros infectados. En cuanto a la presencia de líderes estatales, Pedro Sánchez y el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero han apoyado a Montero en múltiples actos, mientras que Alberto Núñez Feijóo ha hecho la mayor parte de la campaña por separado de Moreno.
Aparte, Catalunya —y la catalanofobia— se ha convertido en uno de los elementos principales de los dos debates electorales. Moreno ha centrado sus ataques a Montero denunciando los supuestos “privilegios” que la socialista ha concedido al independentismo para mantener a Pedro Sánchez en la Moncloa, a pesar de no haber cumplido ninguno en materia económica y de hacienda. Ha llegado a acusarla de “traicionar e hipotecar a Andalucía” porque “un andaluz recibe menos dinero que un catalán”. En el segundo debate, Montero respondió a las acusaciones de Moreno calificándolo de "más genovés que andaluz" y recordando que el único modelo de financiación que el PP había aprobado anteriormente fue pactado entre José María Aznar y Jordi Pujol.