Del barómetro del CEO que se ha publicado esta semana se han hecho diversas lecturas (pocas y enfocadas en la misma línea) pero, por lo que sea, no ha cundido ni en la opinión pública ni la publicada otra más estructural. Se ha hablado, sobre todo, del aumento de Aliança Catalana y, casi como complemento verbal consecutivo, de la bajada de Junts. Dentro del espectro independentista también se ha destacado que Esquerra Republicana subiría en intención de voto y en número de diputados; y que la CUP tendría una estabilidad a la baja. Pero pocos analistas han hecho, o no han querido hacer, o no han subrayado, una operación matemática muy sencilla que en otros tiempos eran más automáticas: la suma de las fuerzas independentistas. Debo decir que, personalmente, es lo primero que hago cuando recibo una encuesta del CEO: ver quién suma 68 diputados (la mayoría absoluta) y quién no.

En la encuesta de este trimestre, el CEO proyecta que, en el peor de los casos, ERC (22-23), Junts (19-20), Aliança (19-20) y la CUP (3-4) sumarían 63 diputados. En la franja alta, en la banda más optimista del rango, la suma de las cuatro formaciones apunta a los 67 diputados, es decir, a solo uno de la mayoría absoluta. En este punto cabe recordar que actualmente Junts tiene 35 diputados, Esquerra 20, la CUP 4 y Aliança 2. Ya os hago yo la suma: son 61 diputados. En la legislatura anterior (2021-2024), ERC, Junts y CUP sumaban 74 diputados. Esto quiere decir que, tras la sacudida de las elecciones del 2024, donde el independentismo perdió 13 diputados de golpe, en el peor de los casos (los 63 diputados de la franja baja) el movimiento recuperaría un poco de terreno. En el mejor de los casos (los 67 diputados de la banda alta) los partidos independentistas sanearían la mitad de la pérdida del 2024 y se situarían en el umbral de la mayoría absoluta (68 escaños).

PSC, PP y Vox sí que lo tienen claro: han votado juntos en 107 votaciones esta legislatura

Si la progresión continúa igual, es posible que en los próximos sondeos ya haya un escenario en el que las cuatro formaciones independentistas sumen esta cifra que supone, sin más, el control de todo aquello que sale del Parlament, desde el nombre del president de la Generalitat, a las leyes sobre los ámbitos en los que la administración catalana tiene competencias o la gestión de los órganos principales del país como, por ejemplo y sin ir más lejos, la dirección de la Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals. El hipotético logro de la mayoría absoluta comportaría, de manera automática -porque son vasos comunicantes- que el españolismo dejara de tenerla, que es exactamente lo que pasa ahora

Porque hay un dato que también se ha destacado poco en este año y medio, pero en mayo de 2024, el PSC (42 diputados), PP (15) y Vox (11), consiguieron sumar esos 68 diputados. Y a pesar de que a Salvador Illa lo invistió otra mayoría -PSC (42), ERC (20) y Comuns (6), que también suman exactamente los 68- el bloque españolista ha hecho valer esta suma de una manera tan silenciosa como constante y tan camuflada como repetida. Hasta la fecha, el PSC, el PP y Vox han coincidido en 107 votaciones que, aunque tenían un impacto legislativo diferente, seguían un mismo patrón: el freno a un aumento de las aspiraciones políticas de Catalunya. Desde votar en contra del traspaso integral de todas las competencias relacionadas con transportes, a impedir la petición del concierto económico para Catalunya pasando por la oposición a que todos los servidores públicos de Catalunya (trabajen en la administración que trabajen) tengan la obligación de atender en catalán. PSC, PP y Vox también impidieron que el Parlament votara a favor de la Agencia Catalana de Inmigración o que Catalunya tenga un marco laboral propio para el cálculo de salario mínimo y pensiones. En definitiva, todo aquello que antes aprobaba el Parlament porque había mayoría absoluta de partidos independentistas y que después tumbaba el gobierno español o el Tribunal Constitucional, ahora ya ni sale de la cámara catalana porque los 68 votos socialistas, populares y de VOX lo frenan de origen.

En el Parlament, el PSC combina entendimientos de izquierda en el eje social y con el PP y Vox en el nacional

En estas votaciones, el PSC no ha tenido ningún reparo en sumar sus votos con dos formaciones que en España son rivales directos suyos y hasta más que eso: desean la cárcel para su líder, Pedro Sánchez, y le montan manifestaciones en contra para que dimita. En la Ciutadella, sin embargo, el eje nacional pasa por delante del ideológico y el cordón sanitario contra la extrema derecha deja de existir. Para ser justos, hay que decir que en todo lo social, el PSC suma sus votos a los de Esquerra, Comuns e incluso la CUP, de manera que los socialistas están configurando una legislatura con un determinado acento social y un encefalograma plano en avances nacionales.

Ante esta tendencia que marca el CEO, la pregunta es sencilla: ¿qué hará el independentismo si vuelve a obtener los 68 diputados. El primer dilema será si opta por un presidente de una de las cuatro formaciones independentistas o algunos de los partidos soberanistas opta por otras fórmulas. Y aquí hay que recordar que siempre que ha tenido la oportunidad, el españolismo ha desalojado del poder al nacionalismo catalán. En las elecciones municipales, el PSC, PP y Comuns prefirieron hacer alcalde de Barcelona a Jaume Collboni antes que a Xavier Trias, ganador de los comicios. Y cuatro años antes, los socialistas y los Comuns prefirieron tener el apoyo de la mitad de Ciudadanos (Manuel Valls) antes que Ernest Maragall, un republicano de izquierdas, fuera alcalde de la capital del país. En el caso de la presidencia de la Generalitat, al PP y a Vox no les fue necesario votar a Salvador Illa porque ERC y Comuns ya le facilitaron la investidura, pero nadie tiene ninguna duda de que antes que volver a ver a un presidente independentista, socialistas, populares y VOX unirán fuerzas en un candidato propio.  

El independentismo ya debería pensar qué hará si ERC, Junts, Aliança y CUP suman 68 escaños

Y acto seguido, con la próxima legislatura en marcha, la duda más estructural es saber si el independentismo aprovecharía esta hipotética mayoría parlamentaria para revertir lo que haya pasado en esta actual, e incluso, avanzar en la lucha por la consecución de nuevas cotas de poder nacional. Teniendo en cuenta que el españolismo no ha tenido ningún inconveniente en sumar fuerzas, habrá que saber si los cuatro partidos independentistas serán capaces de hacer lo mismo y votar juntos en puntos que tengan en común o si, por el contrario, las alergias recíprocas desembocarán en un bloque parlamentario tan mayoritario aritméticamente como inútil políticamente. Parece que las elecciones al Parlament no serán hasta dentro de dos o tres años y por tanto hay tiempo para pensarlo. Pero el independentismo ya sabe que este escenario puede pasar y por tanto ya podría empezar el debate o estrategia de qué hacer si se vuelve a esa mayoría natural catalanista: las formaciones de estricta obediencia catalana han sumado más de 68 diputados en 14 de las 15 legislaturas. La única excepción es la legislatura actual. Y la están sabiendo aprovechar porque, simplemente, tienen claro cuál es el bien supremo a preservar.