En la sede de Ferraz no sólo se estaba jugando la gobernabilidad de España. Más allá de la abstención para que Rajoy pueda formar gobierno y empezar la legislatura, el PSOE ostenta a estas alturas más de un gobierno autonómico gracias al apoyo parlamentario, más o menos activo, de Podemos y sus alianzas. Cualquier movimiento de acercamiento al PP, pues, puede hacer peligrar estos equilibrios.

Los que mejor lo saben son los presidentes autonómicos que han preferido quedarse en segundo término durante el debate del comité federal, por cobijarse ante la más que probable tormenta que les viene encima. Se trata de Ximo Puig, que se ha mantenido en un discreto segundo término y ha cedido la voz valenciana a Ciprià Císcar; Javier Lambán, presidente de Aragón, que ha cedido la palabra a Víctor Morlán, y Emiliano García-Page, presidente de Castilla-la Mancha, a quien Podemos ya retiró la confianza y que ha preferido que se mojara en su nombre el también castellanomanchego José María Barreda. En caso de optar por la ruptura, Podemos podría hacer caer los gobiernos autonómicos socialistas en votaciones tan relevantes como las de los presupuestos.

Lo cierto es que después de las últimas elecciones autonómicas Podemos optó por no entrar a formar parte de ningún gobierno, pero sí que ofreció apoyo parlamentario para que el PSOE pudiera desbancar el PP en la Comunidad Valenciana, las Baleares, Aragón y Extremadura. También en Castill- la Mancha, donde la actitud del presidente socialista ante el Partido Popular ya provocó la ruptura PSOE-Podemos hace justo un mes.

Las declaraciones que se han sucedido durante las últimas semanas evidencian que la abstención del PSOE en la investidura de Rajoy ayudará a enrarecer todavía más las ya difíciles relaciones entre los dirigentes territoriales de la formación morada y los socialistas.

Quien en cualquier caso no se verá directamente afectada por la decisión de que se ha tomado hoy es Susana Díaz, que sostiene el gobierno andaluz gracias a los equilibrios con Ciudadanos.